María Alejandra Martínez: “El verdadero desarrollo está dado por una ciencia propia”

La doctora en Bioquíma e investigadora del Conicet postula la necesidad de que el Estado fomente las bionergías.

14 Ago 2019 Por Álvaro José Aurane
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CRÍTICA. “Los presupuestos para ciencia y tecnología en el país han sufrido un proceso de recortes y ajustes brutales”, alerta la especialista. LA GACETA.-

María Alejandra Martínez se presenta como una mujer definida por su hacer. Bioquímica egresada de la UNT, es profesora adjunta de la cátedra de Microbiología general e industrial en la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT. Como investigadora del Conicet lleva adelante su tarea en la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (Proimi). Se doctoró aquí en Bioquímica e hizo su postdoctorado en Suiza. Pero hay cuestiones bastante menos estructuradas que, paradójicamente, también estructura su personalidad. Se reconoce como una consumidora compulsiva de series de Netflix. “Soy tucumana”, afirma, resuelta, aunque nació en Córdoba. Se relaja con cafeína, pero sólo con una charla entre amigos. Le gusta el arte y pasa horas en los museos: es su hobby. Y es una crítica severa de las políticas de ciencia y técnica del Gobierno nacional.

- Vos, que dedicás buena parte de tu tiempo a la observación, ¿qué registro evolutivo tenés de Tucumán desde tu niñez?

- Siempre me ha parecido que Tucumán tiene mucho más potencial del que despliega. Creo que hay cosas que podrían estar mucho más cuidadas, que podrían funcionar mejor. A pesar de eso, siento la provincia, la vivo. Soy tucumana, estoy muy orgullosa de nuestra Universidad, de las opciones que tenemos, y a veces me frustra estar a 1.200 kilómetros de donde pasan las cosas.

- ¿Y en ese hacer sos rigurosa? ¿Meticulosa? ¿Tomás riesgos?

- Soy muy rigurosa y muy meticulosa, pero me gustaría ser más audaz, me gustaría tomar más riesgos. Creo que no tomo los suficientes y lo puedo ver ahora porque estuve en el extranjero. Es el efecto de estar formada en un ambiente donde todo cuesta tanto y lleva tanto tiempo, porque eso hace que vos tengás que ir a lo seguro.

-¿Y cómo es la Alejandra de entrecasa? La que no está en el laboratorio, la que no es directora del equipo de investigación.

- Soy adicta a Internet. Necesito Internet. Para cualquier cosa. Aun cuando no esté navegando, es una cosa que tiene que estar. Y de entrecasa me gusta mucho no hacer nada. Mi madre solía decir que yo era muy fanática de il dolce far niente. Me gusta mucho no hacer nada, a pesar de que vos veas que está la computadora encendida y qué sé yo. Y me gusta la libertad, que tiene que ver con mi carrera, de poder trabajar en horarios o en momentos en los que en otros tipos de actividades profesionales no podés hacerlo. Vos por ahí vas a encontrar que estoy escribiendo un proyecto a la noche, o a la siesta, y en pijama. Esa es la Alejandra de entrecasa. No me gusta cocinar, me gusta mucho limpiar. Me gusta mucho la estética del lugar. Que esté siempre ordenado y limpio. El lavarropas es el pilar de mi hogar (risas).

- Tengo la impresión de que formamos parte de una generación en la que está mal visto tener tiempo libre, ¿no?

- ¡Absolutamente! Vivimos en la sociedad de la productividad. ¿Qué pasa si te quedás todo el día en la cama? Yo no lo considero improductivo. De hecho, volviendo a la pregunta de cómo es Alejandra de entrecasa, yo concibo mi cabeza como varios procesadores que pueden estar actuando en distintos niveles. Entonces por ahí mi día es completamente improductivo, pero algo se ha ido procesando y en media hora escribo lo que venía ideando.

-¿Qué es lo que ocupa y preocupa tus días laborales?

