La vuelta de un clásico

17 Oct 2019 Por Álvaro José Aurane
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LA GACETA/FOTO DE JUAN PABLO SÁNCHEZ NOLI

Intenso y sin concesiones. Vibrante y por momentos casi violento. Con enojos, con gritos y hasta con “advertencias” y “amenazas”. Con planteos ideológicos y hasta con denuncias sobre las violaciones de los derechos humanos durante la última dictadura. Con fotos de mujeres víctimas de la impunidad del poder y de los hombres; y con estadísticas sociales y macroeconómicas. Con chicanas sobre antecedentes políticos, sobre presentes en la función pública y sobre futuros alineamientos. Todo eso, en apenas 90 minutos, mostró el debate entre los cinco candidatos a diputados. Lejos del acartonamiento del debate presidencial del domingo, criticado como excesivamente esquemático y por tanto estéril para conocer posturas personales, ayer los cinco postulantes mostraron, en LA GACETA, lo que proponen y, en muchos tramos, lo que son.

Debajo de todo ese fervor, hubo un hilo con el que se pueden hilvanar las cuentas del rosario de reivindicaciones y cuestionamientos que se rezaron mutuamente unos contra otros. Porque hasta los conciertos de jazz improvisado tienen una “base” a partir de la cual se van sumando los músicos. Y el ritmo común que armonizó inclusive los enfrentamientos fue un clásico del antagonismo argentino: peronismo vs. antiperonismo.

Ricardo Bussi plantó la pica: Mario Leito, Domingo Amaya y Silvio Bellomio son peronistas, marcó el republicano, para puntualizar que la alternativa antiperonista es FR.

Leito, que reivindicó el peronismo hasta para hablar del aborto (se declaró “defensor de la vida” porque el PJ es un partido “con 30.000 compañeros desaparecidos por pensar distinto”), planteó que el macrismo, en tanto antiperonismo, es igual a desocupación, inflación y pobreza. Todo lo cual, prometió, revertirá el justicialismo si gana los comicios.

A la hora de la reforma política, Bellomio, por separado, cargó contra el justicialismo tucumano. Y mientras Leito sostenía que tal debate era “inoportuno”, Bellomio sostuvo que el actual mecanismo electoral “es un sistema arcaico que no representa la voluntad popular” y que tampoco combate el clientelismo. Es decir, vinculó al peronismo local con las prácticas fraudulentas.

Amaya, en un tramo, remarcó que hoy el gobierno nacional, no peronista, es federal. A la vez que reclamó para la provincia voto electrónico y ley de acceso a la información pública. Es decir, la gestión nacional promueve la transparencia. El peronismo, no.

Osatinsky, referente de la izquierda (un espacio político programático e ideológicamente estructurado) buscó en todo momento no caer en la centrifugadora del “peronismo vs. antiperonismo” y dibujó a kirchneristas y macristas como dos alternativas de una misma cosa: el acuerdo con el FMI, la negación a legalizar el aborto legal, la “criminalización de la juventud”, el ajuste. Pero su alternativa, por ahora, no genera adhesión masiva: huelga general, asamblea constituyente y gobierno de los trabajadores.

Si lo vivido anoche es, a escala, una dinámica que se proyecta en el orden nacional, el superclásico de la política nacional se volverá a jugar, a todo o nada, dentro de 10 días.

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