Patronas, barrabravas y hechiceros de las drogas

24 Nov 2018 Por Roberto Delgado
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Una puja de ataques, represalias y amenazas enmarca la rivalidad entre la gente de la ”Patrona” Margarita Toro, supuesta líder narco de Villa 9 de Julio, y la del barrabrava Gustavo “Gordo” González, jefe de “La Inimitable”. El “Gordo” está acusado por la Justicia Federal de haber participado en el secuestro extorsivo que sufrió Toro el 24 de abril al salir de su casa en el barrio 130 Viviendas. Ya han sido detenidos cinco hombres, quienes, liderados por Víctor “Pipa” Robles, del barrio “El Sifón”, serían los autores del ataque. Entre ellos se encuentra Abel González, hijo del “Gordo”. Otro más, el “Mudo” Andrés Zelaya, está detenido en la seccional 6ª desde agosto, acusado por lesiones en un ataque ocurrido en febrero. Y por el secuestro hay pedido de captura de tres personas más, además del “Gordo”.

El fiscal federal II, Pablo Camuña, quien llevó a cabo la investigación de casi siete meses sobre el secuestro, dice que le inquieta esta lucha que sacude a esas dos “zonas rojas”: el barrio “El Sifón” (al noroeste capitalino) y la Villa 9 de Julio (al noreste), donde actúan los protagonistas de este conflicto. Esa preocupación se diluye a poco que se observe cómo es la vida desde hace muchos años en esas barriadas saturadas de violencia. Los conflictos son cotidianos y los nombres de algunas calles son casi sinónimo de problemas. Ocurre en las arterias de “El Sifón”, al noroeste de la esquina de República del Líbano al 1.300 y la vía, y en la tristemente célebre Blas Parera de la Villa 9 de Julio. En ellas impera la ley del Salvaje Oeste. La diferencia con los años anteriores parece ser la droga. Según dijo el mismo “Gordo” González en una entrevista que le hizo LA GACETA el 19 de agosto (https://www.youtube.com/watch?v=OlBze8mbhVA), “por el sistema de la droga todo código se perdió” (tal cual se ve en la película “El Padrino”. González, que acusa a los Toro de ser narcos a todo trapo y de haberse enriquecido con la venta de estupefacientes, dice que él se fue de “El Sifón” por la droga y que él la odia. Aunque sus hermanos, los Acevedo, que están casi todos presos por diversos delitos, han sido consumidores.

De “dealers” a “soldaditos”

Margarita Toro no habla. Ni siquiera cuanto está frente a los jueces habla. Se abstiene de hacerlo. Prefiere el silencio. Calla aunque todos hablen de ella, aunque sea famosa. Tiene dos condenas por tenencia de droga para comercializar. La primera fue en 2003, por cuatro años, y la segunda en 2010, por siete años. En el último juicio no declaró. Sólo dijo que había sido adicta y que había sido pareja de Daniel Teves, conocido como “El Rengo Ordóñez”, que fue quien introdujo el paco en la Costanera (donde nació Margarita Toro). Teves murió en la Navidad de 2008 en la Costanera. A partir de ese año comenzó a hablarse del paco en Tucumán.

En el juicio se pudo tener una idea de quiénes eran los Toro. Margarita y sus tres hermanos vivían en casas de dos pisos y en los allanamientos del 21 de enero de 2009 (tras una investigación de tres años) les hallaron un cuatriciclo, televisores de alto nivel y un jacuzzi (algo insólito en esos días). Además de un kilo de cocaína. Los acusadores dijeron que tenían “dealers” que les distribuían la cocaína que, según se vio entonces, era muy cortada, de pésima calidad. Sólo su hermano Manuel admitió que vivía de vender droga. Los demás se presentaron como comercializadores de madera o de ropa, como administradores de un galpón para riñas de gallos y como empleadas domésticas. Hoy la “Patrona” tiene, según se dice, muchos “soldaditos” que distribuyen la mercancía; acumula una decena de causas en investigación en las fiscalías federales y anda en camioneta Amarok, aunque el “Gordo” González dice que tiene un BMW.

