Manuel Guido Aballay: “en Atlético dejé todo de mí”

El ex delantero se emociona con el presente del club de 25 de Mayo y Chile.

19 May 2019 Por Carlos Leonardo Oardi
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GOLEADOR. Manuel Guido Aballay dejó su huella en el conjunto “Decano”. la gaceta / foto de Ines Quinteros Orio

“A Atlético le debo todo. Yo había sufrido una grave lesión en la tibia y en el peroné, y aun así me compraron. Confiaron en mis condiciones, se jugaron por mí”. Manuel Guido Aballay pronuncia las palabras con tono de gratitud cuando habla del “Decano”. “La recuperación me llevó casi ocho meses”, añade. El primer día que pisó el césped demostró que no se habían equivocado los que confiaron en él. El 26 de marzo de 1993, por la fecha 30 de la B Nacional, Atlético recibía a los cordobeses de Instituto. El “Decano” ganó 3 a 0, con dos goles de Facundo Gareca y el tercero de Aballay. “Entré en el segundo tiempo, y anoté. Después de ese partido, el técnico me confió la camiseta ‘11’”, recuerda. Por entonces no tenía forma de saber que Instituto se convertiría en un recuerdo amargo. Aunque no por ese partido del debut.

Aballay está alejado del mundo del fútbol. Según cuenta, desde el club de 25 de Mayo y Chile lo habían llamado para que se sume al equipo de trabajo de las inferiores, pero rechazó el ofrecimiento. “No me gusta enseñar. No tendría paciencia. Para enseñar a los chicos hay que tener carisma y mucha seriedad. Preferí apartarme de esa responsabilidad. Sé que los técnicos, ex jugadores y amigos, están haciendo un excelente trabajo. Y los felicito”, dice. Actualmente se desempeña en el área de Saneamiento de la Municipalidad de Banda del Río Salí. El delantero concedió una entrevista a LG Deportiva. Durante la charla, habló de su pasado deportivo y de su presente; de los tiempos duros que le tocó vivir, y del momento por el cual está atravesando Atlético.

- ¿Pudiste hacer una diferencia económica con el fútbol?

- No. Ni siquiera tengo casa propia; alquilo en Los Vallistos. Quiero quedarme definitivamente a vivir en Tucumán; desde que vine, a los 17 o 18 años, me encantó esta provincia. Me reprocho no tener mi casa. Estoy trabajando para comprarla, ojalá algún día pueda hacerlo. En su momento no se dio; y cuando me decidí las cosas me empezaron a salir muy mal.

- ¿Por qué?

- Lamentablemente estuve mucho tiempo sin trabajo. La peleaba, con alguna changa comía; vivía al pan de cada día. Fui a juntar arándanos a San Andrés de Giles (Buenos Aires), como “golondrina”. Fui ayudante de albañil. Me llevaban a jugar al fútbol, y me pagaban. No tenía nada, estaba muy afligido.

- ¿Esa situación afectó otros ámbitos de tu vida?

- Te pega en lo anímico, en lo psicológico. La pasé muy mal. Me internaron en un instituto psiquiátrico en Santiago del Estero. Se junta todo, se va todo al carajo. Uno empieza a enojarse con la familia; por la bronca que acarreaba a veces me descargaba con ellos. Pero ojo, ellos también fueron mi sostén para volver a creer en mí.

- ¿Y cómo lograste salir?

- Gracias al fútbol. Cuando estaba en Santiago del Estero me hablaron para jugar en la Liga de Veteranos. Y ahí me volvió a latir el corazón. Conocí el fútbol amateur; conocí otra gente, muchos ex jugadores, que me ayudaron un montón, en todos los aspectos. Y así, después de casi dos años, pude salir adelante, y superar esa crisis depresiva. Y hoy mis nietas, hijas de mi hija, me cambiaron la vida. Viven a cinco cuadras de mi trabajo, así que todos los días voy a verlas, a almorzar con ellos.

- ¿Te reconocen por la calle?

- Sí. Algunos no se olvidan y me lo agradecen lo que yo hice en Atlético. Ahí di lo máximo, dejé todo de mí. Y estoy muy agradecido. El fútbol me dejó grandes amigos, como Ricardo Cativa, (Daniel) “Petete” Hernández, Eric Ginel, (César) “Asprilla” Zelaya.

- ¿Aún duele aquella semifinal contra Instituto? (N. de la R.: el 23 de junio de 1996, por el octogonal por el ascenso a Primera, Atlético había empatado 1 a 1 en Córdoba; en la revancha, jugada siete días después, el “Decano” cayó impensadamente de local 3 a 1, con un “hat-trick” de Diego Klimowicz).

- Seguro. Está marcado. Fue algo catastrófico, para todos. No se podía creer. El fútbol es así; teníamos un gran equipo, teníamos todo para ascender, y estuvimos muy cerca; pero desilusionamos. No se dio.

- ¿Cómo ves actualmente a Atlético?

- Sin palabras. Increíble. Me emociona, me gusta, lo vivo como hincha. Ojalá que siga por este excelente camino. Nunca pensé esto, pero lo estoy disfrutando al máximo. Seguro se quedará para siempre en Primera, porque se trabaja muy bien en todos los aspectos.

- ¿Qué te faltó en la vida?

- No tuve la fortuna de pegar el salto, de subirme al tren que te lleva al éxito. Nunca fui campeón. En Bolivia prácticamente se me frustró la carrera. Estaba a punto de jugar la Copa Libertadores, Emelec (Ecuador) estaba muy interesado en mí. Pero no se pudo, por las lesiones. Me quería morir. En esos tiempos me quería nacionalizar boliviano, para jugar en la Selección de ese país.

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