San Martín ganó en El Monumental y la fiesta se mudó a La Ciudadela

San Martín dio vuelta un partido increíble que en un momento fue total propiedad de Atlético.

02 Dic 2018
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POBRE TAREA. Maximiliano Martínez lleva la pelota y es perseguido por Mauro Matos. El lateral izquierdo no tuvo un buen partido mientras que el centro delantero trató de pivotear como siempre. LA GACETA / FOTO DE hector peralta

Partidos como el que remontó ayer San Martín son los que inspiran -como mínimo- un cuento. Partidos como el que perdió ayer Atlético, también. Los finales serán contados evidentemente de distinta manera y aunque intentáramos unirlos en una sola historia, ayer se vivieron varias y será mejor repasarlas por separado.

El cuento de San Martín empieza con ese desconcierto inicial que se veía en el equipo de Gastón Coyette, coronado en el penal cometido por Lucas Acevedo y convertido por Luis Rodríguez. Con la flojísima tarea de Maximiliano Martínez en la banda izquierda y con un Emiliano Purita que empezaría del mismo modo pero que terminaría de otro.

Y así como Purita se levantó, el mensaje intrínseco de todo cuento “santo” es la reacción. La capacidad para levantarse definitivamente debe estar en el título. Primero reaccionó a ese 0-1. Matías García tomó la pelota en el centro del campo tras el gol del “Pulguita” y no la soltó más hasta el minuto 95.

Era un incógnita el personaje de Adrián Arregui. Parecía aportarle actitud a un partido que -claro- la necesitaba, pero venía acompañada de berrinches al árbitro y faltas duras. Si bien no se iría expulsado, no sería el responsable principal del final feliz.

San Martín volvió a reaccionar incluso después del 0-2, cortesía de David Barbona. Justo cuando parecía estar muerto, revivió. El primer signo vital fue el gol inmediato de Luciano Pons. Si eso fue reaccionar, ¿cómo le llamamos al cabezazo feroz de Acevedo? Él se levantó de su propio error.

La reacción no terminó allí: con la inteligencia para robar la pelota en el momento justo, asistir al compañero mejor ubicado y estar parado en el lugar donde había que estarlo, completó la remontada con Alberto Costa como el héroe final del cuento, tras un partidazo suyo.

Igual de interesante e imprevisible puede ser el cuento de Atlético pero con el peor de los finales. Los goles le dieron un arranque potente pero ciertas señales indicaban que el cuento no tendría final feliz.

El gol de Pons fue demasiado rápido, San Martín no se dio tiempo a sí mismo a sentirse abatido.

Luego del 2 a 2, el pase luego de sacar del medio, fue a la nada. Una señal de que el desconcierto seguía y era solo suyo. Coyette y sus dirigidos observaron eso con mucha atención y se alimentaron del escenario para hacérselo pagar y ser los villanos del cuento.

Lo que no esperó al segundo tiempo para avisarle a Atlético que algo andaba mal fue la pelota parada. San Martín le cabeceó cada uno de los centros que le tiró al área. Así llegaron los dos primeros goles del visitante.

Los cambios no surgieron efecto pero a diferencia de lo que suele pasar con Ricardo Zielinski, desde un comienzo parecían que no iban a darlo. El ingreso de un flojísimo Javier Toledo antes que Leandro Díaz (venía de marcar un gol), la salida de David Barbona, el cambio de posición de Guillermo Acosta y los 90 minutos en cancha de Mathías Abero y José San Román, también de pobres actuaciones, sí anticipaban lo peor. El peor final que un cuento de Atlético podía tener.

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