La cultura de la infracción en el estacionamiento

LA  GACETA
Por LA GACETA 15 Febrero 2019

En los comentarios editoriales, si son críticos, lamentablemente resulta imposible evitar las repeticiones. Sucede que los temas continúan vigentes en el tiempo, y es tarea de la prensa puntualizar que existen y que es necesario corregirlos. Resulta más que representativa de tal situación la indiferencia hacia la prohibición de estacionamiento en varias calles de San Miguel de Tucumán. No hay más remedio que tocar nuevamente tan remanido asunto.

Nuestras arterias, en el radio céntrico delimitado por Santiago del Estero, Salta, General Paz y Sáenz Peña-Avellaneda, tienen el mismo ancho que se les fijó hace más de tres siglos, cuando se instaló aquí nuestra ciudad. No es necesario amontonar comentarios sobre lo que semejante situación representa, cuando el paso de jinetes y carruajes de la colonia ha sido sustituido, hace ya mucho tiempo, por un torbellino de autos de todo porte, motocicletas y bicicletas, obligados a circular encorsetados por el mismo espacio.

Sabemos que, algunas veces convocados por la autoridad y otras veces espontáneamente, diversos expertos han aconsejado estrategias para solucionar las dificultades -cada vez de mayor envergadura- que presenta la circulación de automotores entre nosotros. No sabemos que algunas de esas sugerencias se haya puesto en marcha; o que, si así ocurrió, hayan funcionado. Al contrario, se han establecido mayores dificultades, al convertirse varias arterias en peatonales, en las últimas décadas.

Lo dramático es que ni siquiera funciona -y a esto quiere referirse nuestro comentario- el más elemental de los arbitrios para aligerar el tránsito, que es prohibir el estacionamiento en determinadas calles y durante las horas hábiles. Obvio es decir que se trata de un recurso sobremanera comprensible, para lograr que la arteria respectiva, a pesar de su estrechez, permita que los vehículos circulen por la totalidad de su espacio, dotando así de una cierta fluidez al torrente.

Pero sucede que ese recaudo carece totalmente de vigencia en San Miguel de Tucumán. Prácticamente no hay cuadra en que, a pesar del cartel metálico que veda el estacionamiento, esa disposición se cumpla. Y como no se divisa inspector municipal alguno que obligue al conductor a retirarse (además de levantarle el acta de infracción para la multa correspondiente), ni tampoco aparece la grúa que conduzca el vehículo al corralón, la realidad es que cada conductor estaciona donde se le da la gana. Agreguemos la detención en doble fila, que los taxis practican habitualmente en pleno centro, cuando algún particular les ha usurpado la parada.

Y como muchas áreas de la Municipalidad parecen funciona solamente en “horario comercial”, esa infracción llega, ni bien cae la noche, a los extremos. Es común ver, sobre todo en el barrio norte, autos estacionados durante horas en doble fila, porque su propietario ha resuelto sentarse en algún bar o restaurante, y quiere tener su vehículo a la vista.

Sería fatigoso enumerar mayores razonamientos para dejar clara la situación a encarar. Pensamos que la autoridad municipal debe decidirse, alguna vez, a terminar con esta intolerable situación y hacer cumplir ordenanzas conocidas por todos. Todo auto estacionado en infracción, debe ser removido por la grúa y a su conductor debe sancionárselo con fuertes multas. De otra manera, el tránsito de vehículos por las calles de San Miguel de Tucumán, proseguirá en una realidad de caos que no hará sino crecer.

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