Educación, control y sanción para combatir las picadas

12 Ene 2019

Transgresión. Adrenalina. Competencia. Vértigo. Riesgo. Irresponsabilidad. Inconsciencia. Desafío. Desde hace muchos años, las picadas de automovilistas y motociclistas forman parte de la nocturnidad en San Miguel de Tucumán y sus municipios vecinos. La avenida Presidente Perón, de Yerba Buena, la ruta 305, la avenida que conduce al aeropuerto, la ruta 9, a la altura del ingreso a San Cayetano, el Camino de Sirga, en el límite con San Pablo, las avenidas Francisco Solano en el barrio Soeme, de Las Talitas, y Wenceslao Posse -detrás de la terminal de ómnibus- son las pistas favoritas. Son también las carreras son frecuentes en Lules, Santa Lucía, Famaillá, Teniente Berdina, Sargento Moya, Capitán Cáceres, Soldado Maldonado, Los Sosa, Monteros y Acheral, entre otros puntos.

Hace una semana, la peligrosa performance se trasladó a Gobernador Garmendia, donde tres jóvenes resultaron heridos luego de chocar sus motocicletas sobre la ruta 336. Las imágenes se viralizaron a través de un video difundido por las redes sociales.

Según el secretario provincial de Seguridad, los martes y jueves son los días en que se desarrolla esta actividad. “Desde la fuerza, tomamos previsiones para que no proliferen las picadas, pero cuando se actúa se forman estampidas y desbandes que podrían ocasionar otros accidentes”, sostuvo. El funcionario dijo que los participantes en esas pruebas de aceleración rotan los circuitos, debido a que muchos de ellos tienen consignas policiales que los obligan a dispersarse durante la madrugada. Aconsejó a los padres a efectuar más controles respecto de las conductas de sus hijos para evitar hechos como los sucedidos en gobernador Garmendia, donde casi todos los corredores eran menores de edad.

Tanto en el ámbito provincial como municipal, funcionarios dijeron que se redujeron los índices de siniestralidad. En Yerba Buena, se consignó que la avenida presidente Perón dejó de ser una pista para las picadas, y atribuyeron la causa a la instalación de los lomos de burro, que redujeron el nivel de velocidad en esa concurrida vía.

En marzo de 2011, la Legislatura aprobó un proyecto de ley que autorizaba la organización de competencias y pruebas de aceleración, automovilísticas y/o motociclísticas, conocidas como “picadas”, “cuarto de milla” o similares, en los ámbitos y con las medidas de seguridad que establezca la reglamentación. La norma fue vetada por el Poder Ejecutivo mediante el Decreto N° 952/1.

Sin embargo, la existencia de las picadas no pareciera ser consecuencia de la falta de normas. El artículo 297 del Código de Tránsito de la Municipalidad capitalina establece que las carreras en la vía pública están prohibidas y se las considera una falta grave. La disposición contempla penas que van desde el secuestro del vehículo por 60 días, la suspensión del carnet y multas. En la ley nacional 24.449, modificada en 2008, se indica que se reprimirá con prisión de seis meses a tres años, e inhabilitación especial para conducir por el doble del tiempo que dure la condena, a quienes pongan en riesgo la vida o integridad física de personas por realizar pruebas automovilísticas en la vía pública, sin autorización de autoridad competente. Para combatir la transgresión, las autoridades introdujeron el sistema de puntaje.

Los transgresores “tuercas” no solo ponen en peligro la vida propia, también la de los demás. Si bien el control y la sanción son indispensables para combatir la ilegalidad, es necesario apostar fuertemente a la educación. Y para intentar un cambio en la mentalidad es necesaria la perseverancia, tanto en la concientización como en el control. Si ambas se relajan -como ocurre habitualmente- se suele perder lo que se ha ido ganando. Tal vez ello explique la cronicidad de algunos problemas sociales. A mayor educación, menos transgresión y más respeto por el prójimo y por la vida.

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