Marco Lavagna: “no hay lugar para las equivocaciones, ni para prueba y error”

Prevé que serán claves los tres primeros meses de la nueva gestión.

27 Jul 2019 Por Marcelo Aguaysol
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INFLACIÓN. Marco Lavagna dijo que no se puede seguir aplicando “políticas de parche” en la Argentina. la gaceta / fotos de José Nuno

Marco Lavagna salió al interior a fortalecer la campaña proselitista que tiene a su padre, Roberto Lavagna, como candidato a presidente por Consenso Federal, acompañado por el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey. En su paso por Tucumán, el economista y diputado nacional, salió de gira con los precandidatos locales, visitó plantas industriales y, antes de volver a Buenos Aires, habló con LA GACETA. Según Lavagna, más allá de quien gane las próximas elecciones, el próximo gobierno tendrá que plantear un escenario institucional y político de mayores consensos porque, de otro modo, será difícil salir del estancamiento económico. Durante la entrevista con nuestro diario, el experto señaló que Lavagna sería el presidente ideal para afrontar ese escenario, por su experiencia y su capacidad de gestión, y porque, además, sería un presidente por un sólo período para arreglar las cosas y dejar que luego sigan otros.

-Su padre sostiene que a la gente no le importa tanto lo que pasa en el mercado, sino lo que acontece en el supermercado. Aún más, dice que los que hablan del mercado viven en un tupper...

-Hoy parecería ser que lo único que importa al Gobierno es lo que pasa con el Fondo Monetario, con el Riesgo País. Y todo eso a la gente no le importa. Cuando vemos el movimiento del dólar, a la mayoría de la gente no le interesa tanto eso porque no tiene ahorros para comprar divisas; le importa sí porque después le va a pegar en precios. Y eso me parece que quiso decir mi padre. Salgamos de eso de pensar que todo se mueve por el Riesgo País y de lo que pasa en los mercados internacionales y veamos que el problema es principalmente interno. Algunos pueden estar más preocupados por el resultado de las PASO, pensando en los mercados internacionales, pero eso no es lo que la gente ve en el supermercado.

-El dato de mayo, que da cuenta de un incremento interanual de la actividad del 2,6%, ¿marca una tendencia de cambio de rumbo para la economía?

-No, no. ¿Por qué no? Primero porque el dato está centrado en algunos sectores muy específicos como el caso del campo que el año pasado tuvo una muy mala cosecha y ahora fue muy buena en cantidades, no en precios. Y eso generó un salto. Y segundo porque esto no está llegando a la gente. Más allá de lo que diga la estadística, lo que importa es el efecto derrame que pueda tener en la economía. En Tucumán, por ejemplo, vemos que la industria azucarera está con complicaciones; la de limones también (que me dicen que cayó en un 70% en el mercado interno). Y les digo a los citricultores que deberían estar contentos por la apertura del mercado de India, como posible mercado. Y me responden que no porque indican que tienen un sobrecosto del 40% y no pueden competir. Eso pasa en la realidad, más allá de las estadísticas.

-¿Pesa mucho la economía en el ánimo del elector?

-Siempre te pesa. El tema es que en esta falsa polarización, primero te juega mucho que el gobierno anterior no había dejado una buena situación como tampoco la actual gestión. Después vemos la incidencia que puede tener en el elector cuestiones como la transparencia, en el que hay grandes cuestionamientos que, en muchos casos, deben ser resueltos por la Justicia. Pero la economía siempre te pesa mucho y la economía no te va a ayudar. Quizás puedas tener de aquí hasta las elecciones cierta tranquilidad para decirlo de alguna manera, pero nada de fondo. El día después de las elecciones, gane quien gane, para el próximo presidente, la economía va a ser un problema más que importante. Va a ser una muy pesada herencia que habrá que resolverla muy rápido.

-¿Cómo puede llegar a subsistir un país que viene arrastrando 15 años de inflación a dos dígitos?

