Por qué Instagram se convirtió en una red ideal para el levante

Compartir un paseo con nuestro perro, escuchar música, leer, ir a una previa con amigos, o ver una serie, funcionan como disparadores para mensajear.

13 Oct 2018
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Nicolás (22) estaba cocinando sfijas y se le ocurrió compartir una foto del proceso en sus historias de Instagram. Recibió varias respuestas de amigos, aunque una le aumentó las pulsaciones. Era de una chica que no conocía, pero que hace poco había seguido porque le había parecido linda. Emoción. “Qué rico”, le contestó ella, y así empezaron a charlar sobre las formas de cocinar esa empanada árabe. En un momento él le contó que sabía hacer tiramisú, a lo que ella respondió: “quiero aprender a hacerlo”. “Fue el primer palo de acercamiento”, recuerda con una sonrisa. Unos días después, luego de que él le contestara otra foto en la que ella preparaba un budín de pan, quedaron en juntarse a tomar cerveza, y finalmente lo hicieron. Salieron durante un mes.

Con matices, así se da el levante en Instagram, una tendencia cada vez más consolidada entre sus usuarios (la mayoría tiene entre 18 y 34 años según la red social).

Las conversaciones empiezan de forma natural y espontánea, cuando el otro comparte una actividad cotidiana en sus historias. Esta es una función que revolucionó el uso de la app desde su incorporación hace dos años. La herramienta permite publicar fotos, videos o gifs que se eliminan tras 24 horas. Hasta ahí nada del otro mundo. Lo relevante es que esos contenidos pueden ser comentados por privado, dando lugar a chats. Entonces compartir un paseo con nuestro perro, escuchar música, leer, ir a una previa con amigos o ver una serie, todos funcionan como disparadores para mensajear.

Así, la red creada en 2010 se transformó en una de las mejores plataformas para conseguir pareja o relaciones fugaces, a pesar de que no haya sido pensada para eso. “Contestando historias vas midiendo a la otra persona, palpando el terreno, viendo si te da bola. Y si no listo, a otra cosa mariposa, no seguís insistiendo porque eso ya es acosar”, explica Nicolás. “Comentás una historia y si no te contesta ya fue”, coincide Rocío (21). Gran ventaja: el rebote es sutil y menos evidente.

El nivel de intimidad que se muestra en las storys permite que los usuarios se conozcan más que en Tinder o Badoo, dos apps para buscar encuentros sexuales. “Yo puedo no conocer a alguien, pero entro a su Instagram y sé qué música escucha, cuáles son sus amigos, si tiene mascota, cuáles son las series que ve, qué intereses políticos tiene”, afirma Nicolás.

1.000 millones de usuarios alcanzó Instagram en abril de este año

En este juego de seducción hay quienes son más lanzados y directamente publican contenidos provocativos. Esto se conoce como bebotear. “Es publicar una foto un poco más sexy, como cuando estás por dormir la siesta”, precisa Rocío, y aclara: “yo ya sé que alguien me las tiene que contestar, no es que te tirás a la pileta sin agua”. “Es un forma de presumir para llamar la atención de la gente que te puede responder”, dice Nicolás.

Más ventajas

Además, responder una historia permite arrancar la charla con un tema. Esto no es menor: el primer gran paso, el más difícil, ya está dado. “Yo subo un montón de fotos de mi perra y con eso levanto una banda. Me contestan: ‘qué linda’, ‘prestamela’, ‘la quiero ver’”, cuenta Rocío.

Otra característica de la app que da lugar al levante es que, para contestar una historia, ¡no hacen falta ni palabras! Se puede enviar uno de los seis emojis prefijados, llamados “Reacciones rápidas”, para expresarle al otro qué sentimos con lo que compartió. “Ves una foto de alguien haciendo ejercicio y le contestás con el emoji de ‘palmitas’. La otra persona te responde con un emoji de ‘beso’ y vos le mandás un corazón, un ‘me gusta’. Entonces, sin necesidad de exponerte a tirar un beso vos también, queda como que le das cabida”, ejemplifica la joven. Estrategia pura.

Los ‘me gusta’ que se pueden dar a las fotos o videos publicados en el inicio también juegan su rol. Por ejemplo, otra forma de llamarle la atención a alguien (corriendo el riesgo de quedar como acosador) es ingresar a su perfil y ponerle ‘me gusta’ a una foto vieja. “Muchas chicas me lo han hecho para que les escriba. No es decir nada, pero sí es avisarle que querés que sepa que le interesas”, explica Nicolás.

