Hojeando el diario: se inaugura el parque Nicolás Avellaneda

09 Abr 2019 Por Manuel Riva

MANUEL RIVA

LA GACETA

“Sobre ocho manzanas, en el lugar en que se hallaba el antiguo Jardín Zoológico y el vivero municipal, se ha construido un parque hermosísimo; sus canteros ricos en árboles y plantas, sus macizos de flores, las veredas amplias y cubiertas de polvo de ladrillo que les da un color magnífico a sus monumentos levantados; su rotonda para las retretas y por último su admirable pileta de natación, le convierten en uno de los paseos más importantes y bellos de nuestra capital, que puede sentirse orgullosa”, con estas palabras nuestro diario anunciaba la inauguración del parque Nicolás Avellaneda que ocurriera el 24 de marzo de 1929.

- CEREMONIA. A la derecha el intendente Nougués lee su discurso. El público mira las pruebas de natación.-

La ceremonia reunió a “todo Tucumán” que se dio cita en el lugar para conocer y recorrer el flamante parque. El acto fue encabezado por el intendente Juan Luis Nougués quien expresó que “nada mejor para darle nombre que evocar el del ilustre estadista Nicolás Avellaneda, que pusiera todo su empeño en la creación del parque Sarmiento que es hoy un orgullo de Buenos Aires”. Junto al intendente estuvo también el gobernador José Sortheix. Tras las palabras de Nougués se descubrió el busto del ex presidente. Tras ello el público recorrió hasta los más recónditos rincones que “pone en el ambiente una nota de color y de belleza”. La banda de música del Cuerpo de Bomberos se instaló en la rotonda desde donde interpretó un alegre repertorio que fue muy festejados por los presentes. Se dispuso un servicio de ómnibus gratuitos para llegar hasta el paseo.

- LA PISCINA.-

Servicio de colectivos

Los móviles partían desde plaza Independencia. El servicio se dirigía por 24 de Setiembre, la dirección era contraria a la actual, hasta empalmar con Mate de Luna. Había una parada “en la calle que colinda con la pileta”, que como vemos todavía no tenía nombre y que en la actualidad es Paso de los Andes. Luego doblada por Las Heras, hoy San Martín, hacia el centro (sentido inverso a actual). Retomaba hacia Mate de Luna por la calle Comandante Ramón Franco (por ordenanza de 1926), que cambió en 1931 por su actual de 12 de Octubre. Iba hasta Marco Avellaneda donde doblada nuevamente en Las Heras para volver a la plaza Independencia.

- LA CONFITERÍA.-

“El edificio de la confitería, de puro estilo colonial; es una hermosa construcción que se vio invadida por innumerables personas que, agitadas por las actividades del paseo acudieron a reconfortar sus fuerzas o a lograr un refrigerio”. Otro aspecto destacable era la iluminación que “al entrar la noche presentó un aspecto admirable; faroles y guirnaldas de focos de luz eléctrica dieron al paseo una extraordinaria claridad que contribuyó a la belleza de la fiesta”. Se descubrió otro busto, el del poeta uruguayo Antonino Lamberti ejecutado por el artista local Juan Carlos Iramain. “La figura de este lírico que viviera en más de una ocasión en Tucumán, donde encontró la muerte hace dos años, ha sido perpetuada en el bronce” expresaba la crónica. Lamberti murió mientras departía con un grupo en el hotel Savoy. Su muerte se produjo el 23 de setiembre de 1926 y sus restos dejaron nuestra provincia al día siguiente. En cuanto al busto y su pedestal, según relata Carlos Páez de la Torre (h) “un día de los años 1950 o 1960 desaparecieron sin dejar rastros”.

Para la inauguración del natatorio el Club de Natación del Gimnasio 9 de Julio organizó un torneo que se extendió durante toda el día. Hubo pruebas de velocidad, saltos ornamentales y de nado en apnea.

- ESPECIES VEGETALES.-

El zoo y su elefanta

Allá por 1916 la elefanta Ernestina puso sus cuatro patas aquí. El paquidermo, un regalo del entonces gobernador Ernesto Padilla, pronto se “apropió” del Jardín Zoológico que funcionaba al lado del Cementerio del Oeste, en el predio que luego ocupó el parque. Ernestina fue un acontecimiento desde que llegó. Pese a todo a comienzos de 1920, el establecimiento comenzase a decaer. “Las deficitarias administraciones municipales no tenían tiempo ni fondos para ocuparse de esa atracción. Una nota de mayo de 1927 denunciaba la falta de cuidado del lugar, así como lo desvencijado de las jaulas”, recordó Páez de la Torre (h). En 1928, Nougués incluyó la construcción del parque, que abarcaba los terrenos del zoológico. Este debió ser trasladado y se decidió por el parque 9 de Julio. La medida se cumplió a comienzos de 1930. Pero Ernestina se negó a mudarse. Así es que la elefanta quedó viviendo en una ruinosa choza, en la zona conocida como “los viejos Mataderos”, es decir por los fondos del Instituto Antirrábico, y encadenada, para evitar que causara destrozos. Solamente el “amor” pudo sacarla de allí cuando conoció a King, que trabajaba en un circo, y se fue con él.

EL VIEJO ZOOLÓGICO. La imagen tomada hacia 1907 muestra una cebra detrás del visitante.-

El nuevo paseo

Nuestro cronista consideró que el parque era “un bello rincón tucumano” que “pone una pincelada de buen gusto y una nota artística en el aspecto edilicio de Tucumán”. Agregaba que “este moderno paseo constituye una agrupación de hermosos cuadros naturales llevados al relieve sobresaliente en un nuevo y floreciente barrio que está llamado a ser centro de expansiones”. En referencia a los detalles se indicaba que “la disposición de los innúmeros parterres y jardines, dan un aspecto de evidente progreso edilicio, donde a simple vista puede apreciarse el propósito que ha primado de ofrecer al público un rincón rico en bellezas naturales”. Y destacaba que el paseo no tenía nada que envidiarle a otros parques de otras ciudades de nuestro país. Y pedía al final que corresponde al público “el cuidado y la conservación del Parque Avellaneda”.

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