Del letargo sólo se sale caminando

11 May 2019 Por Federico Türpe
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Sentimientos contradictorios. O contrarios. Como reir y llorar al mismo tiempo. De la carcajada al grito o del insulto a la risotada. Parece medio esquizoide, como esa sonrisa torcida que muestra el asesino psicópata en las películas, justo antes de liquidar a su víctima.

Eso nos produce la decisión del municipio capital de poner en funcionamiento algunas semipeatonales en el microcentro tucumano: júbilo, por un lado, porque finalmente se avanza en la dirección de una ciudad más amigable, moderna, en línea con los mandatos urbanísticos internacionales; y bronca, por otro lado, mucha bronca, porque hace más de 30 años que venimos debatiendo sobre el caos vehicular del centro sin hacer nada. O mejor dicho, sí venimos haciendo, pero todo lo contrario a lo que mandan las prácticas saludables: tenemos una ciudad sin escala humana, a escala de los vehículos a combustión, autos y motos que se reproducen como moscas gracias al deficiente y escaso transporte público, y en un contexto cada vez más expulsivo para el peatón y el ciclista.

Desde la intendencia de Rafael Bulacio (1991-95) que se puso sobre la mesa la necesidad de replantear de forma integral el diseño urbanístico, no sólo de la capital, sino de toda el área metropolitana de Tucumán, con más de un millón de habitantes, además de la enorme circulación transitoria de foráneos, principalmente por razones laborales o escolares.

En la dirección contraria

Estudios del Automóvil Club Argentino y de una consultora española, ambos de los 90, y más adelante el proyecto GEO, realizado conjuntamente por Naciones Unidas, la Facultad de Arquitectura de la UNT y la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, entre otros relevamientos, todos coincidieron en los lineamientos generales de hacia dónde debía avanzar la metrópolis.

Comenzando por descentralizar la administración pública, exactamente lo opuesto a lo que hizo la gestión Alperovich-Manzur en los últimos 16 años, que hasta construyeron una mega Legislatura y un nuevo centro judicial en Barrio Norte. Genios.

Gestión que también impulsó fuertemente el desarrollo inmobiliario dentro de las cuatro avenidas, sin el respaldo de las obras de infraestructura imprescindibles, como la ampliación de la red de agua y cloacas, desagües pluviales o cocheras suficientes. Resultado, explotaron las cloacas en todas las esquinas, falta agua en muchos barrios, la ciudad se inunda cada vez que llueve y el tránsito es un desastre.

Celebramos la decisión del intendente Germán Alfaro de que por fin alguien escuche a los técnicos que lo rodean, pero le falta coraje, por decirlo educadamente.

Alfaro estuvo en Alemania hace poco y vio personalmente lo que los urbanistas nos vienen diciendo a los tucumanos desde hace décadas, que hay expulsar a los vehículos particulares del microcentro y el casco histórico o restringirles lo máximo posible su circulación.

El intendente vio que las ciudades europeas son silenciosas, más seguras, se respira aire más limpio, la actividad comercial es más intensa y el turista se siente más reconfortado.

Cuentan desde su entorno, que en ese viaje Alfaro terminó de convencerse de que era momento de oir a los especialistas y por eso se decidió avanzar sobre la semipeatonalización de nueve cuadras, con lo que habrá 11 en total, una vez que se concluya, más ocho de peatonales (tres en Muñecas, tres en Mendoza y dos en Congreso).

El carril único ya existe

No es suficiente, sobre todo si se entiende y se acepta que todas las calles del centro tucumano ya funcionan con un solo carril. El de la derecha está anulado por los autos estacionados, aún en las calles donde está prohibido (en Tucumán la baliza se usa como autorización para todo), y el carril del centro está ocupado por las dobles y hasta triples filas (con que haya apenas un auto en doble fila ya condena a toda la cuadra a ser de un solo carril).

Es decir, el tránsito es necesariamente más fluido en las calles semipeatonales porque nadie se detiene y se avanza sin congestiones.

Las ciclovías siguen siendo una gran materia pendiente, pero siempre será más seguro circular en bici por una semipeatonal que por el zigzagueo kamikaze entre las dobles y triples filas, los motociclistas desquiciados y los ómnibus que paran donde pueden, muchas veces en el medio de la calle, porque la doble fila no perdona ni a las paradas.

A la par de las semipeatonales, Tucumán debería implementar de forma urgente un sistema de metrobuses para eficientizar el desastroso transporte público. Al menos comenzar con carriles exclusivos para colectivos, lo que ya sería un gran avance.

Una calle ancha y neurálgica como la Santiago, en una ciudad ordenada, debería tener un carril exclusivo para ómnibus a la derecha, una ciclovía a la izquierda y una mano única para particulares en el centro. Sería por lo menos el doble de fluida que hoy porque nadie se detendría y no habría atascos, además de acelerar los tiempos del transporte público.

