San Martín: Ciudadela inexpugnable

Por cuarto partido consecutivo, San Martín logró mantener la valla invicta jugando de local.

07 Oct 2019 Por Miguel Eduardo Décima
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BUEN COMPLEMENTO. Emiliano Amor tuvo que lidiar toda la tarde con Nicolás Benegas. Con esfuerzo cumplió su cometido. LA GACETA / ANTONIO FERRONI

Para darle la razón a los que pregonan que los grandes equipos se arman de atrás para adelante, la dupla Sergio Gómez-Favio Orsi, a medida que fueron transcurriendo las fechas y especialmente cuando San Martín juega en La Ciudadela, mostró una defensa sólida e inexpugnable.

Dentro de un equipo que no repitió el buen rendimiento que tuvo frente a Tigre, al que le ganó claramente en todos los sectores del campo de juego, ayer la zaga volvió a ser el punto alto de los “Santos”.

Lo relevante es que, en los 360 minutos que el “Albirrojo” disputó en el estadio de Bolivar y Pellegrini, el arquero Ignacio Arce todavía no fue nunca a buscar una pelota al fondo de su valla. Pero eso, no es mérito únicamente del entrerriano, sino que la última línea, con el aliento de sus hinchas, parece hacer crecer su autoestima.

En la tarde de ayer, en el partido ante Defensores de Belgrano, “Nacho” no tuvo mucho trabajo -no atajó ningún tiro directo a su valla en todo el encuentro-, pero muchas veces pecó de salir demasiado del área, desprotegiendo peligrosamente su arco.

Pier Barrios no es un jugador que llene los ojos de los hinchas con su juego, pero es indudable que a la hora de marcar es un “relojito suizo”. En la primera parte, fue la acostumbrada salida por su lateral asociándose primero con Gonzalo Rodríguez y luego con Nicolás Castro, que en forma alternada transitaron por el sector derecho de la ofensiva local.

El trabajo de Emiliano Amor puede considerarse aceptable, teniendo en cuenta que le tocó marcar durante todo el partido a un delantero tan complicado como lo es Nicolás Benegas (ex jugador de San Martín). Es que el atacante visitante tiene muchas condiciones para el juego friccionado y el ahora reemplazante de Rodrigo Moreira debió sacar a relucir todo su experiencia para ganar y perder el duelo más atrapante de la tarde.

Un párrafo aparte para la actuación que cumplió Abel Luciatti, un central que, en cada partido, muestra una evolución constante en su juego. El ex jugador de Platense con una sobria tarea terminó siendo la figura de un equipo que extrañó sobremanera el fútbol de otras tardes.

Luciatti se muestra como un tiempista por naturaleza, porque tiene la capacidad para cerrar bien sobre ambos laterales y además muestra solvencia en el juego aéreo. Ni cuando el técnico Fabián Nardoza mandó a la cancha a Matías Quiroga (1,95 metro) para ayudar a Benegas, su trabajo careció de la solidez que lo caracterizó desde que llegó a la entidad de La Ciudadela.

Por el sector izquierdo de la defensa “santa”, Lucas Diarte no se proyectó como en otras tardes, a pesar de que no tenía una marca fija, pero cuando algún rival transitó por ese andarivel lo clausuró. Se nota que tiene que soltarse más en su juego, pero una vez más demostró que ese puesto es de su propiedad.

El que siempre se muestra con la rueda de auxilio de todos los nombrados es Juan Ignacio Mercier, que ayer a pesar de que estuvo medio errático en su juego, aportó la marca que lo caracteriza.

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