-Nuestra línea de trabajo se puede encuadrar en lo que hoy se define como biorrefinería por analogía con la refinería del petróleo. ¿Viste que extraen del petróleo distintos productos a través de procesos de refinado? Bueno, la idea es extraerlos del material biológico y por métodos biológicos o híbridos, o sea, biológicos y químicos. Por eso es biorrefinería. Nuestro grupo trabaja con biomasa vegetal, es decir, con madera de árboles, cultivos energéticos, residuos agrícolas de cosecha, etcétera. Por ejemplo, usamos las hojas que quedan después de que se cosecha la caña de azúcar. En el caso de la caña, empezamos a trabajar en él un poco por interés académico, otro poco por una cuestión ideológica y otro poco porque teníamos la posibilidad de producir bioetanol de segunda generación. Este usa como sustrato no los azúcares simples, que son fermentables por una levadura para ser convertidos en etanol, sino polímeros de estos azúcares. Los polímeros son estructuras más complejas que primero tienen que ser rotas, degradadas, descompuestas en productos más simples. Y ahí es donde trabajan las enzimas.

- ¿Por qué no es un proceso difundido?

- Porque hoy económicamente no es viable. Requiere de optimización y de mucho trabajo para ser realmente viable, aunque ya han empezado a funcionar algunas plantas de bioetanol en el planeta. De hecho, Brasil es pionero en el tema. Un grupo de allá con el que hemos tenido mucha colaboración de tipo académica, que quisiéramos profundizar, trabaja justamente en esto.

- El costo todavía no es viable, pero es distinta la ecuación cuando se tiene en cuenta lo que ahorra en contaminación.

- Absolutamente, porque los combustibles fósiles son más accesibles en este momento, pero provocan un pasivo ambiental que en general no se considera en la ecuación. El tema de la energía es crítico para el planeta y existen muchas maneras de encararlo. En ese sentido, hay distintos tipos de energía renovable a los que apuntamos. Un grupo es el de las bioenergías. Yo he hablado de bioetanol y biogás. Dentro de las bioenergías, una de las opciones es producirlas localmente, porque el transporte de la energía también incide en los costos. Entonces ellas deben ser, y lo son de hecho en el planeta, fomentadas por el Estado.

- El Proimi depende del Conicet. ¿Cuáles son las condiciones económicas y financieras con las cuales se está llevando adelante esta investigación?

- Bueno, es un tema que ha sido muy álgido en los últimos años y que en los últimos se ha tornado bastante más álgido. Nosotros venimos hablando y trabajando para solicitar, explicar y fundamentar la necesidad del presupuesto. Yo vi a esta investigadora que apareció en el programa Quién quiere ser millonario (N. de la R.: es la bióloga Marina Simian, quien ganó $ 500.000 para destinarlos a la compra de reactivos para su investigación sobre el cáncer) y la verdad es que es lo que vive todos los días la inmensa mayoría de las personas que nos dedicamos todos los días a la investigación e incluso a la vida universitaria en la Argentina. Yo también soy profesora en la Universidad y pasamos restricciones iguales. Pero me voy a referir especialmente a Proimi, que es una unidad ejecutora del Conicet en Tucumán, donde hay otras 14. Recientemente el Conicet, de depender del Ministerio de Ciencia y Tecnología, pasó a depender del Ministerio de Educación, ya que el Ministerio de Ciencia y Tecnología fue degradado de la condición de secretaría. Esto, aunque es un aspecto formal, no hace más que poner en evidencia lo que viene ocurriendo. Los presupuestos para ciencia y tecnología en el país han sufrido un proceso de recortes y ajustes brutales. No sólo el de Conicet sino para los de todos los otros organismos nacionales que intervienen en el desarrollo de ciencia y técnica argentina, como INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) y la Comisión Nacional de Energía Atómica. Este es un hecho objetivo. O sea, yo no estoy diciendo nada que no se pueda ver todos los días en la calle o en cualquier conversación. En particular, en el sistema científico es realmente muy lamentable, porque no se esperaba esto. Calculo que no se esperaba en ninguna parte. El financiamiento de la ciencia necesariamente depende de una política de Estado. Esto ocurre en todo el mundo. Los Estados, orientados hacia un cierto modelo de país y de sociedad, son los que invierten en el desarrollo de ciencia y tecnología. (…) Históricamente la ciencia de nuestro país ha tenido algunos casos de éxito, particularmente en el área nuclear y el área satelital. Son los casos de éxito más importantes, están a la altura de los países más desarrollados. En otras áreas no tanto. Sin embargo, la concepción de los países desarrollados es invertir en el desarrollo de ciencia propia. (…) El verdadero desarrollo está dado por una ciencia propia que apunte a atender las necesidades locales y regionales.

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