-Te diría que es un problema que, a mi entender, se va agravando. Si vos analizás lo que sucedió en el Gobierno anterior, dejó una inflación promedio por año entre el 25% y el 30%. Este Gobierno va a terminar dejando en promedio por año una inflación de entre el 30% y el 35%, lo que muestra que, lejos de solucionar el problema, ha empeorado la situación. Parte de lo que ha pasado ha sido el deterioro que estamos viendo en la situación social. No es casualidad que hoy tengas un nivel de pobreza cercano al 35%. Me parece que se sobrevive mucho con la política del parche. Y eso no es desarrollo.

-Si tuvieras que hacer una proyección sobre los principales indicadores económicas, ¿cuál es el escenario que observa para después del 10 de diciembre, el día de la asunción presidencial?

-Depende de quien gane. De cómo se encaren los problemas. Puedo decirte que este año vamos a terminar con una inflación del 40%, con una caída del PBI de 2,5%, con una pérdida de 250.000 puestos de trabajo o más y con una tensión cambiaria. La pregunta es quién ganará y cómo empezará a encarar las respuestas. Tenés que pensar que el próximo gobierno en los primeros tres meses de gestión deberá encarar una nueva negociación con el FMI, calmar las tensiones en el mercado cambiario y también las sociales que, generalmente, se dan a fines de año; tendrá que pensar cómo revertir el deterioro del poder de compra y convencer al mundo que le de al país un poquito más de tiempo. Y todo eso en tres meses. No hay lugar para equivocaciones. Tampoco para hacer “prueba y error”, algo que le gustó mucho a este gobierno. No tenés tiempo siquiera para internas partidarias que pueden llegar a darse. Hay que ir rápidamente a hacer un acuerdo económico y social amplio para analizar precios, salarios y productividad que te permitan un shock de baja de la inflación. Además, ir hacia un esquema de estabilización de precios como hizo en su momento Israel, con bandas cambiarias chicas que se fueron agrandando con el tiempo. Y tendrás que buscar patear durante cuatro años los vencimientos del Fondo, de tal manera de oxigenar la gestión. Pero eso dependerá de quién gane las elecciones. El Gobierno actual, si llega a ser reelecto, ¿tiene la posibilidad de sentarse a negociar con el FMI y pedirle basta de ajustes? Lo veo difícil. Los mercados internacionales, ¿le van a creer y dar más tiempo a una fórmula Fernández-Fernández? No lo sé.

-Los analistas políticos observan que la polarización es la moneda corriente en las elecciones que se avecinan. ¿Qué sucede con Consenso Federal?

-Yo creo que la polarización se da cuando miras las encuestas. También esas mismas encuestas dan cuenta de una gran cantidad de indecisos, de un voto volátil y una gran cantidad de gente que no quiere ni una postura (Mauricio Macri-Miguel Pichetto) ni otra (Alberto Fernández-Cristina Fernández). Quiero decir que la demanda está; después si uno es capaz de hacer visible el lema de “nosotros somos la mejor fuerza o la alternativa” o que “somos lo que permite salir de un extremo o del otro” es parte de lo que nosotros debemos transmitir y que la gente lo crea y acompañe con el voto. No creo que haya que optar entre dos, sobre todo en las PASO; a los que me dicen eso les sugiero que voten libremente. No veo razón por votar por un “antialgo”. Veo que los números te dicen una cosa, pero en la realidad no está tan fija por aquello del voto volátil. La última semana (previa a las elecciones) es lo que te mueve el voto. Lo que sí sabemos es que si logramos meternos en el balotaje, que no es fácil, ganamos las elecciones en cualquier escenario.

-¿Es posible frente a un escenario de cruces de dirigentes que supieron ser de Alternativa Federal?

-Nos hubiese gustado tener una fuerza más grande en términos de dirigentes, pero tampoco te sirve ir con un frente que termine siendo un rejunte de dirigentes que no están convencidos hacia dónde quieren ir. Terminando quedando dentro de Consenso Federal aquellos que mantuvieron una coherencia. Y en esto los pongo a la cabeza a mi padre y a Juan Manuel Urtubey, por ser las cabezas de la lista. Pichetto o Sergio Massa terminaron yéndose para uno de los lados de la grieta. Yo no coincido.

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