Cuando Instagram nació en 2010, se posicionó como una red social de aficionados a la fotografía. Abundaban las imágenes editadas con diversos filtros de colores y marcos, que eran el principal atractivo de la app. Desde hace un par de años se ha convertido en la red social del momento, a un ritmo galopante. En septiembre de 2017 alcanzó los 800 millones de usuarios activos, y en abril de este año superó los 1.000. Entonces, entre los posteos y las historias ya no sólo se puede ver a ese amigo que se fue de viaje, sino también a los políticos y sus campañas, a las marcas y sus publicidades, a las vidas lujosas de los famosos y también a puertas que pueden abrirse para comenzar una relación. Rocío y sus amigos siempre se aconsejan que, si les gusta alguien y quieren avanzar, sólo tienen que entrar a la red social y contestarle una historia.

Cómo se seducía en el mIRC

El primer chat de Tucumán resultaba una odisea

No se sabía bien quién estaba del otro lado. Los usuarios se identificaban con nicks y  no había foto de perfil. Así se chateaba en el mIRC, el primer chat en línea de Tucumán a fines de los ‘90. Luis (34) recuerda que, si es que había onda con alguien, se le pedía el número fijo. Sólo después de varias llamadas, recién se podía concretar una salida. “Cuando vi a mi primer cibernovia, a los 15, me dí cuenta que no me gustaba. Lo que me había imaginado era una utopía”, cuenta. Ahora no deja de asombrarse por las facilidades que hay para conocer personas. “Las redes saben tu gusto y te sugieren gente. No hay mucha seducción. Te dan ‘like’ y ya avanzan a otra cosa”, compara.

Facebook, la meca de los swingers

La red facilita el contacto de parejas

Encontrar una dupla swinger hace 40 años era casi una utopía. Leonardo Sanabria recuerda que tenía que publicar sus datos y el tipo de relación que buscaba en una revista de tirada nacional que salía mensualmente. “Cuando a alguno le interesaba tu publicación, te contestaba por la misma revista, y al otro mes, si vos creías que era real, le dabas un número de teléfono que también salía publicado. Era un embole, después de un año podías llegar a conocer a alguien”, explica el tucumano, que forma parte de la comunidad swinger hace más de 20 años. A fines de los ‘90 usaba el mIRC, el primer chat en línea que hubo en Tucumán. Pero encontrar pareja seguía siendo difícil. “Se usaba un nick (apodo) sugestivo que decía ‘pareja busca pareja’, entonces los que entendían, te hablaban. Pero te bloqueaban al toque, era mucho más tabú”, explica el hombre, que junto a su esposa mantiene una relación estable con otra pareja desde hace 11 años. Hoy, uno de los mejores sitios para conocer swingers es Facebook, que facilitó todo desde que se popularizó su uso en el 2008. “A todas las personas las hemos conocido por Facebook, o a través de la recomendación de otra pareja. Es la única forma en la que te conocés”, confiesa Leonardo. ¿Cómo se lo usa para eso? Normalmente se crean cuentas exclusivas para el contacto, sin los datos identitarios reales, para resguardar la privacidad. El tabú pesa mucho. De hecho, Leonardo no se llama así. Ése es sólo el seudónimo que usa en la red social de Mark Zuckerber, donde también tiene otra cuenta con su nombre real. “Más allá de todo, uno cuida la privacidad. Yo tengo mi profesión, y esto es una parte de mi vida nomás”, explica Fernando (31), un tucumano que frecuenta el mundo swinger en solitario. Las claves, según coinciden los dos, son buscar los amigos en común de las cuentas swingers que ya conocen, o publicar “queremos pasarla bien el viernes a la noche” en grupos específicos o como estado. Una vez que se empieza a chatear con alguien, lo primero es indagar quién es. “A veces se piden fotos (en las que no se ven las caras pero sí el cuerpo). Si hay buena onda, se juntan a tomar algo, a comer o a bailar. Algunas parejas van directamente a los bollos, otras necesitan tiempo”, explica el hombre. Sin embargo, no todo es color de rosas en Facebook: hay quienes dicen ser swingers y no lo son. También hay grupos que, al ser denunciados por los usuarios por contener contenídos explícitos, son dados de baja. A pesar de todo, la red social más popular del mundo sigue siendo la mejor vía de comunicación de la comunidad, que en Tucumán es más grande de lo que se cree, según Fernando.

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