¿Puede vivir sin modelos una sociedad?

A menudo se dice que hay en el país una carencia de maestros a los que la juventud pueda seguir. ¿Surgieron nuevos paradigmas?

Tal vez por su fragilidad existencial, el ser humano ha necesitado siempre de maestros, que iluminen su camino. Jesús, Mahoma, Buda, Sócrates, Platón, Aristóteles, Confucio, Gandhi, por nombrar unos pocos, cumplieron ese rol, investidos por los hombres. A su vez, ellos tuvieron sus continuadores, aunque algunos puedan considerarse maestros de sí mismos. Los hijos son el reflejo de sus padres y los alumnos de sus maestros (siempre hay excepciones), de manera que ellos son nuestros primeros ejemplos (buenos o malos) porque “de tal palo, tal astilla”. La sociedad construye sus propios modelos. Un Olimpo de próceres saluda a la historia argentina. Cuando se habla de honradez, humildad, coherencia, coraje, decencia, se saca de la galera, por ejemplo, al médico Arturo Illia, un presidente que reunió esas virtudes, pero cuando gobernó muchos de los que hoy lo ponen en un pedestal no fueron capaces de defenderlo y menos de emularlo. Los citamos, los veneramos, pero casi nunca los imitamos. Será por eso quizás que desde hace más de 200 años, una crónica tempestad (que nosotros supimos conseguir) nos zarandea sin poder llegar a buen puerto.

Es el arquetipo digno de ser imitado que se toma como pauta a seguir. Toda sociedad tiene sus modelos, personas que se han destacado por sus cualidades morales, cívicas, de valentía o artísticas, que han abierto un camino. Se sostiene que en nuestro país escasean cada vez más los ejemplos en los que la juventud pueda verse reflejada. Si hay ausencia de modelos, ¿a qué se debe? ¿Estos surgen o los construye una comunidad? ¿Hay nuevos paradigmas? ¿Cuáles son? ¿Son necesarios? ¿Hacia dónde va una sociedad sin modelos?

> Son necesarios

Sandra Bulacio | Escritora

Los modelos a seguir en una sociedad tienen mucho valor; podemos aprender a ser mejores con nosotros mismos y la comunidad donde vivimos o enfrentar situaciones que nos pueden parecer insostenibles. En estos tiempos de crisis económicas y morales la sociedad está convulsionada y dar ejemplos a los jóvenes es difícil. Pero no podemos quedarnos con esto, debemos tener una mirada más profunda y para ello citaré una frase de un escritor húngaro Sandor Marai: “La vida no se puede soportar de otra manera sabiendo lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo”. Cito a Itzhak Perlman, considerado uno de los mejores violinistas de la segunda mitad del siglo XX. Contrajo poliomielitis a los cuatro años, viéndose en la necesidad de utilizar muletas para poder desplazarse y por ello toca el violín de sentado. Considero que los arquetipos se construyen a sí mismos, como dice Sandor Marai, conformándonos a nosotros mismos y el mundo. Otro ejemplo es el joven santiagueño Roberto Díaz Chevalier, estudiante de Ingeniería y escritor. Con 23 años lleva escrito cinco libros de ciencia ficción y además tuvo una experiencia de trabajo internacional en 2016, en el centro de aprendizaje Deep Portage, de Hackensack; Minnesota, EE.UU., de donde regresó con recomendaciones y felicitaciones. Y claro que los modelos son necesarios a la comunidad, nos alegra saber de jóvenes talentos que salen de nuestras escuelas y de nuestras universidades. Una sociedad sin modelos no tiene futuro.

> ¿Cuál es el ideal?

Pablo Mellace | Actor

¿Acaso puede existir una sociedad sin modelos? ¿Puede ser un modelo el que no haya modelo? ¿Cuál es el modelo ideal para la sociedad? ¿Existe un solo tipo de modelo? ¿Quiénes pueden ser modelo, quién dice quién puede ser modelo? ¿Qué es ser un modelo? ¿Un modelo da respuestas a las preguntas? ¿Conviene un modelo que dé respuestas o uno que genere preguntas? ¿Un ser humano puede ser modelo o eso es cosa de los superhéroes? ¿Dónde quedaron San Martín y Belgrano, Atahualpa y Gardel, qué pasa con Maradona y Messi, que pensarán Patoruzú y Mafalda? De niño tuve modelos a imitar, los cercanos eran mi padre y mi entrenador de rugby, y de la tele, los cowboys americanos, de adolescente eran mis cantantes preferidos, Charly, Spinetta. De más grande mis maestros de teatro, ahora ya creo que ninguno de ellos me sirve de modelo o más bien rescato un pedacito de cada uno y configuro un modelo ideal, uno que sea perfecto que solo exista en mi imaginación. Ya de grande se sabe, todos cometieron errores, eran humanos. Entonces mi pregunta es: ¿qué modelos tienen hoy las personas que necesitan modelo? Si ya mis modelos están muertos o muy demacrados como para seguir siendo modelos de alguien, ¿dónde encuentran los modelos los más jóvenes? ¿Encuentran modelos los más jóvenes? Seguramente que sí, seguramente en lugares y espacios desconocidos para mí o para nosotros, en el ciber espacio quizás. Como diría el modelo ochentero de Cerati, “un modelo para armar, pero nunca para desarmar”.

