Cuando la cabina es la oficina de trabajo diario

Sólo 22 mujeres pilotean aviones comerciales en la Argentina Si bien ellas ocupan más puestos en administración, se animan a vincularse a otras áreas operativas.

21 Jul 2019
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Sólo 22 mujeres pilotean aviones comerciales en Argentina, sobre un total de 1.623 pilotos, y el número disminuye a 15 en la aerolínea de bandera, un escenario que busca cambiar Pamela Suárez, al frente del organismo encargado de determinar las causas de accidentes en el sector civil: “debemos ser parte de la aviación en el lugar que queramos”. Según un informe presentado por la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC) que reúne información del Ministerio de Transporte de Nación, las mujeres que pilotean aviones comerciales representan apenas el 1,3% del total y en el caso de Aerolíneas Argentinas el 1,16%. Fuera de la cabina de vuelo, en Aerolíneas las mujeres en puestos directivos y sectores operativos alcanzan, en cada uno, poco más del 26%, mientras que en áreas administrativas superan el 42%.

“Las mujeres tenemos que tomar conciencia de que no sólo podemos sino que debemos ser parte de la aviación en el lugar que queramos”, dijo la titular de la JIAAC. Si bien que una mujer esté al frente del organismo encargado de determinar las causas de accidentes e incidentes en el ámbito de la aviación civil es buen síntoma y un gran precedente, por ahora, es parte de una realidad excepcional. “La aviación me tomó de casualidad, yo soy especialista en administración pública, hace más de 25 años que trabajo para el Estado y recién cuando me derivaron al área de Transporte me empecé a conectar con la aviación”, contó.

Sobre su avance en ese medio, agregó: “te vas metiendo y terminé trabajando en la JIAAC que de por sí es un área muy compleja y cerrada porque era gente que venía de la Fuerza Aérea y ver a una mujer ahí generaba mucha resistencia”.

Junto a Suárez está sentada Enriqueta Zambonini, de 38 años, investigadora y piloto de familia aeronáutica que creció acompañando a su padre, ingeniero en Aerolíneas Argentinas. “Un día entré en la cabina y dije ‘quiero que esta sea mi oficina’” y años después comenzó la carrera, contó. Su primer trabajo fue volar aviones privados. “Fui a buscar uno a EEUU para un cliente de acá y empecé a hacer eso hasta que el último que traje me lo quedé volando hasta juntar las horas necesarias para aplicar como piloto de una aerolínea comercial”, señaló. Y si bien jamás dudó de su vocación ni de sus posibilidades por cuestiones de género, Zambonini admitió que algunos pasajeros se llegaron a bajar de sus vuelos “al ver que piloteaba una mujer”. (Télam)

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