Un tucumano es finalista del concurso nacional “Emprendedor del Año”

Se prepara para viajar a Buenos Aires y exponer ante el jurado. Creó una escuela de software que promueve el aprendizaje en tan solo nueve meses.

19 Sep 2019

El domingo a la tarde tomará un vuelo a Buenos Aires. A la noche estará instalado en un hotel céntrico y el lunes temprano comenzará la jornada con una networking entre todos los finalistas. El tucumano Walter Juárez Rivas quedó seleccionado para el premio “Emprendedor del año en Argentina”. El martes tendrá apenas tres minutos para hacer su presentación ante un jurado, que elegirá tan solo a cinco finalistas. En caso de pasar esa fase del concurso, Walter tendrá que exponer una vez más ante un nuevo jurado, que elegirá al único ganador.

Walter es programador. Creó la primera Code School en Tucumán para buscar nuevos talentos en la industria del software y lograr que ingresen al mercado laboral.

“En 9 meses cualquier persona que tome nuestros cursos, aprenda a programar y pueda conseguir trabajo en la industria del software”, dice la consigna de invitación que hace Juárez Rivas en la web.

Rolling Code School se presenta como una academia de programación y capacitación de desarrollo de habilidades y conocimientos para programadores que busca la formación de profesionales capacitados en habilidades específicas muy demandadas actualmente a nivel mundial y que la industria tucumana necesita marcadamente. En tiempos más reducidos que la oferta académica actual, con cursos de 9 meses focalizados en el aprendizaje de ciertas funciones de programación, la academia permite completar, perfeccionar y elevar el nivel del perfil del programador tucumano a estándares actualizados y demandados a nivel mundial.

La capacitación en software.

Por esta idea, Juárez Rivas compitió con otros colegas hasta pasar a la etapa final en representación de Tucumán. “Estoy muy feliz -dijo en diálogo con LA GACETA-; sin lugar a dudas no podría estar aquí si no fuera por el apoyo constante de tantas personas que me ayudaron y nos ayudan día a día para seguir creciendo”, agregó.

Juárez Rivas se recibió en la Universidad Tecnológica Nacional. En 2011 recibió una beca para estudiar en Alemania, donde conoció a su novia, Loli Padilla Arellano, que ahora es su esposa. Después trabajó en una empresa multinacional. “Para mí la educación es un trampolín- asegura-, por eso quiero que mucha gente tenga la misma oportunidad y más rápido todavía de las que tuve yo hasta ahora”, resalta.

El joven pretende que las personas con y sin experiencia en software aprendan, en tan solo nueve meses, a programar. Respecto del concurso que se definirá en Buenos Aires, Juárez Rivas dijo que se elige al emprendedor; no al emprendimiento. Además adelantó los ejes en los que girará su presentación ante el jurado. “Mi presentación la orienté a tres etapas: cómo la educación cambió mi vida, cuales son los negocios en los que he trabajo y esto último que es la capacitación en softare. Me interesa que muchas personas se inspiren. Me costó trabajo llegar a donde estoy. Nunca he tenido grandes financiamiento. No quiero decir que soy de una familia pobre, pero si de familia de clase media baja. Yo estudiaba y tenía becas de boletos para ir a la universidad; ahora quiero impulsar a otros a que logren sus objetivos”, remarca.

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