> El camino de liderazgo

Elena Pedicone | Doctora en Letras

Para el escritor español Javier Marías, estamos asistiendo al fin de lo que acostumbraba a llamarse “reputación”; a mucha gente la tiene sin cuidado lo que se piense o diga de ella, incluso cuando esté muerta. Aunque en algún sentido esto sea cierto y la falta de escrúpulos es moneda corriente -buena muestra es la política, espacio expuesto si los hay, en el que la mezquindad y el travestismo manchan el espíritu cívico-, me interesa recordar a los que lograron silenciosamente la trascendencia en nuestra memoria. Mayormente personas corrientes, que no aparecen en el foco de la escena ni en los medios. Habitan nuestra memoria, nunca vaciada de paradigmas, y se revelan como sombras iluminadoras a la hora de resolver contingencias. Seres inspiradores de circulación familiar y consumo doméstico, que ni muertos resultan anacrónicos. Un padre que contagia el entusiasmo por los libros con su lectura silenciosa; un señor decano que impregna de bonhomía el espacio académico de una Facultad de Filosofía y Letras; un personaje literario que sabe batallar contra molinos de viento (la ficción resulta ponderable fragua arquetípica), madres solas e hijos solos que ganan la partida. Y algo más: aquellos deportistas que ante una carrera plagada de altibajos, logran un milagro para el público no exento de belleza. Asumo que hay líderes en construcción; ojalá muchos de ellos salgan a la esfera de lo público y ensanchen el camino de liderazgo que otros ya han abierto en nuestro país; que dejen de habitar nuestro paisaje interior para proyectarse al ancho mundo que hoy, más que nunca, los necesita.

> Modestos arquetipos

Rodolfo Campero | Médico-Escritor

Las sociedades debieran resultar de la armonía de la doble condición humana, individual y colectiva. Ingresar en los dominios sociales supone cavilar obviedades, como si el hombre es en sí mismo un ser social, una especie enigmática o una utopía indescifrable incapaz de vivir en comunidad. Salvo casos notables, en nuestro pequeño mundo últimamente resulta arduo descubrir ejemplaridades. La malla de la historia ya no atrapa en su red demasiados arquetipos que provean orden social, desarrollo político o económico. Muchos dirigentes se asemejan a depredadores feudales que usufructúan del Estado para sí y sus filiaciones, perpetuándose con una muchedumbre adicta que ellos mismos han mareado hasta la beodez. No deseo caer en la trampa fácil del pesimismo, pero mientras no haya un gran esfuerzo para alcanzar objetivos morales seguiremos sumergiéndonos en esa densa brea que viene ahogando la calidad humana. La juventud no encuentra dónde abrevar semejanzas nobles, y sin ser yo joven, por iguales razones confieso no sentirme por completo un verdadero ciudadano. Los arquetipos no son novedades filosóficas; desde Carl Jung sabemos que nos desarrollamos en un contexto de patrones culturales que moldean la matriz de la personalidad, el comportamiento y el orden. Hasta las revoluciones más anárquicas son organizadas desde el vértice a la base por jerarquías o arquetipos. A lo largo de tiempos pasados nos honraron dirigentes ejemplares, honestos y cultos, con pensamientos creativos y férrea moral. No se trata de exigir patrones paradigmáticos; precisamos regresar a esos modestos arquetipos que nos aportaron ejemplaridad, soluciones a las necesidades auténticas, servicio al desarrollo social y fortaleza al sentido colectivo del bien común.

> PUNTO DE VISTA

Metas que desalientan

SIBILA CAMPS | Periodista

¿Cómo se establece qué personas son modelos dignos de ser imitados? ¿Quiénes lo determinan? Esas podrían ser preguntas iniciales para explicar una eventual falta de modelos… si hubiera sido formulada ochenta años atrás. Pero en la actualidad, la instauración o no de modelos está totalmente mediatizada -vg. producida o filtrada por los medios-, y casi siempre con criterios que responden a la “necesidad” de ganancias del medio y de sus avisadores; por lo tanto deberíamos preguntarnos por la legitimidad de los modelos que exponen, o de las críticas por su presunta ausencia.

Por lo general, los convalidados son individuos, hombres o mujeres que han alcanzado logros excepcionales, inalcanzables para la inmensa mayoría de las personas, a menudo por sus características corporales (belleza, aptitudes físicas) o favorecidos por condiciones socioeconómicas familiares. O bien, por el contrario, se pone como ejemplo a personas que viven en situación miserable y consiguieron graduarse en la universidad -lo que se da en llamar “meritocracia”-, cuando debería ponerse el acento en que nadie debería padecer esas carencias.

