Una prisión como la de Guantánamo, pero en Nueva York

Comienza hoy el juicio al “Chapo” Guzmán.

12 Noviembre 2018

NUEVA YORK.- Al Metropolitan Correctional Center lo llaman “el Guantánamo de Nueva York”. La cárcel de Manhattan, situada en el extremo del famoso Puente de Brooklyn, es una de las de mayor seguridad de Estados Unidos.

Ha albergado a terroristas de Al Qaeda en espera de juicio. También a Bernard Madoff, el gestor que hizo temblar Wall Street con su estafa piramidal. Desde la calle no se nota que el edificio marrón sea una prisión. Carece, por ejemplo, de perímetro acotado.

Desde enero de 2017, cuando el narcotraficante fue extraditado desde México, es el penal en el que Joaquín “El Chapo” Guzmán ha estado esperando el inicio de un juicio en el que puede ser condenado a cadena perpetua.

El proceso tiene lugar en el otro extremo del Puente de Brooklyn, en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, en el lado contrario del East River.

El traslado a la corte desde esa cárcel ha obligado a lo largo de 21 meses a cortar el Puente de Brooklyn cada vez que Guzmán ha tenido que presentarse ante el juez. El dispositivo consta de una decena de vehículos policiales, algunos blindados, un helicóptero que vigila desde el cielo y una ambulancia.

Guzmán ha estado en una celda en el piso 10, con medidas que se aplican a reos peligrosos, como aislamiento e incomunicación, para evitar, afirmó la fiscalía, que pudiera fugarse como hizo dos veces en México o seguir dirigiendo el cártel de Sinaloa desde prisión.

Sin trato con otros presos, “El Chapo” está en una celda de 18 metros cuadrados monitoreada continuamente. La luz está encendida las 24 horas. Tiene una pequeña ventana opaca a través de la que no se ve el exterior, pero sí se intuyen los cambios de la luz como para saber si es de día o de noche.

Hay una cama, un escritorio, el inodoro y un lavamanos. También una biblia y un diccionario inglés-español. Si no hay visitas, Guzmán sale una hora al día a un cuarto con una bicicleta y una televisión.

Sólo su defensa y sus hijas de siete años pueden visitarlo, y se comunican a través de un cristal de seguridad. Sus abogados aseguran desde el principio que el estricto régimen de aislamiento ha dañado su salud física y mental. (DPA)

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