El filme del bandido venerado en el Cementerio del Oeste

La película se verá en los Espacios Incaa locales. Diversos planos de lectura y significación.

RECREACIÓN. La historia del “héroe” de Villa Alem es contada por algunos presos de Villa Urquiza. RECREACIÓN. La historia del “héroe” de Villa Alem es contada por algunos presos de Villa Urquiza.
18 Mayo 2019

Los bandidos rurales y urbanos son más que una leyenda. Reivindicados por algunos, otros lo transforman en héroes, como un Robin Hood de esta época.

No muchos pueden caminar al lado de esa larga muralla que separa la libertad y la prisión en Villa Urquiza. Una “libertad” escrita entre comillas, claro está. Una muralla similar al muro del Cementerio del Oeste, donde perdió la vida Andrés Bazán Frías cuando intentó saltarlo: lo asesinaron. Sin embargo, está enterrado en el Cementerio del Norte. El bandido quiso refugiarse en un espacio destinado a la muerte, lo que parece toda una paradoja. Cuando estaba encarcelado, su hermana Elena y su madre Aurora le llevaron armas escondidas en la vagina para que pueda huir.

“Bazán Frías, elogio del crimen”, del colectivo Cine Bandido (Lucas García, Juan Mascaró, Duilio Gatti, Carolina Gramajo y Virginia Agüero), se plantea como una reflexión sobre la delincuencia, y en la sinopsis, sus realizadores escriben: “dicho problema tiene como base al capitalismo mismo... llegando a tratar de reivindicar el delito como un acto de rebeldía ante el capitalismo impuesto”. Hay libros de Carlos Marx y de Michel Foucault que se cruzan; que están en el intertexto de esta producción.

Hoy, mañana y el domingo, la película se proyectará a las 20 en el Espacio Incaa Mercosur de Tafí Viejo (avenida Alem 501, en la Sociedad Española).

Desde mañana se verá en el Espacio Incaa de la capital (San Martín 251) a las 20, al igual que el lunes; el martes, se proyectará a las 18. La película no es un documental en términos tradicionales, tampoco una ficción. ¿Docu/ficción? No parece.

Se pueden advertir distintos planos de lectura: reos reales que se entusiasman con el guion y aceptan participar y ensayar; la documentación con testimonios directos y otros de archivo; las escenas; la narración en off... Podría decirse que el filme es una propia documentación de la película; exhibe cómo se hizo, cómo se construyó, lo que lo distingue de otros proyectos.

Uno de los presos-actores afirma en una entrevista: “A este lo respeto cuando roba a uno que tiene. No cuando roba un estéreo, que es una bosta”. La cámara toma su rostro y su expresión ligera que sostiene firme esa oración. Cuando ellos juegan con el cajón en el velorio de Bazán Frías, “parecen ensayar su propia muerte”, cuenta la narradora; un destino.

Mary Guardia, autora de la novela “De fornicarios, bandoleros y milagros”, asegura: “era un revolucionario, tenía ideas izquierdistas muy marcadas. No es un ladrón común, siempre representa a los excluidos sociales y culturales”. Los testimonios dan cuenta que en la actualidad le prenden velas los motochorros e igualmente los que quieren la protección de aquellos, en santuarios del llamado “cementerio de los ricos”. Unos y otros aseguran que cumple con los favores pedidos.

Bandidos sociales, un interrogante sobre la cultura del delito, sobre esa rebeldía. Bazán Frías representa la lucha por una sociedad de iguales, sueño que se castiga con la cárcel o con la muerte, se escucha en la voz de la narración, que por momentos editorializa la película. Entre sepias y colores, blancos y negros. Los colores pintan las leyendas del recuerdo y del pasado, pero que, como tales, más que presentes están.

César Romero, Alejandra Monteros y Silvia Quírico colaboraron con el entrenamiento de los actores, y Monteros hizo de esposa.

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