En el patio de una vecina de Santa Ana crearon “El Fogoncito”, con un menú a $25 para todo el pueblo

La cocina sustentable se mantiene con la colaboración de todos los vecinos y busca organizar a la comunidad para garantizar su alimentación.

13 Nov 2018 Por Mariana Segura
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CON LA COLABORACIÓN DE LOS VECINOS SE MANTIENE LA COCINA / FOTO TOMADA DEL FACEBOOK DE EL FOGONCITO

Cuando a principios de septiembre la finalización de la cosecha del Ingenio Santa Bárbara, en Río Chico, dejó sin ese ingreso a los trabajadores surgió “El Fogoncito, cocina colectiva”, una movida para intentar paliar la escasez alimentaria que surge en el pueblo cada vez que el ingenio cierra.

Integrantes del “Grupo Tucma” llevaron adelante la iniciativa que comenzó en el patio de una vecina de Santa Ana.

La agrupación como tal nació en 2013 con la idea de generar alternativas sociales para el pueblo y así surgió también la cooperativa de productores cañeros La Santaneña. Luego se creó la liga de fútbol Juvenil “Ni un changuito menos” y hace un año los mismos futboleros crearon la “Peña oficial Decana”. Sin embargo, fue su comedor comunitario subsidiado por el Estado el que les permitió a los “Tucma” tener todos los conocimientos para pensar en una cocina colectiva y sustentable, que se nutre del aporte de los vecinos y sin ningún tipo de ayuda estatal.

“Aquí todo es autogestión. Primero juntamos los ladrillos y luego armamos el horno de barrio en Colonia 13. ‘El Fogoncito’ consiste en organizarse entre vecinos para comprar y cocinar un menú por día a un bajo costo. Armamos un plato de 600 gramos por persona, o más”, contó Hernán Gordillo, uno de los que encabeza la movida.

“La idea es dirigirnos a los vecinos que se disponen también a participar y colaborar con la organización de la cocina. Las personas que vienen se llevan la comida para su familia a modo de retribución”, contó Hernán.

De base, los vecinos trabajan con recetas industriales y los chicos del “Grupo Tucma” colaboran con la coordinación, el armado de planillas, recetas, búsqueda de apoyo y sobre todo con mostrar que el camino para este proceso es colectivo. “Iniciamos cobrando el menú a $ 20, pero con todos los aumentos que hubo tuvimos que ponerlo a $ 25”, explicó Gordillo.

Fue  tanta la demanda, y tanta la ayuda que significa un menú tan barato en estos tiempos, que el primer Fogoncito se replicó en otras zonas: en el club de fútbol San Lorenzo de Santa Ana y en Colonia 10. Incluso hay dos más en proceso. “Nuestro objetivo es erradicar el hambre en Santa Ana, en el mediano plazo”, aseguraron.

“Los despidos de Alapargatas golpearon fuerte a Santa Ana ya que más de 300 operarios eran de esta localidad. Vemos con preocupación el aumento de precios, tarifas, impuestos… Este gobierno sólo genera más hambre y no vemos a la dirigencia política ocupada en sacar una ley de emergencia alimentaria. No podemos pagar IVA e Ingresos Brutos en alimentos de la canasta básica en este contexto de salarios básicos de menos de 300 dólares”, explicó Gordillo.

“Hay mucho por perfeccionar del sistema, hay que sumarle componentes al programa ya que surgen demasiadas demandas. Siempre escuchamos decir que Argentina produce alimentos para 400 millones de personas, pero sólo vemos crecer los indicadores de indigencia, pobreza y desigualdad”, dijo.

Con el ejemplo de esta organización, lo que se busca es lograr que las comunidades se organicen y resuelvan sin esperar en vano la ayuda del Estado; dar el ejemplo para poder exigir políticas serias y perdurables.

Por su ayuda en el difícil contexto es que "El Fogoncito" trascendió las fronteras de Santa Ana y de Tucumán. “El Gobierno de La Rioja envió una persona para capacitarse en el proyecto e implementarlo allá, donde viajaremos en unos días para ayudar a abrir otras cocinas. También nos llamaron de Salta porque quieren venir a conocer cómo funciona esto. Líderes de organizaciones sociales de Buenos Aires nos visitaron estos días con la misma idea”, contó Hernán, que junto a los vecinos lograron plantar una semillita que de a poco comienza a germinar con la única idea de que gente que peor la pasa al menos no pase hambre.

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