“Muchos padres no soportan la responsabilidad de poner límites”

Luego de los videos que viralizaron alumnas del Santa Rosa, expertas señalan que en estos tiempos los adultos fallan al tener que decir “no”.

“Muchos padres no soportan la responsabilidad de poner límites”
Por Hernán Miranda y Claudia Nicolini 29 Agosto 2019

Las alumnas que anteayer pintaron una puerta del colegio Santa Rosa y ensuciaron la peatonal Muñecas representan un nuevo caso del ya recurrente descontrol juvenil. En abril, por ejemplo, vecinos del pasaje Bertrés denunciaron que adolescentes de Barrio Norte tomaban esa cuadra como cuadrilátero de boxeo.

Claro que estos parecen un juego de niños frente al incendio producido por chicos del colegio San Francisco durante una caravana, en noviembre de 2017, o la puñalada en el corazón que el 19 de mayo de ese año mató a Matías Albornoz Piccinetti en la víspera de su cumpleaños.

Pero en el caso de ayer, hay un dato nuevo: la viralización de los hechos. Porque las chicas se delataron.

HUMO. Al salir a la calle, las estudiantes prendieron bengalas. HUMO. Al salir a la calle, las estudiantes prendieron bengalas.

“Mirá lo que hago”

Las historias de Instagram, que las muestran en la peatonal con bengalas de color, papel picado y pintura, fueron grabadas y publicadas por ellas mismas. Es cierto: lo hicieron “sólo” en las listas de “mejores amigos”, que permiten difundir contenido únicamente entre destinatarios elegidos, pero desde allí se filtraron y comenzaron a circular por WhatsApp.

Al menos dos preguntas: ¿por qué esta reacción a un “no” del Colegio? ¿Y por qué hacer públicas esas transgresiones, aunque sea por carácter transitivo?

“Es preocupante. Muy preocupante: los adultos (padres, docentes) no pueden instalar el no. No les dicen a los chicos directamente ‘hacé lo que quieras’, pero lo que ejercen es un ‘ni’ que lo habilita -reflexiona Marta Gerez Ambertin, directora del Doctorado en Psicología de la UNT-. Todo se ha vuelto muy anómico, sin ley; muchos padres educan a sus hijos desde un lugar de comodidad, y no soportan la responsabilidad (y el peso) de autorizarse a poner límites”.

“En estos tiempos la construcción de la legalidad es problemática. Que la ley ordene nuestras relaciones es la única manera humana de vivir (no hay humanidad si no hay ley), y el sometimiento a la ley es un proceso que se va logrando desde muy temprano”, explica la psicoanalista Gabriela Abad.

Es que cada “no” consistente que vivencia un niño (porque lo escucha, o porque ve a los adultos también sometidos a la ley) le va enseñando qué está permitido y qué no. “El discurso va cincelando los cuerpos y las subjetividades en torno de lo prohibido -añade Abad-, y es, por lejos, un modo mucho más amable y más eficiente de transmitir la ley”.

Pero, destaca, está costando cada vez más ese modo de hacerlo (a todas las instituciones: familia, clubes, colegios...). Y entonces sólo rigen, por un lado, la ley del mercado (el placer, el hedonismo, la pretensión adulta de la eterna adolescencia) y por otro, la acción extrema: la coerción.

“Y allí está la respuesta a la segunda pregunta -agrega-: los adolescentes (como todo el mundo) necesitan los límites... Las publicaciones en las redes tiene carácter de acting: ‘mirá lo que hago; te lo muestro antes de que lo peor suceda...’. Pero ellos muestran y muestran, y nadie mira. Les estamos regalando nuestros hijos al mercado. Al no poder decir no, se los entregamos en sacrificio. Y las cosas pueden terminar -entonces -en tragedia”.

MOSTRAR. Las alumnas se delataron en Instagram. MOSTRAR. Las alumnas se delataron en Instagram.

El papel del Estado

Las instituciones educativas tienen autonomía para evaluar el mal comportamiento de sus alumnos y definir qué medidas tomarán frente a él. A raíz del caso de anteayer, LA GACETA intentó comunicarse con las autoridades del Santa Rosa, pero estas contestaron que su “política es no comentar absolutamente nada acerca de lo ocurrido”.

José González, director provincial de Asistencia Técnica y Pedagógica, explica que, sin violar esa autonomía, el Ministerio de Educación lleva adelante el Programa de Aprendizaje Social, que busca erradicar todo tipo de violencia escolar y promover vínculos saludables entre los alumnos.

“Hay muchos equipos dando asistencia a las instituciones que la requieren, y brindando talleres para docentes, alumnos y padres. Además, desde hace más de 50 años el Servicio de Asistencia Social trata los problemas de comportamiento de los adolescentes. Ellos han visto que los problemas de los chicos varían junto con las épocas, pero siempre existen, y por eso hay que abordarlos y ponerlos en agenda”, resalta.

Destaca, por otra parte, la importancia de que los estudiantes sean protagonistas de su propio aprendizaje social y generen propuestas para mejorar la convivencia. “Hoy, durante las intervenciones del Ministerio, ellos participan, se responsabilizan por algunas situaciones y dialogan entre sí”, cuenta.

Admite que todavía les queda mucho trabajo por delante, pero también cree que hay valores y actitudes de los alumnos dignos de destacar: “es una lástima que el mal comportamiento se viralice, pero las cosas lindas que los chicos hacen rara vez tengan el mismo efecto. Hay estudiantes que padecen un montón de dificultades, pero superan la adversidad y logran grandes cosas. A mí me sorprende cuánto podemos aprender de muchos de estos chicos”.

> Otros casos polémicos
- Matías Albornoz Piccinetti, del Gymnasium, murió tras una pelea el 19 de mayo de 2017.  
- En 2017, durante una caravana, chicos del San Francisco generaron un principio de incendio con pirotecnia.
- Este año los vecinos del pasaje Bertrés denunciaron peleas entre adolescentes en su cuadra. 

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