La película de siempre

29 Ago 2019 Por Marcelo Aguaysol
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Tiempista. Ese es el mote que le cabe al gobernador Juan Manzur. Su probable incursión en el eventual gabinete de Alberto Fernández está en stand by. “No me voy. Me voy a quedar en Tucumán”, respondió el mandatario frente a la alineamiento que el entorno del candidato a presidente de la Nación por el Frente de Todos viene mostrando tras el resultado de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

La instalación de Manzur ministro es tan prematura como el resultado definitivo de la contienda electoral. Si bien la diferencia es amplia en favor de Fernández, el macrismo cree que puede achicarla. Su meta es llegar al balotaje. Para eso faltan dos turnos electorales, el de la general del 27 de octubre y, eventualmente, la segunda vuelta del 24 de noviembre. Para ser más precisos, 57 días, una eternidad en la Argentina que vive al límite.

En el medio, Manzur debe asumir su segundo mandato como gobernador (29 de octubre, de acuerdo con las pautas constitucionales). ¿Por qué tiempista? El jefe del Poder Ejecutivo armará su equipo para los próximos cuatro años de gestión. Puede haber algunos retoques pero, en esencia, pretende mantener el equipo actual. Admitir su alejamiento temporal del cargo para el que los tucumanos lo votaron el 9 de junio pasado puede ser un signo de debilidad, tanto en el mensaje como en la acción. Un hecho de esas características, por ejemplo, puede darle lugar a su compañero de fórmula, Osvaldo Jaldo, el argumento necesario para decirle que quiere hombres de su confianza si Manzur decide aceptar un puesto en el gabinete de los Fernández (esto es si gana las elecciones). “Soy útil a Alberto desde aquí. No me puedo ir en un momento tan difícil como el que está viviendo la Argentina”, repite el mandatario provincial.

Sea quien sea el presidente de la Nación a partir del 10 de diciembre próximo, la situación financiera de las provincias estará a merced de la evolución de la economía nacional. Fernández puede asegurarle alguna que otra ayuda a Manzur si es elegido jefe de Estado. Si logra la reelección, Mauricio Macri lo mantendría en el freezzer, en el mismo lugar en que el gobernador está desde el momento que decidió hacerle frente y despotricar contra sus políticas económicas. No habrá términos medios. La política no sólo es el arte de lo posible; también puede servir para cosechar lo sembrado, más obras o tempestades, según cómo se lo quiera mirar.

En medios políticos se menciona, también, que a las aspiraciones del tucumano se le cruzaron las de otros referentes bonaerenses que serían tentados para la Jefatura de Gabinete o para el Ministerio del Interior. El principal es Felipe Solá; el que asoma es Florencio Randazzo. Y más atrás se inscribe Emilio Monzó, que dejará la presidencia de la Cámara de Diputados, y que sería tentado por el Frente de Todos. De todas maneras, la oferta seguirá abierta hasta que Manzur lo defina. Otra de las versiones que surgió es un veto de Cristina Fernández de Kirchner a quien fuera su ministro de Salud Pública. “No hay nada de eso; mi relación con la ex Presidenta es cordial”, indica el gobernador tucumano.

Mientras la política hace su juego electoral, la economía le sigue pasando factura. El Fondo Monetario Internacional le agregó una dosis de incertidumbre a la ya existente sobre el país, al no definir todavía si enviará el 15 de septiembre o un mes después, tal vez dos, la remesa de U$S 5.400 millones que espera Macri para cumplir con el pago de ciertos vencimientos de deudas. El descenso de las reservas internacionales del Banco Central imprimió mayor velocidad. Ayer, por ejemplo, la entidad monetaria debió desprenderse de U$S 427 millones para que el tipo de cambio no se disparara tanto. Con todo, las reservas terminaron en U$S 56.950 millones (en el mercado hay inquietud por la disponibilidad neta de dólares) y el dólar minorista en $ 60,17 para la venta.

Las turbulencias políticas serán tan constantes como los temblores financieros. El humor social continuará al borde de la histeria, en la medida que no haya freno a la inflación y al dólar. El libreto de la película es el de siempre. Los finales son tan abiertos como los anteriores.

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