25 años después, un documental analiza el caso Lorena Bobbitt

La violencia doméstica que sufría llevó a la mujer a castrar a su marido con un cuchillo.

AYER Y HOY. Lorena Bobbitt tenía 23 años cuando ocurrió el sangriento episodio. Ahora, a los 48, dio otra vez su testimonio sobre lo sucedido.  AYER Y HOY. Lorena Bobbitt tenía 23 años cuando ocurrió el sangriento episodio. Ahora, a los 48, dio otra vez su testimonio sobre lo sucedido.
05 Marzo 2019

“Pasé por este infierno y hoy digo a las mujeres: no están solas, pueden huir de la violencia doméstica si quieren y tomar las riendas de vuestra vida, tal como yo hice”, expresa Lorena Bobbitt en el documental de cuatro capítulos que estrenó hace pocas semanas la plataforma Prime Video. El testimonio le otorga un nuevo significado al resonante caso ocurrido hace 25 años. En ese momento, los medios se regodearon con el lado sensacionalista de la noticia: en un pueblito de Virginia (EE.UU.), una joven esposa le había amputado el pene a su marido con un cuchillo de cocina y lo había arrojado a la calle. Él era un ex marine pendenciero y con pocas luces, y ella una inmigrante ecuatoriana. El trasfondo de violencia doméstica quedó opacado por las ironías y los detalles escabrosos de la castración.

Los realizadores del documental “Lorena” (dirigido por Joshua Rofé y producido por Jordan Peele) entrevistaron a todos los que estuvieron involucrados en la investigación: policías, médicos, abogados, federales, y a ambos protagonistas, que vuelven a contar su historia con tranquilidad y defienden cada uno su versión de los hechos.

Alcoholismo y maltrato

Lorena conoció a John en la base aérea de Quantico, y se casaron tras un año de noviazgo. Después de que dejó la marina, él trabajó como taxista y frecuentó el alcoholismo, lo que fue destruyendo la relación. Una noche, después de una larga historia de discusiones y violencia física, sucedieron los hechos. Ella cuenta en el documental que estaba en la cama cuando entró su marido y un amigo, ambos borrachos. El amigo se durmió en el sofá y John entró en la habitación: “Se puso encima de mí, me agarró los brazos con fuerza, como era hábito. Intenté alejarlo, pero no lo conseguí. Le dije que no quería tener sexo, pero él no me escuchó. Al final, empecé a llorar, me sentía avergonzada y humillada “, explicó. Minutos después, se fue a la cocina.

“De repente, vi el cuchillo, empecé a pensar en muchas cosas al mismo tiempo: en el aborto (John la había obligado a abortar semanas antes), en las cosas que él me había dicho sobre ser mala madre, las constantes violaciones. Volví a la habitación, levanté las sábanas y corté -relató-. ¿Por qué el pene? No sé, sólo sé que él me hizo daño y me acuerdo de oír su voz en mi cabeza: ‘Voy detrás de ti hasta el final del mundo y tendrás que tener sexo conmigo’”.

Lorena huyó de su casa en el auto, conduciendo sin rumbo después de tirar el pene por la ventanilla, hasta llegar a la casa de su jefa, Joanna. Su esposo ingresó en el hospital y, tras una minuciosa búsqueda por parte de la Policía y una cirugía que duró nueve horas, consiguió que su órgano sexual fuera reimplantado.

Se cae la máscara

La serie narra los dos juicios -el de él, por violación; el de ella, por agresión física-, el circo mediático, el después de las sentencias. En el trasfondo del relato asoma el opresivo contexto doméstico que padecía Lorena. El tema va adquiriendo gradual importancia a partir de la observación del material de archivo. La verdadera índole de John Wayne Bobbitt, especie de cowboy petulante y grotesco, se revela a través de la perplejidad que despiertan sus testimonios. Se derrumba su imagen inicial de víctima indefensa.

El último capítulo recopila cómo ambos protagonistas volvieron a la vida cotidiana, John como estrella pornográfica y Lorena como presidenta de la organización Lorena’s Red Wagon, dedicada a conseguir recursos para mujeres maltratadas.

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