Militantes de la duda

12 Ene 2019 Por Juan Manuel Asis

El asunto es sencillo. Se vienen las votaciones, prepárese. Aunque lejanas, no permita que las elecciones venideras sean una trampa, que se conviertan en el anzuelo que sólo le deje seguir nadando en el fondo. No posibilite que lo enreden en falsas opciones y que le dibujen soluciones simplistas con promesas oportunistas, tache a los demagogos. No se deje engañar por los que sólo piensan en sí mismos. No llegue a votar con bronca -ni de apuro, como sacándose un peso de encima-, ni con resentimientos; no se resigne. No sufrague siempre con la ceguera que provoca la pasión. No descarte rápido ni al que opina distinto y cree que no lo representa. No se ilusione fácil y tampoco piense en sí mismo, egoístamente, creyendo que podrá sacar alguna ventajita ocasional.

Si todos y cada uno actuaren en función de los privilegios que podría obtener, el perjuicio sería generalizado. El individualismo debería dar lugar a lo colectivo. Si hay que salvarse, que sea entre todos, entonces. Mire con desconfianza a los dirigentes que ya están actuando, pero también juzgue su propio rol en la historia. Los comicios deben ser una oportunidad, la mejor pero para todos, no para unos cuantos. Piense en el país, en su provincia. En la conveniencia mayoritaria. No deje su definición personal para el último minuto.

Observe, escuche, lea, preste atención, pero no a los discursos armados para satisfacer el momento o para la chicana inteligente o barata; ríase de las picardías pero no las aplauda, deténgase en aquellos que tengan una visión comprometida con el futuro, que contemplen una planificación a corto o a largo plazo, pero con el anexo de lo que se tiene que hacer, que aunque le exponga que si bien tendrá que hacer esfuerzos -como siempre- por lo menos dentro de seis, 12 o 18 meses se verán los resultados a partir de lo que dijo que va a hacer. Que no le mencionen la palabra semestre, que ha caído en desgracia conceptual.

Exija detalles, dude del espíritu vendedor que anima a los dirigentes políticos ambiciosos, no se convenza fácil, hágasela difícil al que le acerca soluciones mágicas y reclámele precisiones: cómo, cuándo, con qué, con quiénes, para quiénes, en qué plazos, previsiones y objetivos, con qué intenciones. Tómele examen. No se someta rápidamente a sus encantos, tome distancia de la parafernalia electoral que ya quiere envolver a todos, empiece ahora a practicar inconformismo, comprométase con sí mismo, no rife su voto, elija a conciencia, convencido de que aquel al que le va a depositar su confianza no lo defraudará porque obrará para todos. Porque como dice la gastada frase, si al país le va bien, a todos nos irá bien. Para eso, elija bien. Eso es anterior, previo, clave. De lo menor a lo mayor, sino seguiremos como siempre, parece que yendo hacia adelante, pero a los tumbos.

Mire a quien quiere recoger y usufructuar lo mejor de los que pasaron para progresar, no para instalar nuevos relatos para beneficiarse a sí mismo, a su grupo de amigos o de influencia económica. ¿Difícil? Más que eso; complicado, agotador, y sí, casi imposible. Pero, se deberá coincidir, necesario. Siempre lo fue, y por más que el pueblo nunca se equivoca, sufre las consecuencias negativas de las gestiones que no dan pie con bola.

Es que la combinación entre un una buena elección y las derivaciones de las políticas aplicadas por los elegidos no siempre suma en favor de todos; siempre hay perjudicados. Y beneficiados, claro. El desafío, yendo a un pragmatismo extremo, crudamente realista, es que los últimos resulten más que los afectados y que estos, sean cada vez menos.

Examine un programa, desmenúcelo hasta que le parezca serio y que no se agote en un slogan de campaña como pobreza cero. Desgraciadamente, en el país los pobres aumentan o se mantienen en porcentajes que constituyen una afrenta, una vergüenza nacional. Ese 33% empobrecido está muy lejos de aquel socialmente justo que se proclamara durante el siglo pasado y que es el mayor desafío que se le presenta hoy a los que desean gobernar el país o la provincia: mejorar las condiciones de vida de los que menos o nada tienen y poseen.

¿Estará entre los que se van a presentar como candidatos aquel que sepa cómo hacer para que la realidad se modifique y que todos estén un poco mejor, día a día? Habrá uno mejor que otro, mejor intencionado, con un programa solvente bajo el brazo, con ganas de pensar en el otro, de mirarse en sus necesidades y de actuar en consecuencia, con una visión que encamine a la sociedad hacia el desarrollo progresivo, puede estar entre los conocidos o los que aún no se conocen. Algún tapadito, tal vez.

Aquí, en este punto, elector, invierta el orden, no se deje atropellar por la propaganda masiva de las redes sociales; úselas en su favor para buscar, para conocer, para exigir. Empiece ahora. Invierta el paradigma, no le permita entrar a su casa al vendedor, salga a elegir el mejor producto, no se deje avasallar por el proselitismo que se agota en imágenes o frases repetidas; rompa esa frontera, invada los campos de los contendientes, observe si están capacitados y preparados, si tienen las armas y la inteligencia suficientes como para que usted se arriesgue por ellos.

¿Un líder?, ¿un caudillo?, ¿un jefe? No es suficiente el carisma, es más importante la idea, la nobleza de sus propósitos, descubrir que prima la vocación de servicio y el desinterés propio, que su intención es el bienestar de todos. ¿Quijotesco? Y sí, pero, como antes, necesario. Invádalos si puede, no les abra tan fácilmente la tranquera; exíjales compromiso, mírelos a los ojos, no se deje tentar dócilmente, si cree que le están mintiendo, dígaselo; muéstrele que no será un elector sencillo de convencer, pero más que nada que va a ser un ciudadano que estará detrás de sus pasos, midiendo sus promesas, esperando que se cumplan o bien corroborando sus mentiras.

