20 Junio 2004 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El empeño mostrado por el Gobierno, en las últimas horas por difundir datos de la actividad económica, el empleo y la inversión, son una respuesta a las advertencias lanzadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) por la falta de acuerdo con los acreedores en la renegociación de la deuda pública.
Más allá de los dichos de Rodrigo Rato y de Anne Krueger, las advertencias de Washington deben servir a las autoridades para revisar lo que se hizo desde 2002 y, en todo caso, para corregir el rumbo.
Con el latiguillo de la inversión, el gobierno pretende demostrar que esta variable ha tenido un crecimiento del 50% en el último año. Si esto fuera así, la Argentina transitaría por un ciclo mejor que el de los primeros tres años de la convertibilidad, y los flujos de capital no pararían de llegar a estas playas. La bonanza sería tal que el famoso "deme dos" se habría multiplicado varias veces, se habrían fabricado más de medio millón de vehículos cero kilómetro y las villas miseria se habrían convertido en "countries".
Pero lejos del idilio y de la confusión oficial, lo que ha crecido en el primer trimestre del año en comparación con igual lapso del 2003 es el proceso de sustitución de importaciones. De todas formas y pese al mayor nivel de actividad -bienvenido sea-, la comparación se hace con un período en el cual gobernó en la Argentina una profunda inseguridad institucional y una marcada incertidumbre política previa a las elecciones presidenciales del 27 de abril del 2003. Para no abundar en detalles, en semejante escenario a ningún agente económico se le ocurrió cambiar siquiera un tornillo. Pero el proceso de sustitución de importaciones no significa necesariamente inversión.
Las inversiones se producen en un país cuando existe un conjunto de condiciones que le permitan a los agentes económicos evaluar que el capital invertido no corre riesgos y presenta una buena tasa de retorno.
¿Qué riesgos ? De todo tipo. Primero, que al gobierno de turno no se le ocurrirá gravarlo o penalizarlo. Segundo, que le asegure una salida en cualquier momento. Tercero, que le den garantías jurídicas de que no será confiscado. Cuarto, que se le otorgue seguridad física a los bienes y personas que llegan al país. En forma paralela, la tasa de retorno responderá a otro conjunto de variables más vinculadas al desarrollo del mercado y a la ecuación económico-financiera del emprendimiento.
¿El gobierno cumple con estas exigencias ? Primero, responde a los inversores "defaulteados" con que no pagará la integridad del capital colocado en deuda soberana. Segundo, el movimiento de capitales está restringido y fuertemente regulado. Tercero, ¿alguien recuerda en qué quedó la ley de intangibilidad de los depósitos o de los ahorros previsionales? Cuarto, la impunidad de los grupos piqueteros cuando dañan personas y bienes; por otra parte, el Gobierno fomenta el pago de rescate por personas secuestradas.
Sin cumplir con lo pactado, el país no es confiable y sin inversiones genuinas, la ilusión devaluatoria iniciada por el tándem Eduardo Duhalde-Néstor Kirchner comienza a desdibujarse y muestra su rostro más cruel. El aumento de la pobreza ya no sólo afecta a los jubilados, desocupados, subocupados y menesterosos sino que se apodera de aquellos que tienen empleo. Los últimos datos muestran que, pese al ligero descenso, la desocupación se ha convertido en un serio problema estructural. Pero si se ahonda un poco más en las estadísticas se podrá colegir en que los empleos generados en el último año responden a ocupados de escasa calificación y de una remuneración acorde con ella.
En otros términos, los salarios de muchos trabajadores no alcanzan a cubrir la canasta básica de consumo alimentario, lo cual coloca a miles de trabajadores bajo la línea de pobreza y en situación de alta vulnerabilidad social. (DyN)
Más allá de los dichos de Rodrigo Rato y de Anne Krueger, las advertencias de Washington deben servir a las autoridades para revisar lo que se hizo desde 2002 y, en todo caso, para corregir el rumbo.
Con el latiguillo de la inversión, el gobierno pretende demostrar que esta variable ha tenido un crecimiento del 50% en el último año. Si esto fuera así, la Argentina transitaría por un ciclo mejor que el de los primeros tres años de la convertibilidad, y los flujos de capital no pararían de llegar a estas playas. La bonanza sería tal que el famoso "deme dos" se habría multiplicado varias veces, se habrían fabricado más de medio millón de vehículos cero kilómetro y las villas miseria se habrían convertido en "countries".
Pero lejos del idilio y de la confusión oficial, lo que ha crecido en el primer trimestre del año en comparación con igual lapso del 2003 es el proceso de sustitución de importaciones. De todas formas y pese al mayor nivel de actividad -bienvenido sea-, la comparación se hace con un período en el cual gobernó en la Argentina una profunda inseguridad institucional y una marcada incertidumbre política previa a las elecciones presidenciales del 27 de abril del 2003. Para no abundar en detalles, en semejante escenario a ningún agente económico se le ocurrió cambiar siquiera un tornillo. Pero el proceso de sustitución de importaciones no significa necesariamente inversión.
Las inversiones se producen en un país cuando existe un conjunto de condiciones que le permitan a los agentes económicos evaluar que el capital invertido no corre riesgos y presenta una buena tasa de retorno.
¿Qué riesgos ? De todo tipo. Primero, que al gobierno de turno no se le ocurrirá gravarlo o penalizarlo. Segundo, que le asegure una salida en cualquier momento. Tercero, que le den garantías jurídicas de que no será confiscado. Cuarto, que se le otorgue seguridad física a los bienes y personas que llegan al país. En forma paralela, la tasa de retorno responderá a otro conjunto de variables más vinculadas al desarrollo del mercado y a la ecuación económico-financiera del emprendimiento.
¿El gobierno cumple con estas exigencias ? Primero, responde a los inversores "defaulteados" con que no pagará la integridad del capital colocado en deuda soberana. Segundo, el movimiento de capitales está restringido y fuertemente regulado. Tercero, ¿alguien recuerda en qué quedó la ley de intangibilidad de los depósitos o de los ahorros previsionales? Cuarto, la impunidad de los grupos piqueteros cuando dañan personas y bienes; por otra parte, el Gobierno fomenta el pago de rescate por personas secuestradas.
Sin cumplir con lo pactado, el país no es confiable y sin inversiones genuinas, la ilusión devaluatoria iniciada por el tándem Eduardo Duhalde-Néstor Kirchner comienza a desdibujarse y muestra su rostro más cruel. El aumento de la pobreza ya no sólo afecta a los jubilados, desocupados, subocupados y menesterosos sino que se apodera de aquellos que tienen empleo. Los últimos datos muestran que, pese al ligero descenso, la desocupación se ha convertido en un serio problema estructural. Pero si se ahonda un poco más en las estadísticas se podrá colegir en que los empleos generados en el último año responden a ocupados de escasa calificación y de una remuneración acorde con ella.
En otros términos, los salarios de muchos trabajadores no alcanzan a cubrir la canasta básica de consumo alimentario, lo cual coloca a miles de trabajadores bajo la línea de pobreza y en situación de alta vulnerabilidad social. (DyN)







