Esos dos nietos no juegan juntos

Curiosamente, en este país federal, el poder de la provincia está dependiendo más que nunca de los comicios nacionales. La relación entre el gobernador y el vice también parece enmarcadas en el mismo esquema. El ejemplo de Pelli.

21 Jul 2019 Por Federico Diego van Mameren
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Jo jo jo jo.

Sonaba como la risa de un duende que se había escapado de un cuento de niños. Sonreía y reía con tanta facilidad que la conversación terminaba siendo un almohadón bien mullido. Cómodo. Miraba todo con curiosidad, como si fuera un estudiante de periodismo. Todo le llamaba la atención. Nada pasaba inadvertido. Así también era su charla. Tenía la pregunta fácil, pero también la respuesta segura. Vestía la imagen del hombre bueno. Por las dudas la memoria le jugara alguna mala pasada, metía la mano en el bolsillo delantero de su jean y sacaba una pequeñísima máquina de fotos. Con ella guardaba recuerdos, con ella subrayaba conceptos. Así era César Pellli. Sencillo, humilde, simple, risueño, ameno, despierto, incansable, tierno, profesional.

Jo jo jo jo. Su risa dejó de sonar en la víspera del Día del Amigo. Y, como si fuera un gran compañero, cada obra, cada reflexión queda como la enseñanza del amigo o, mejor dicho, del maestro. Pelli fue uno de esos tipos en los que cada uno de sus gestos servía para aprender. Sus palabras quedaban en la memoria para que en algún momento germinaran en una idea. Fue un grande y era tucumano. Era nuestro. Aunque cueste en medio de tanto escepticismo, era propio.

La historia avisa

El Día del Amigo llegó en tiempos electorales. La amistad y los comicios son parientes. Son nietos de la misma abuela, de la libertad de elegir. Sin embargo, son hijos de muy distintos padres. La amistad ha nacido del furibundo amor entre la confianza y el respeto. En cambio, los comicios han sido procreados en una noche furtiva en la que se cruzaron la ambición y el poder.

La historia, esa arquitecta del futuro, nos ha dejado enseñanzas en nuestro Tucumán donde los nietos de la “libertad de elegir” nunca han podido jugar juntos. José Alperovich decía ser amigo de Julio Miranda. Juntos ejercían el poder de Tucumán. Administraban los dineros y organizaban las instituciones en nombre del bien común. Hasta que Alperovich fue electo y la amistad quedó huérfana al morir la confianza. Ya la historia les había dejado sus enseñanzas. La relación de Julio Díaz Lozano con Ramón Ortega era un antecedente para saber de ciertas incompatibilidades. El “matrimonio” electoral entre Olijela del Valle Rivas y el mismo Miranda también había sido otra demostración de cómo comicios y amistad no saben jugar juntos.

Por eso tal vez a los peronistas no les haya sorprendido mucho que Osvaldo Jaldo haya jurado lealtad a José Alperovich ante -nada menos- que el Congreso de la Nación -que es lo mismo que decir ante todo el país- y que después se haya convertido el principal enemigo.

El vicegobernador de la provincia se viene mostrando en una amalgamada amistad con el gobernador Juan Manzur. Sin embargo ya Tucumán tiene demasiadas experiencias al respecto.

Jaldo, antes que nada, es un experimentado e incansable albañil del poder. Todos los días se ocupa de poner un ladrillo más en su pared. Así, con paciencia, ha ido levantando su edificio en el poder tucumano. Y, lo ha hecho saber. Aún no ha concluido el mandato que el pueblo les dio en 2015 y ya Manzur y Jaldo han sido reelectos como gobernador y vice por cuatro años más. Pero Jaldo no le ha dado mucho tiempo para saborear la victoria y bañarse en las mieles del triunfo a Manzur. Apenas terminaron los comicios del “9J” le advirtió que no hay lugar para reformar la Constitución ni para sueños de perpetuidad. En tucumano básico, le dijo a su ¿amigo y compañero? de ruta “la próxima es mía”.

Fue una clara demostración de quien pareciera ser el dueño de los votos o de los ladrillos del poder de Tucumán que es archiperonista.

