La importancia del voluntariado social

06 Dic 2018

Ayudar a otros en forma desinteresada es una de las acciones más nobles del ser humano. La solidaridad tiene en los voluntarios a sus grandes aliados. “Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga”, afirmaba el vate Homero, mientras la Madre Teresa de Calcuta sostenía: “sé bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo”.

Se recordó ayer el Día Internacional de los Voluntarios, fecha instituida por Naciones Unidas en 1985 con el objetivo de reconocer la labor y la dedicación de los voluntarios y de las organizaciones que lo sustentan, así como informar y concientizar al público sobre el impacto positivo del voluntariado en la consecución de la paz y el desarrollo sostenible. “Por su diversidad de funciones y su dinamismo en la promoción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el voluntariado merece recibir un apoyo firme de los gobiernos y otras partes interesadas. En este Día Internacional, doy las gracias a las voluntarias y voluntarios por sus esfuerzos para no dejar a nadie atrás”, dijo en la oportunidad António Guterres, secretario general de la ONU.

Miles de personas se ofrecen diariamente como voluntarios brindando servicios básicos, asistencia técnica, transferencia de conocimiento o capacidades. Esta colaboración permite a las personas y comunidades participar en su propio crecimiento. En Tucumán, cientos de comprovincianos desarrollan acciones solidarias en forma individual o colectiva en las villas miseria, ayudando a los indigentes a organizarse en cooperativas, asistiendo a enfermos, a ancianos, a víctimas de la droga, a personas con discapacidad, o se dedican a la promoción de la donación de órganos o de médula ósea. Están también aquellos que en las plazas les leen cuentos a chicos y en los hospitales, a pacientes, o que realizan una tarea recreativa con los ancianos en los geriátricos, o velan por los indigentes que viven en la calle.

Nadie nace sabiendo. Las semillas de la solidaridad brotan en el hogar donde hay padres o familiares que la practican y la escuela puede convertirse en un ámbito de aprendizaje y de estimulación. Por esa razón, es importante el programa nacional de Educación Solidaria cuya misión es impulsar la educación en la solidaridad, así como la participación comunitaria y ciudadana a través de la propuesta pedagógica del aprendizaje-servicio, en todas las escuelas e instituciones de educación superior, sea de gestión estatal o privada. La Universidad Nacional de Tucumán cuenta con un programa de voluntariado que fue creado en 2007.

La jubilación genera en muchas personas depresión o angustia por el vacío que les produce dejar su trabajo. Sin embargo, a través de un voluntariado una persona podría volver a ser útil a la sociedad, sentir que otra vida comienza. El hecho de trabajar no para los demás, sino con los otros, puede producir un crecimiento individual y colectivo significativo y tender puentes para mejorar las relaciones humanas.

Si cada uno de los tucumanos ejercitara el voluntariado una o dos horas a la semana, tal vez tendríamos una sociedad más humana. “Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza”, sostenía Marco Aurelio.

Comentarios