Pellimanía: la visita de Pelli a Tucumán

El teatro San Martín estuvo desbordado de los entusiastas conciudadanos del maestro, ansiosos por escucharlo. Lo ovacionaron de pie. Y lo emocionaron profundamente.

21 Jul 2019
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EN TUCUMÁN. En su visita de 2012 César Pelli recorrió la ciudad flanqueado por sus amigos. A la izquierda, el ya fallecido arquitecto Julio Middagh y, la derecha, su esposa, la arquitecta y docente Gabriela Lo Giudice. la gaceta / foto de Juan Pablo Sanchez Noli (archivo)

Después de pasar tres días en Buenos Aires y en Córdoba, donde recibió el doctorado honoris causa de la universidad estatal local, pisó suelo tucumano. Bajó de un pequeño avión y, en la pista, lo recibió su amigo Julio Middagh para llevarlo a un hotel en la calle 25 de Mayo. Le preguntó si quería descansar y él contestó que no, que quería recorrer la ciudad. Así, San Miguel de Tucumán empezó a ser examinada, desde el punto de vista urbanístico, por uno de los ojos críticos más calificados del mundo.

Pelli, cámara de fotos en mano, caminó por la plaza Independencia, luego por la plaza Yrigoyen y llegó hasta la Casa Histórica. En el camino redescubrió el bar Abecé, donde celebró su cumpleaños decimotercero, y la cuadra en la que vivía su abuelo. Extrañó los edificios hoy demolidos, los cines que ya no están, y apreció la Catedral y la estatua de la Libertad, de Lola Mora, iluminadas. Más tarde recorrió otros puntos de la ciudad y lanzó algunos juicios lapidarios.

EN 2012. Pelli en el teatro San Martín, antes de dar su conferencia magistral. la gaceta / foto de ezequiel lazarte (archivo)

“Me da pena el Parque 9 de julio. Era un parque 100% abierto al público. Ahora está lleno de reservas privadas: ¡eso es un crimen! Era un tesoro y un patrimonio de todos los tucumanos”, afirmó en una conferencia de prensa, al día siguiente. Horas más tarde prendió la mecha de una estruendosa polémica al decir que el edificio de la Legislatura, cuestionado por su exorbitante costo, era “horrible”.

La ciudad, en definitiva, recibió una nota pobre del ex decano de Yale, quien reconoció el dinamismo que había adquirido en las últimas décadas pero sin perdonarle la falta de coherencia, de planificación.

Gran parte de los tucumanos se contagió en esos días de una llamativa “pellimanía”. Mientras caminaba por la calle la gente se le acercaba, lo fotografíaba, le pedía autógrafos. LA GACETA, el diario con el que, según Pelli, probablemente aprendió a leer, pergeñó ese doble reencuentro. El de Pelli con su tierra y el de los tucumanos con el comprovinciano consagrado internacionalmente. Cientos de personas hicieron cola desde las seis de la mañana para obtener una de las 600 localidades disponibles para escucharlo en la conferencia que tendría lugar, al día siguiente de su llegada, en el teatro San Martín.

Pelli estaba ansioso, inquieto, en su camarín. José Pochat, el gerente general de LA GACETA, intentaba contenerlo para que no pisara el escenario antes de las 20:30, el horario en que se había pautado la transmisión en vivo con un canal de cable local. Estaba prevista una presentación curricular que nadie escuchará. Pelli no pudo aguantar y salió a buscar el contacto directo con un público que lo aplaudió de pie apenas lo vio. “Es para mí increíble estar en el Teatro San Martín… Me va a costar reajustarme porque estoy muy emocionado en este momento”, dijo -y se notaba por el temblequeo de su voz que lo sentía profundamente- al comenzar la charla.

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