El trap la ayudó a recuperar la memoria luego de un accidente

La historia de Flor Braap es una más entre las tantas de los traperos tucumanos.

22 Ago 2019 Por Álvaro Medina

Desde hace unos años, el trap argentino es uno de los más reconocidos a nivel mundial. Los jóvenes tucumanos siguen los pasos de sus ídolos y comienzan a surgir las primeras promesas del género en la provincia. No superan los 21 años e incluso algunos de ellos aún están terminando el secundario. A pesar de su corta edad tienen un objetivo claro: triunfar con la música, y eso, medido en dinero y fama.

Casi todos comenzaron tirando rimas en las batallas de freestyle para luego iniciarse en esta carrera musical. “Es el sueño de todos –dice Camila Quinteros, alias “Kuvo”-, pasar de estar rapeando en la plaza a que tus canciones tengan un millón de reproducciones en YouTube y de pronto volverte millonario”. En esa sintonía opina Patricio Ferreyra (18 años), conocido como Pa2K: “no sé qué tengo que me gustan las cosas caras –bromea-. Si me gusta la música y puedo ganar dinero con eso y comprarme la mejor “naiki” (zapatillas) ¿Por qué no?”.

El trap es un sub género del hip hop que se fusiona con con la música electrónica. Nació en los 90 en Estados Unidos. En Argentina se mezcló además con el reggaetón pero conservando las voces de rap. Algunos de sus exponentes en el país son Duki, Paulo Londra y Cazzu, entre otros. Un par de años atrás, estos chicos (ninguno supera los 25 años) instalaron sus canciones en plataformas como YouTube, Spotify y Deezer, y tomaron por sorpresa la industria discográfica. Londra, por ejemplo, tiene 13 millones de suscriptores en su canal de YouTube y supera ampliamente a muchos de los grandes sellos.

En poco tiempo captaron al público juvenil y adolescente, y comenzaron a sonar en todo dispositivo digital existente; celulares y tablets reproducían una y otras vez sus canciones dejando atrás por varios números a taquilleros como Abel Pintos o Lali Espósito. Su público es variado y atraviesa todas las franjas y sectores sociales.

En Tucumán, los incipientes artistas de trap coinciden en que ya no necesitan de radios ni discográficas y que la forma de difundir su arte es a través de las redes sociales e internet. “Ya no importa que vivamos en Tucumán, en Jujuy o en Salta; con las redes sociales estamos en todo el mundo”, dice Juan Cruz López (20) conocido como “John C”.

Las letras suelen hablar de sus vidas cotidianas y están “basadas en hechos reales”, como cuenta Lautaro Cativa: “no siempre hablo de mi mismo, pero cuento historias que veo y que se viven en el barrio”, afirma.

Una particular historia es la de Florencia Rodríguez (21), “Flor Braap”. Ella perdió la memoria a los 15 años a causa de un accidente en su cuatriciclo. “Cuando perdí la memoria mi mamá me contaba cosas y yo las anotaba para no olvidarlas, así empecé a escribir; luego le agregué pistas a esas historias y empecé a hacer música”, relatí. Ahora planea trabajar con productores de Buenos Aires para desarrollar su carrera.

“El trap es alardear sobre lo que a uno le sale bien”, contesta de manera contundente “Kuvo” al ser consultada sobre el contenido de las canciones. Este estilo se caracterizó además por sus letras crudas, muchas veces con tintes machistas, que hacen referencias a la droga y la violencia.

Mariano Costilla (18), alias Nanowave, opina: “el machismo no es lo mío, no me gusta, pero si tenemos canciones que hablan de violencia basadas en historias que vivimos o que nos contaron”. Kuvo y Flor Braap, en cambio, aseguran que sí hay machismo en el género.

Kuvo cuenta que sus letras hablan del empoderamiento de la mujer: “incluso hago talleres para animar a chicas que quieran rapear o practicar freestyle”.

Con un gran esfuerzo, la mayoría de estos jóvenes han instalado estudios en sus casas con la intención de dedicarle más horas a sus composiciones. “Sabemos que con esfuerzo, tarde o temprano, vamos a cumplir nuestro sueño”, afirma “Nanowave”.

Como si fuera una especie de “nuevo sueño del pibe”, los trappers trabajan fuerte en su arte al calor de ilusiones más profundas. “Yo quiero darle la mejor vida posible a mi familia”, repite John C. Mientras que Flor Braap asegura no sólo quiere ser conocida para que se escuche su música: “me gustaría crear una fundación porque aquí en Tucumán hay muchos problemas de droga y no hay quién ayude a los chicos y a mí me duele, porque lo viví de cerca y sé lo que es”. Mientras tanto, Kuvo cierra una idea contundente: “me gustaría tener mucha influencia para poder mandar un mensaje positivo a los jóvenes, que el trap sirva para algo bueno, no sólo para que tengas tu dinero, tu fama y tus drogas”.

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