Manu Sija: de raíz folclórica, pero con sonidos y arreglos de jazz

El músico simoqueño actuará con su trío y dos cantantes para presentar el cuarto disco. Entre zambas y chacareras y el ritmo de la gran ciudad.

11 Sep 2019 Por Jorge Figueroa
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MULTINSTRUMENTISTA. Manu Sija incorporó el sonido del bandoneón en su nuevo trabajo y reflexionó que nombrar las cosas es crear. LA GACETA / DIEGO ARÁOZ

Desde la entrevista anterior (realizada en 2017) hasta ahora, agregó un nuevo instrumento en su haber, aunque el verbo más adecuado sería saber. Manu Sija presentará mañana su nuevo CD (con Cata Raybaund y Mica Flores como cantantes). Regresa a Simoca, su pago, luego de una larga temporada en Buenos Aires, donde reside, y de darse el gusto y placer de grabar en Nueva York, una aspiración que tuvo desde hace mucho tiempo.

De “Yo no vuelvo a trabajar,/ para qué matarse tanto/ si al final no queda naaa...” o de su álbum “Chango solo”, vuelve al grupo que, aclara, nunca abandonó. “Fijate que este álbum comienza con un solo de contrabajo de Linda May Oh, que es algo bastante inusual. Siempre me preguntan lo mismo, y respondo que mi esencia es el folclore, y sobre ellos está la improvisación y el jazz, el sonido de una ciudad como Nueva York”, afirma a LA GACETA.

Entra al negocio de instrumentos musicales de la galería LA GACETA, espacio ideal para preguntarle cuál no sabía tocar mientras improvisaba en un teclado: miró alrededor y dijo ninguno. Pero después se corrigió: la trompeta y el trombón nunca tocó, no se da con los vientos. Es un experto con las cuerdas, los teclados, la percusión... Y la loopera, que vale como otro instrumento.

Cuenta que en Buenos Aires es vecino del Popi Quintero y con franqueza confiesa que es “un Salieri de Lucho Hoyos: le robo los arreglos, pero él acepta”, aclara entre risas. “Soy de esa generación que aprendió con Chango Farías Gómez y Liliana Herrero”; del folclore a la música popular.

El disco “Creación” tiene ocho canciones y la mayoría con letras de Dardo Solórzano (poeta de Monteros), con quien compone con frecuencia. Sólo un tema es instrumental (“Rinconada”), que protagoniza el violín. “El disco se llama así para nombrar las cosas y que se hagan reales. Grabar en esa ciudad (Nueva York) era un sueño para mí, de muchos años”, dice.

- ¿Cómo componés?

- Habitualmente le envío una música a Dardo y él le pone la letra, con sus asociaciones y disposiciones; le cuento cómo fue hecha y para quién o qué. En un momento, por ejemplo, pensé en el proceso de paz que había en un país latinoamericano, y él situó la paz en Iruya (Salta). Como sabés, mi raíz es folclórica a la que agrego otros ritmos, distintos géneros, pero sin perder la esencia. Nombrar es crear, y ahí están las canciones.

- Seguís sin escribir y ahora en Nueva York.

- Es que mis letras me parecen muy directas y literales. Son muy poco en relación a la música. El disco va a tener un registro físico que será distribuido por el sello, pero también estará en las distintas plataformas digitales. Siempre quise grabar en esa ciudad que me atrapa, y pensé un sonido así, de ciudad, lo que me remitió al jazz, sin perder esa raíz folclórica que mantengo y que no quiero abandonar.

- ¿Incorporaste otro instrumento?

- Sí, el bandoneón, que vale como un auto, pero lo que tengo lo invierto en instrumentos. El que compré tiene como 100 años, porque casi no se fabrican nuevos. Dicen que los mejores están en los valles. El tema ”Zamba de mi esperanza”, en el nuevo disco, se inicia con los acordes de un bandoneón.

- Siempre creí que el bandonéon era expresión del tango, de la ciudad...

- No, aquí comenzó con el folclore y luego pasó al tango. Fijate en Dino Saluzzi. En el país se escucha mucho en los valles y en los cerros.

ACTÚA MAÑANA

• A las 21.30 en la sala Orestes Caviglia, en San Martín 251.

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