Córdoba, la ciudad más peatonal de la Argentina, cuenta con tres kilómetros de calles exclusivas para peatones (proyectan llegar a 10 kilómetros en los próximos cinco años) y tiene además cuatro calles céntricas semipeatonales, 9 de julio, Rosario, Deán Funes y San Martín, y también anunciaron que seguirán avanzando. La actividad comercial creció tanto en estas cuadras, que a la San Martín se la conoce como “la calle de las felices compras”.

Si un nativo de Filadelfia, ciudad donde se declaró la independencia de los EEUU, nos visitara y viera que a 50 metros de la Casa Histórica, uno de los monumentos más importantes de la Argentina, circulan ómnibus de línea, seguramente no creería que en ese lugar nos independizamos hace 200 años.

Hoy, al menos, pasan a media cuadra, porque hasta hace pocos años los colectivos circulaban frente al solar patrio, a metros de donde además funcionaba una estación de servicio.

Revisemos algunos números

La semipeatonalización de estas nueve cuadras costará 10 millones de pesos, menos de lo que gasta la Legislatura en un día ($ 12 millones) o menos de la mitad de los 23 millones que gastó el flamante Ministerio Pupilar y de la Defensa sólo en el mes de abril (sin contar sueldos y gastos de funcionamiento), a saber: $ 3,2 millones en computadoras e insumos informáticos; $ 3 millones en compra de autos a Ruiz Automotores; un millón de pesos en un soft informático para liquidación de sueldos; $ 3,6 millones por 36 meses de alquiler de una casa en Catamarca 723; $ 5,3 millones por 36 meses de alquiler de otra propiedad en Santa Fe 721; $ 1,5 millón en la compra de chalecos antibalas; $ 1 millón en productos de limpieza; y $ 4,2 millones en compra de vehículos a León Alperovich.

Como dice el diputado nacional Martín Lousteau, hay que dejar de repetir que Argentina es un país rico, esto no es cierto, porque es un país que está en el medio del ranking mundial de riqueza. Argentina es un país medianamente pobre con un Estado rico, que no es lo mismo, sostiene Lousteau.

¿Es necesario que el Poder Judicial gaste $ 250.000 mensuales en alquileres sólo para uno de sus ministerios? Es una afrenta en una provincia con casi el 40% de la gente por debajo de la línea de pobreza. Lo de la Legislatura, por su parte, ya lo sabemos, es un bochorno internacional.

Decisión política

Cada vez que llegan las fiestas de fin de año el municipio ensancha verdedas del microcentro con cadenitas porque el tránsito peatonal no da abasto. Lo mismo ocurre en otras épocas del año donde se producen picos de consumo (Día del Padre, de la Madre, del Niño, etcétera).

Hay calles por las que cualquier día normal es insalubre caminar, además de incómodo y peligroso, como Maipú-Chacabuco, Junín-Ayacucho, San Juan, Laprida, Córdoba, 24 de Septiembre, Crisóstomo Alvarez, además, entre otras, de las que serán semipeatonales como 25 de Mayo-9 de Julio y San Martín.

Todas las ciudades turísticas, sin excepción, peatonalizan sus arterias principales para favorecer al comercio, el paseo de los visitantes y para generar un entorno más agradable, menos ruidoso, caótico y contaminado.

El micro y macro centro tucumano están detonados desde hace demasiado tiempo, con el agravante de que por el deficiente transporte público se disparó la venta de motos como en ningún otro lugar del país. Durante varios años Tucumán lideró la venta de motocicletas a nivel nacional. Este fenómeno sólo fue posible gracias a un Estado ausente, que no garantizó un transporte público suficiente y eficiente.

Huelga decir que una ciudad de más de un millón de habitantes ya debería contar con varios medios de transporte público alternativos al colectivo y al taxi. ¿Trenes urbanos? ¿Metrobuses? ¿Tranvías? ¿Miniómnibus o combis para el macrocentro? ¿Ciclovías? ¿Mototaxis? ¿Subtes? ¿Trenes elevados? O quizás un poco de todo, no lo sabemos, son los expertos lo que deben definirlo. De lo que estamos convencidos, como vecinos, como ciudadanos que palpitamos esta urbe todos los días, a pie, en bici y a veces en auto, es que lo único que ya no podemos darnos el lujo de hacer, es hacer nada.

Todos los cambios, sobre todo cuando son culturales, cuando nos obligan a modificar malos hábitos, generan resistencia en la gente. Esto ocurrirá, seguramente, con las nuevas semipeatonales, sobre todo porque los tucumanos estamos (mal) acostumbrados a sacar el auto para ir a comprar pan a dos cuadras. Un despropósito en cualquier ciudad del mundo, y más en una ciudad que está desbordada.

Celebramos, como ya dijimos, esta iniciativa del municipio capital, pero insistimos en que no es suficiente porque el desmadre es mayúsculo.

Será uno de los grandes desafíos que tendrán las próximas gestiones que administren el área metropolitana, incluido el gobierno provincial, que debería empezar a colaborar, principalmente dejando de abrir y ampliar reparticiones públicas en el centro, y gastando menos millones en política y más dinero en obras públicas.

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