Con el uso del avión, Manzur está muy cerca del hombre que Alperovich inventó

En su editorial, Federico Van Mameren analiza la respuesta del Gobernador sobre el uso del avión sanitario con fines de campaña.

25 Sep 2019

Son herramientas de trabajo... usted lo escuchó al Gobernador Juan Manzur explicando el uso del avión de los tucumanos.  

Estoy sorprendido. No sé si usted está sorprendido. Los que que no están sorprendido son el Gobernador y los "síjuancistas". Es razonable, para ellos esto no es importante.

Para ellos es más importante lo que está haciendo el Gobernador, que esté como avanzada dentro de la estructura de Alberto Fernández de Kirchner, que esté directamente trabajando en la campaña y en las múltiples tareas del Gobernador, que son importantes para Tucumán. Pero el uso del avión también es importante, porque es un patrimonio de los tucumanos.

Pero usted, Gobernador, es un hombre republicano. Juró por la Constitución de Tucumán. Si cree en las instituciones, debió haber dado explicaciones sobre por qué se usó como se usó el avión. Está en deuda, señor Gobernador.

Tanto para los "síjuancistas", como para usted señor Gobernador siempre ha sido muy importante de sus antecesores. Manzur no es lo mismo que Alperovich, Miranda, Bussi, u Ortega. Se han preocupado por mostrar que Manzur es un Gobernador que respeta las instituciones. Pero en este caso solo ha habido la no respuesta sobre el porqué del exceso en el uso de ese patrimonio de los tucumanos que se ha prestado por cuestiones partidarias y fines de campaña electoral. Y eso no pudo explicar el Gobernador hoy.

Es cierto que es una harramienta de trabajo y en buena hora que lo use, pero para el beneficio de los tucumanos.

El Gobernador Manzur se ha diferenciado de sus antecesores por tener actitudes de canciller, por realmente demostrar respeto por insituciones que otros gobernadores no respetaban. Pero con estos excesos se parece mucho a las confusiones que tenía Alperovich en el manejo de lo público y lo privado.

Hoy, el canciller Manzur está lejos de lo cancilleresco y muy cerca del hombre que Alperovich inventó.

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