Manzur, ganador indiscutible de los comicios provinciales, no aparece como el dueño del poder. No obstante, ha sabido desarrollar un perfil donde la imprevisibilidad es su mayor virtud. Es su arma sorpresiva. Con ella descoloca a ministros y a políticos, a propios y a extraños, a Cristina y a Macri, a José y a ¿Osvaldo? Precisamente, ha blandido esa espada y con ella, apenas saboreó el triunfo de la reelección, salió a luchar en las rutas del país y por Alberto Fernández de Kirchner. No pasará mucho tiempo -octubre lo definirá seguramente- para saber si esa apuesta nacional es un síntoma de la debilidad o de la fortaleza de Manzur. Haciendo gala de su paciencia eterna, tampoco reaccionó ante el desplante que le hizo su compañero de fórmula al día siguiente de la victoria. Ni una mueca hizo. Los “sijuancistas” que no son muchos ni exclusivos se ocuparon de aclarar que es una muestra de poder, los “siosvaldistas” no piensan lo mismo... Y lo dicen.

Está claro que la apuesta de Manzur por la fórmula Fernández-Fernández no es sólo una cruzada nacional, también tiene que ver con su futuro y su poder provincial.

Por las dudas, la historia siempre hace sonar la campana para que nadie se sorprenda después. Y, en este Tucson argentino, todavía están frescos los recuerdos de que cuando la amistad y los comicios tuvieron que jugar juntos y, aquella vez, Juan se llevó todos los juguetes y lo dejó llorando a José. Tanto que esta semana al senador se lo vio haciendo compras por galerías Pacífico en Buenos Aires.

La última palabra la tienen las elecciones nacionales que ya están golpeando las puertas de los argentinos. Si la fórmula “F-F” se impone, el destino de la amistad Manzur-Jaldo será muy distinto que si el triunfo es de Macri-Pichetto.

“El poder agota a los que no lo tienen”, le dice al oído Calo a Luchessi y le aclara que ese es el mensaje que le manda Corleone y luego lo mata con sus propios lentes en la película El Padrino.

Descorteses

Los comicios nacionales no sólo van a incidir en las amistades y en el Poder Ejecutivo: también será decisivo en la vida del Poder Judicial provincial. En la Justicia tucumana lentamente se ha empezado a marcar las diferencias entre la Corte y los flamantes institutos de los ministerios Público y de la Defensa.

La elección en la Corte no sabe de amistades. Antes de fin de año los vocales deberán sentarse a votar. Hay algunos miembros del máximo Tribunal que piensan en sus sucesores más que en sus autoridades y por supuesto, en este Tucson, las lealtades y las filiaciones suelen ser más fuertes que la idoneidad. Hay otros que han tenido tantos años de empleado del poder que aún no aprenden ni pueden sentirse independientes. Con eso vientos tormentosos, la Corte tratará en los próximo tiempos de diferenciarse de los ministerios que no hacen más que engordar con sus nombramientos. Las designaciones en las estructuras que conducen Washington Navarro Dávila y Edmundo Jiménez son materia de observación en estos tiempos de bolsillos flacos y de relaciones turbulentas entre la Nación y la provincia. El 9 de Julio, el Presidente de la Nación dio una señal al decir que sabe muy bien qué pasa con algunas causas que le presentaron los familiares las víctimas de la impunidad, en las que dejan la vida luchadores como Alberto Lebbos.

La palabra intervención (con minísculas y sin institucionalidad) aún le queda muy grande, pero, de nuevo, los resultados electorales de octubre o diciembre (si los argentinos deciden definir los comicios por penales) pueden mostrar otras realidades en la provincia.

Todo está quieto pero Navarro Dávila y Jiménez no se quedan quietos en sus tejidos de poder -y con el poder-.

Tal vez por esa misma razón se salven aquellos funcionarios judiciales y del Ejecutivo que no intervienen a fondo cuando un desalmado asesino permite que sus animales salgan a pasear a las rutas y los deja para que se crucen en el destino de los seres humanos, cual dioses capaces de definir la vida. Y la muerte.

Tal vez por la misma razón aún la jueza Carolina Ballesteros no haya recibido el correctivo del que se hizo acreedora. Es inadmisible que un abogado llegue a amenazar o molestar a un magistrado. Pero ello no da derechos a que ese juez (Ballesteros en este caso) haya realizado una grabación ilegal y que además la haya difundido. Justamente el proceso penal exige juego limpio y no hace falta aclarar que la jurisprudencia invalida aquellas pruebas que son obtenidas de manera ilegal. Es muy grave que una jueza haya grabado a un abogado. Si se sintió agraviada, Ballesteros podría haber pedido sanciones para el abogado Juan Andrés Robles, pero nunca grabarlo cuando ella es custodia de las garantías constitucionales.

Jo jo jo jo.

La risa de un hombre simple resuena en la vida tucumana. Su sencillez y simpleza no tienen paragón aunque no encuentre eco en la tierra que lo vio nacer. Pelli, con su trabajo, no ha construido poder, pero si ha levantado el ejemplo del ser tucumano.

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