Galopando contra la pobreza

Para muchos chicos, la Escuela de Aprendices que funciona en el hipódromo es una de las pocas alternativas que tienen para una salida laboral. Los aspirantes a jinetes se ilusionan con triunfar en esta difícil actividad y así ayudar a sus familias a tener una mejor calidad de vida.

18 Abr 2019 Por Carlos Chirino

Casi todos vienen de contextos muy humildes. Se ilusionan con poder ser jockey y de esa forma abandonar la pobreza y poder ayudar a sus familias a tener una mejor calidad de vida. “Me encantaría ser jinete, ganar muchas carreras y tener una casa propia donde viva con mi mamá y mis hermanos”, cuenta Carlos Francisco Schultheis (15 años) uno de los 18 chicos que asisten diariamente a la Escuela de Aprendices “José Faustino Bollea” que funciona en el circo hípico local.

De la “escuelita”, que fue fundada en 2003 bajo la gestión de María del Carmen “Maruja” Ramírez, ya egresaron 57 pilotos, de los que se destaca Osvaldo Adrián Alderete, radicado en Buenos Aires y ganador en 2017 con Puerto Escondido del Gran Premio “Carlos Pellegrini” en San Isidro, la carrera más importante de América del Sur.

NO DEBUTÓ. Francisco Brito tiene 12 años y ya muestra excelente condiciones como aspirante a jinete. foto de patricio videla

Para la mayoría de los aspirantes a jinetes, “Fleco” Alderete es un ejemplo a seguir. “Mi sueño es ser como ‘Fleco’, que antes de ser jockey vendía verduras en un carrito y hoy es uno de los mejores jinetes del país. Espero algún día para poder ayudar a toda mi familia. Me encantaría tener una casa y dejar de vivir en un stud del hipódromo”, dijo Francisco Brito (12 años), que vive junto a su papá, su mamá y cinco hermanos.

“Desde que soy chiquito que me gustan los caballos. No soy de la zona del hipódromo, ya que vivo en Los Vallistos, pero el jockey Matías Basualdo me motivó para que venga. Y la verdad es que tengo una ilusión muy grande. Ya me otorgaron el permiso para que comience a correr y con lo poquito que gano, más las propinas que me dan los propietarios y los cuidadores, ayudo en mi casa para comer. Somos seis hermanos y mi mamá, que no tiene trabajo. Con lo que yo aporto y con lo que gana mi hermano de 17 años, que es ayudante de albañil, comemos”, reveló Cristian Rojas (15 años), que dejó de vender verduras junto con su tío para ingresar en el mundo del turf.

DE LOS VALLISTOS. Rojas recibió un permiso y ya compitió en más de 15 carreras.

Ser jockey no es fácil, aunque está claro que ayuda a tener una salida laboral inmediata. “Sabemos que tenemos que ser responsables. Llueva, haga frío o calor, tenemos que estar todos los días para ejercitar los caballos. Además debemos ser cuidadosos con la alimentación, porque no podemos excedernos en el peso. No hay otra opción si la idea es progresar”, reconoce Marcos Navarro (14 años), que a pesar de un adolescente es el sostén de su familia. “Mi mamá trabaja dos días a la semana en una casa de familia, por eso con mi hermano Facundo que es jinete, ayudamos para tener todos los días la comida. En mi casa somos cinco y la cosa está bien difícil”, agregó.

ASCENSO. Navarro está cerca de egresar de la escuela.

Los requisitos para ingresar a la escuela son tener la primaria terminada o en curso y pesar menos de 52 kilos. Las clases se dictan todos los días en horario matutino en el circo hípico ubicado en avenida Irineo Leguisamo. Rubén Moisello, delegado del hipódromo, contó más detalles sobre la escuela. “A la enseñanza de las teorías y prácticas del oficio en sí, mediante elementos mecánicos y a la monta en caballos, se sumó recientemente la educación física, con personal profesional perteneciente al propio hipódromo. Entre los proyectos de corto plazo, se encuentra la construcción de una nueva aula, de un gimnasio y de un gabinete de uso múltiple”, explicó Moisello. “Además crearemos el área de nutrición, donde el objetivo principal será realizar la educación alimentaria y un seguimiento antropométrico para mejorar el rendimiento deportivo de los jockeys aprendices, preservando la salud. Estos deportistas presentan déficits nutricionales debido a la exigencia de cumplimento de peso para poder competir. El objetivo será educarlos para poder alcanzar el peso específico sin dejar de lado la salud. Esto permitirá mejorar su destreza en el deporte y en definitiva tener una mejorar calidad de vida”, agregó el dirigente.

“Los chicos diariamente reciben su desayuno y cuentan con un entorno de profesores de equitación, médico deportólogo, profesor de educación física, sala de enfermería para primeros auxilios, ambulancia y funcionarios que los capacitan en todo lo referido a pautas reglamentarias. Cada mañana realizan una intensa rutina de entrenamientos con los caballos en las dos pistas del hipódromo, recibiendo consejos de entrenadores capacitados en su oficio”, reveló Luis Monti, director de la escuela.

BUENA POSTURA. Schultheis podría correr en mayo. la gaceta / fotos de antonio ferroni

Las adicciones son un tema que preocupa a los dirigentes. “Los caballos te ayudan a alejarte de las cosas malas. Yo fumé marihuana y también consumí alita de mosca (cocaína). Por suerte estoy cambiando. Quiero salir adelante, por el bien mío y el de toda mi familia. Tengo fe en que voy a poder lograrlo. Con trabajo y sacrificio voy a hacer realidad mi sueño”, dijo “Tapón” Schultheis, revelando lo que pocos se animan. “La mayoría son jóvenes considerados dentro de grupos de riesgo. Queremos crear un área de prevención de adicciones. La tarea apunta a prevenir el consumo temprano del cigarrillo, drogas y alcohol. Personal especializado tendrá a cargo esta materia. Y como proyecto a largo plazo está en la creación de una escuela avalada por la Secretaría de Eduación de la Provincia, con una currícula adaptada a los tiempos que corren, donde obtengan un título oficial y que la posibilidad como salida laboral de ser jockey profesional sea una extensión a la educación integral”, señaló Moisello.

“Quienes no tienen la suerte de ser jinetes, cuentan con otras opciones de trabajo, a partir de empezar con esta escuela de aprendices. Si muestran temple y dedicación, continuarán desempeñándose como vareadores o peones de stud; como domadores o herradores que es una variante muy lucrativa en el turf. Y cuentan con más variantes de trabajo como ser personal de apoyo de transportistas, de forrajeros o empleados de mantenimiento de pistas, entre otras cosas”, explicó Monti.

Los chicos alimentan día a día sus sueños de ser jockey y de sacar a sus familias de la pobrera. ¡Que sus sueños se hagan realidad!

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