El ensalzar esas metas inalcanzables, lejos de estimular su imitación, la desalienta. ¿No caminaríamos rumbo a una sociedad mejor si la muestra incluyera a mujeres que mantienen comedores comunitarios? ¿A los amigos que en sus días francos manejan durante muchas horas para llevar una donación de útiles a escuelas rurales? ¿A la pareja que cría a hijos propios y sobrinos huérfanos por un femicidio? ¿A médicos y enfermeras que hacen malabares para superar la falta de insumos y equipamiento en su hospital? ¿A quienes sostienen una ONG para luchar contra la impunidad o contra las adicciones? ¿A quienes fundaron una biblioteca popular, o un taller para dar empleo a personas con discapacidad? Es decir, a hombres y mujeres cuyos esfuerzos están dirigidos a mejorar la vida del prójimo, y no al propio provecho ni a destacarse por encima de los demás.

Desconocidos y desconocidas ilustres hay por miles y miles. Solo se requiere darles públicamente el valor que se merecen.

> PUNTO DE VISTA

La ausencia o los falsos modelos

MARTA GEREZ AMBERTÍN | Posdoctora en Psicoanálisis 

A la aparente “ausencia de modelos” se le atribuye casi todos los males actuales, pero el problema no es la ausencia sino la omnipresencia de un “modelo”: el de quien puede acceder a todo lo que está a la venta. Si para Platón éramos “marionetas de los dioses”, ahora somos marionetas del mercado que ha impuesto la versión de que la verdadera vida es aquella donde se disfruta de todo lo (supuestamente) “bueno”: ropa, autos, casas, viajes... El arquetipo a ser imitado, el “modelo”, es aquel que se muestra con todas las chucherías comerciales: desde cierto corte de pelo a la más cara marca de zapatillas. Así, el problema, no es la ausencia de “modelos” sino que las/los “modelos” (agregaríamos futbolistas, cantantes, presentadores televisivos) sean el modelo a imitar, y no por su (generalmente escaso) talento sino por su “look”. Falsos principios producen falsos “modelos”.

¿Cuál es el secreto de Finlandia cuyos estudiantes logran el mejor promedio en las calificaciones de ciencia y lectura de todo el mundo desarrollado?: la docencia es una carrera prestigiosa y se valora mucho a los maestros. Lo sabía don José de San Martín: “La instrucción pública es la primera necesidad de las sociedades: el Gobierno que no la fomenta comete un crimen...” Aquí no hay semana donde alguno no resulte agredido por alumnos o padres o la policía. ¿Quién desea imitar al maestro Fuentealba -asesinado en una protesta- o a la directora muerta por la explosión de una garrafa mientras preparaba el desayuno para sus alumnos? Sigue vigente el tango: “da lo mismo un burro que un gran profesor”; más aún, si el burro “luce” como el marketing indica que se debe lucir, él es el “modelo” a imitar, y eso porque siempre los humanos han deseado obtener reconocimiento social lo cual, en nuestras mercantilizadas sociedades, solo se consigue accediendo a los bienes más caros. Pero así como los bienes más costosos no son lo más valioso, los “modelos” del mercado no son los “modelos” que hacen de un país una Patria. Las producciones más importantes de la humanidad han sido creadas contra la lógica del comercio y sobre la base de talento, esfuerzo, solidaridad y compromiso social. Sobran en nuestra historia y en el presente estos verdaderos “modelos” a imitar. Cuando consigamos hacerlo tendremos Patria.

> Sobre ídolos y héroes

DONATO ALBERTO CALLiERA | Humorista

* Sarmiento, un simple maestro, pudo llegar a presidente de la Nación. Hoy en día un maestro no puede llegar ni a fin de mes.

* Si Dios fuera argentino, la Creación andaría recién en el segundo o tercer día.

* En nuestro país el patriotismo es inversamente proporcional al patrimonio.

* El general Belgrano ganó la batalla de Tucumán y en agradecimiento al club de fútbol de la Ciudadela le pusieron San Martín.

* Un caminante andaba por el desierto y encontró la famosa Lámpara de Aladino. Emergió el Genio y le concedió tres deseos.

- Salud, dinero y… otra lámpara.

- ¿Para qué otra?

- Para pedir más.

- Seré curioso -expresó el Genio-, ¿usted es argentino?

- Sí.

- Claro, la tradicional viveza criolla.

* Si así no lo hiciéreis… que Dios y la Patria no se enteren.

* Messi, Ginobili y Pelli, entre otros compatriotas, para tener éxito y vivir tranquilos tuvieron que irse del país.

* Si Hércules renaciera en Argentina estaría sin trabajo.

* En nuestro país la realidad política supera la ficción de Netflix.

* En Tucumán nos declaramos independientes de España y de otra potencia extranjera… menos del FMI.

* Si los argentinos tuviéramos la tecnología de los norteamericanos, la organización de los alemanes y la paciencia de los chinos, entonces… seríamos japoneses.

* En realidad, Tato Bores era sociólogo, economista y politólogo, pero tuvo que disfrazarse de humorista para decir las cosas en serio.

* Si Juan Bautista Alberdi volviera a la vida y leyera la actual constitución de Tucumán, se muere de un infarto.

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