Haga que transpiren la camiseta, enloquézcalos a través de Twitter o Facebook, oblíguelos a que le digan cómo harán para que este país progrese en unidad y sin desencuentros. Sea un militante de la duda hasta el último momento de ir a depositar su sufragio, dele importancia a esa boleta que dejará en la urna porque irá cargada de esperanzas, pero sostenida en una lucecita de convencimiento de que eligió a quien estima que puede pensar en todos. Que su elección sea producto de una búsqueda intensa por elegir al mejor o al más conveniente según la hora del país entre todos los candidatos.

Si uno lo hace, si dos lo hacen, tres, diez, cien o miles lo intentan; el mensaje va a ser más que contundente sobre las reales pretensiones y aspiraciones de la ciudadanía; téngase por seguro que se habrá dado un salto enorme como sociedad, que se trasuntará en mayor calidad institucional por el mejor nivel dirigencial que puede derivar; pero porque usted, elector, también se preocupó. Si no lo hace, se volverá a la Argentina que parece normal, la que vive en estado de queja y de acusaciones permanentes, porque aquí se ha resuelto que siempre tiene que haber culpables, y que esos siempre deben ser los otros. No hay culpas compartidas, como tampoco triunfos compartidos; los errores y los aciertos son sectarios y excluyentes.

Dígales a esos “fracturadores profesionales” que están dispuestos a caminar junto al adversario en pos de la unidad nacional y de promover el bienestar general; como reza la Constitución nacional. A no ser que también se quiera declarar anticonstitucional el preámbulo. Porque esa es la distracción nacional, por no decir el gran circo que han montado unos pocos a los fines de sobrevivir de las peleas en cualquier ámbito. Las alimentan. Elíjase la actividad que sea, y el suceso por mínimo que resulte, y rápidamente se advertirá que se imponen los expertos de la cizaña. El gran deporte nacional.

Por eso la grieta tiene el sello de autenticidad criollo, de pura cepa argentina, es la división llevada hasta los extremos, hasta la irreconciliación, porque parece que es lo más cómodo a la naturaleza nacional. Todos unidos triunfaremos suena lindo en una canción, pero no se transfiere a la actuación terrenal. ¿Por qué será más fácil pelear, dividir, que unirse por el bien de todos? Alguien diría “es negocio”. Sí, claro, pero de unos pocos. Sucede porque el resto se lo permite, y porque se suma alegremente a esa disputa de fanáticos sin saber poner un freno a la pasión que los obnubila.

No lo permita más, por el bien de todos, por la salud de la democracia; exija a la dirigencia roles conciliadores, que cedan pretensiones en aras del bien común, que conviertan a la humildad nuevamente en un valor, pero sobre todo que piensen en todos, sin sectarismos ni exclusiones. ¿Difícil? Tremendamente difícil, hasta casi imposible si vemos la historia del país, de la grieta reciente y la del siglo pasado escrita en sangre.

El elector tendrá este año una nueva oportunidad y la mejor arma que le puede proporcionar la democracia: el voto. Vino ejerciendo su derecho y el país está como está, con índices que mejoran, empeoran o se desbarrancan. Lo más fácil para salir del paso a la hora de los análisis es acusar de los fracasos a los que tuvieron responsabilidades gubernamentales; pero también hay que detenerse en un pequeño detalle: llegaron a ejercer por la voluntad popular. Si hubo equivocaciones, porque el combo entre lo que se eligió y lo que sucedió después fracasó, las culpas tienen que compartirse.

Se vienen otra vez los comicios, y una forma de tratar de minimizar los errores del pasado, de electores y de elegidos, es que unos elijan bien y que los otros no les fallen. Dude, exija, moleste, pregunte, indague, no se apoltrone a mirar los debates televisivos que sólo aportan confusión y nada de profundidad, vaya más allá de los discursos acomodados y de las poses para instagram, pida debates públicos, vaya a los partidos políticos a ver las plataformas electorales, escríbales a los candidatos y pídales que les aclaren sus dudas sobre inseguridad, corrupción, salud o economía. Usted que puede, hágalo. Usted, si puede, hágalo.

No se desaliente por los dichos sobre el clientelismo y ayude a quien supone “cliente”; no culpe a todos los políticos de mentirosos, esa es la más fácil para desentenderse del problema, busque a los que cree que le pueden decir la verdad; observe con detenimiento desde ahora en adelante toda conducta de la dirigencia, oficialista y opositora, y ponga en duda sus intenciones. Sopese.

Si usted es independiente y no tiene compromisos partidarios, dude de todos, si usted está afiliado intente que su partido lleve a los mejores candidatos, aquellos que harán mejor la vida de todos, sin acotarse en lo sectario. El desafío que se viene no es sólo para los dirigentes, en especial es para los electores; porque si bien para modificar la realidad para mejor son necesarios los que conducen, a estos los eligen los de abajo, los que menos tienen. Si el poder está en el voto, úselo bien.

Se pueden hacer todas estas consideraciones ahora, en enero, porque habrá elecciones nacionales en agosto y en octubre; mientras que en Tucumán es posible que se adelanten. Está bien, es tiempo de vacaciones, de hacer la plancha, pero es mejor ir pensando desde ya para minimizar las equivocaciones en las urnas, porque el arrepentimiento dura cuatro años.

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