¿Es la líder de una organización mafiosa, como se la calificó durante el juicio de 2010? No es como el mafioso John Gilligan (conocido por el asesinato en Irlanda de la periodista Verónica Guerin), que traficaba heroína y no quería aparecer en los diarios pero disfrutaba de las casas de lujo, los caballos de polo y la ostentación. Acá, pocos son como la “Jefa” Carla Sánchez, que vivía en un country de Yerba Buena mientras hacía que aviones tiren en Santiago del Estero la droga que ella traficaba. Toro sigue viviendo en la Villa 9 de Julio, lugar que parece inexpugnable para la mirada general, por esas calles violentas. Ella, según una fuente judicial, parece llevar una vida “normal”, de acuerdo a los parámetros de su barrio. Pero ya desde 2006 había detalles que diferenciaban a su familia de muchos de sus vecinos, según los policías que los investigaron. En el juicio, el entonces comisario Miguel Francisco Juárez, de la Digedrop, dijo que la investigación se había hecho sin fotos ni filmaciones, con “datos que da la gente. Pero nadie dio su nombre por miedo”.

Hoy las cosas son distintas. Desde el día 24 de abril, cuando ocurrió el secuestro de Toro, hubo escuchas telefónicas que permitieron los allanamientos y las detenciones, tal como detalla en su informe el comisario federal Carlos Daniel Soria, jefe de la División Unidades Operativas de Investigación Criminal de la Agencia Federal Tucumán, quien cita que el megaoperativo del miércoles se hizo no sólo por el secuestro extorsivo, “sino también por una pelea de poder para tomar la dirección de la barra del club Atlético Tucumán, y los negocios ilegales que ello implica”.

Problemas en la cancha

¿Se vincula esto con el “Gordo” González? Al igual que los Toro, él y su familia viven en ese mundo violento. Negó ante LA GACETA estar relacionado con el secuestro, pero reconoció que conocidos suyos lo habían hecho. Por eso lo requiere la Justicia Federal, y la pena por secuestro extorsivo agravado es por lo menos 10 años. De él se sabe que maneja la barra brava “decana”, con los negocios que se generan alrededor de la cancha. Su madre tenía un quiosco en el Monumental, según contó su hermano “Jazo” Acevedo en un juicio. A su alrededor se mencionan venta de entradas, viajes, canon a los ambulantes, venta de bebidas alcohólicas. Un camarógrafo de LA GACETA pudo comprobar, en 2013, el poder del “Gordo”. Le robaron la cámara durante el acto eleccionario del club y González hizo que se la devolvieran al día siguiente. Sabía cómo funcionaba el mundo de los ladrones y lo digitaba.

Ahora él y sus hijos están perseguidos por la Justicia. Sus hermanos Acevedo (“Chupete”, “Jazo” y “Chichilo”) están detenidos. Él mismo está con tres años de prisión en suspenso por el crimen de Adrián Brito durante un enfrentamiento a tiros entre “la Inimitable” y “La banda del camión”. Su hijo Abel “Vaquita” está detenido y otro, Gustavo “Jaimito”, es buscado. Dos sobrinos, “Ponja” Robles y Braian Acevedo, están en problemas. En la entrevista de agosto, dijo que un grupo había querido vender droga en la cancha. ¿Hay vinculación entre el secuestro de Margarita Toro y esa pelea por el control, que menciona el comisario Soria? Todavía no hay certezas. Pero las cosas parecen estar cambiando, acaso, como dice el mismo barrabrava, porque el avance de la droga está contaminando todo. “La palabra droga es una hechicería –dijo en esa entrevista- y por eso vos los ves a los jóvenes caminando como andan, remambeados; es como si estuvieran hechizados”.

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