El clásico en Tucumán: el amor no los divide fuera de la cancha

Ciudadanos, deportistas y periodistas de nuestra provincia vivirán de manera especial el partido de hoy y la serie que terminará el 24. Todos estarán pendientes de la gran final de América.

10 Nov 2018
3

CÓMO VIVEN EL CLÁSICO LOS TUCUMANOS.

La final de la Copa Libertadores, en su edición 2018, tiene dos sedes: hoy lo será La Bombonera y, dentro de dos semanas, el Monumental de Núñez. Ambos partidos programados a partir de las 17. Sin embargo, el duelo más importante en la historia del fútbol argentino (y quizás sudamericano), se jugará en tantos lugares que será difícil registrar todos los mini partidos que se generarán a partir de ahora.

En Tucumán, por ejemplo, los enfrentamientos comienzan en casa. Ya sea con familiares o sus parejas. Un ejemplo perfecto es el que vive Daniel Medina en el barrio Nicolás 4 de Yerba Buena. Fanático de River, el muchacho de 33 años asegura que está por vivir algo que no sólo podría cambiarle el ánimo, sino la relación con sus propias hermanas.

“En mi familia son todos de River. Mi papá, mis 11 tíos y mis 25 sobrinos... menos mis hermanas”, cuenta Medina. Estefanía y Romina, de 28 y 26 años, son junto a su madre, las únicas agentes “xeneizes” en todo el árbol familiar.

“Yo creo que son de Boca para hacerme la contra”, sospecha Daniel, que vive con sus padres y con Romina, una de sus hermanas. ¿Cómo fue, es y será la convivencia desde que se supo de la gran final hasta el partido del 24? “Yo creo que mala. No me hablo mucho, hasta ahí nomás nos llevamos. Esta semana ha sido difícil, porque siempre sobrevuela una cargada o un comentario y no cae bien”, relata.

La tensión se siente sobre todo si viven bajo el mismo techo. Estefanía no vive allí pero visita bastante seguido la casa y además de las cargadas, hay espacio para las especulaciones: ¿qué pasa si...?

DANIEL Y ROMINA. Los hermanos Medina, en una fiesta. Hoy, durante el partido, no estarán juntos.

“Me preguntan mucho que va a pasar si gana Boca. Yo ni quiero pensar”, cuenta Daniel, que probablemente viaje a Buenos Aires para ver la revancha en el lugar de los hechos. “Ellas me hacen burla diciendo que si pierde River voy a volver llorando”, agrega. En lo práctico, si el título es para Boca, Daniel piensa ausentarse por un tiempo.

“Por las redes sociales es por donde más me comunico con ellas, así que voy a tener que cerrar todo al menos por dos semanas”, anticipa. ¿Para tanto? “Es que para mí, si perdemos, es como un descenso más. Así de simple”, sentencia Medina, sin objeciones.

Por lo pronto, al partido de hoy lo verá encerrado en su habitación y aunque el ala “azul y oro” de la casa esté rondando a pocos metros, superará el trance con el aislamiento en su habitación. A pesar de todo, él cree que el sentimiento de hermandad florecerá. “Yo creo que si gana River van a estar contentas por mí. Si pierde me van a cargar seguro pero si gana, van a estar contentas”.

Pareja despareja

Celeste Núñez y Lucas Luna también jugará la súper final a su manera. Una pareja consolidada en lo amoroso pero despareja en lo futbolístico: ella de River, y él de Boca.

“Nos conocimos en un boliche, bailando. No le pregunté nada de fútbol ni equipos. Después, cuando ya estábamos re enganchados, entre chat y chat, salió el tema y supe que era de Boca”,  cuenta Celeste que no es cualquier “millonaria”, no. Estamos hablando de una fanática con todas las letras.

“Estuve en Brasil para el partido con Gremio y en varios partidos de esta Copa, estuve en el ascenso, en la B Nacional, en los buenos y malos momentos”, aclara. Aún trabajando en las oficinas de una tarjeta de crédito, se da maña para viajar y estar, tal como sucederá en el partido del 24. “Voy acumulando horas y luego las pido para poder salir”, explica.

CELESTE Y EL “MUÑECO”. Núñez y Gallardo, antes del duelo con Gremio. Su novio, de Boca, está en México.

Celeste es socia adherente y por intermedio de las filiales de River ya tiene las entradas para acompañar al equipo de sus amores.

Con todo ese combo, Lucas parece no tener mucha opción. Ahora está trabajando en México pero el Superclásico se discute a miles de kilómetros de distancia. “Yo, además de hincha de River, soy anti Boca. No me privo de gritar un gol cuando vemos un clásico juntos. Él no es igual de fanático que yo, y eso ayuda”, cuenta Celeste.  

Muy ansiosa por todo lo que estará en juego a partir de hoy, Celeste piensa en las cargadas que pueden desatarse luego del resultado. “Trato de no ser muy densa. Puede haber cargadas, aunque en realidad él no llega tanto a eso. Cuando pierde Boca se le pasa la bronca en el momento”, explica.

Tanto Daniel como Celeste tendrán misiones difíciles a partir de hoy y hasta el sábado 24: tratar de que sus equipos ganen y hacerlo en presencia del fanatismo opuesto de seres queridos. ¿Lo lograrán?

Comentarios