Flagelo: asisten a 260 víctimas de trata en la provincia

La Justicia Federal está investigando 110 causas y el 70% se relaciona con casos con fines de explotación sexual.

20 Sep 2018 Por Gabriela Baigorrí

Una oferta de trabajo tentadora: sueldo alto y el traslado y el alojamiento incluidos. La promesa de solucionar problemas económicos o que la distancia disipe conflictos familiares suele ser parte del anzuelo. Detrás de este tipo de ofrecimiento no sólo puede ocultarse un engaño, sino también un infierno. Estas son algunas de las circunstancias características de los casos de trata.

La Ley N° 26.842 considera como tal al proceso que incluye el ofrecimiento, la captación, el traslado y la recepción de personas con fines de explotación (puede estar relacionada con la esclavitud, la servidumbre o trabajos forzados; prostitución; matrimonios obligados o la extracción forzosa de fluidos o tejidos).

En Tucumán, hay 110 causas radicadas en la Justicia Federal. El 70% de las que ingresan está relacionada con trata sexual y el resto, con laboral. La mayor cantidad de víctimas registradas, sin embargo, son personas que fueron explotadas en diversas actividades agrícolas, sobre todo, en zonas rurales.

Suman 260 las víctimas de trata que son asistidas en Tucumán, algunas de las cuales sufrieron la explotación en otras provincias. Las denuncias llegan mediante la línea 145 (es gratuita y anónima); por organizaciones como la Fundación “María de los Ángeles” o a través de organismos estatales.

Las fiscalías y juzgados federales trabajan en coordinación con el Programa de Asistencia Integral a las Víctimas de Trata, que depende del Ministerio de Desarrollo Social provincial y que cuenta con un equipo interdisciplinario. Tucumán es, además, uno de los pocos distritos cuya Policía tiene una división específica.

Un delito que se “aggiorna”

El secuestro de María de los Ángeles “Marita” Verón por una red de trata, en 2002, y la lucha de su madre Susana Trimarco para encontrarla marcaron el camino. El caso se convirtió en un emblema del delito y visibilizó la problemática en el país y la región. En 2008 se sancionó la primera ley para perseguir y sancionar el delito. Tras la conmoción que generó el fallo que absolvió a los acusados por el caso Verón (la Corte lo revirtió después), en 2012 se mejoró la norma, endureciendo las penas y estableciendo que el consentimiento dado por la víctima no exime de responsabilidad a los acusados. Ese mismo año, la Legislatura aprobó la ley de Prostíbulos 0.

“La trata con fines de explotación sexual se caracteriza por la mutación. Los proxenetas van sofisticando las formas y las investigaciones son más complejas”, caracterizó el representante local de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex) que depende de la Fiscalía Federal N°2, Daniel Weisemberg. Comparó que antes de que se avance en la lucha, la oferta era en prostíbulos y que ahora es en departamentos. La cantidad de víctimas por cada espacio se redujo y el regenteador o proxeneta ya no se encuentra en el lugar.

¿Cuál es el perfil de las organizaciones en Tucumán? “De acuerdo con las investigaciones que llevamos adelante, no son muy numerosas ni con complejidad transnacional. En algunos casos son grupos familiares que buscan una actividad con gran ganancia mediante la explotación ajena”, concluyó.

El abogado Carlos Garmendia, de la Fundación “María de los Ángeles”, valoró los avances que hubo aunque advirtió que, en paralelo, los proxenetas fueron especializándose. Distinguió entre la trata dura y la blanda. “Se veía la primera al principio: chicas encerradas y lugares con rejas, cadenas. Es el caso de Marita y de otras tantas chicas. Fue desapareciendo un poco. Ahora se ve mucho la trata blanda. El sometimiento no es por la fuerza sino por la psicología”, describió.

¿Hay otras “Maritas” en Tucumán? “Hay chicas que continúan desaparecidas desde hace años. Hay muchos elementos que indican que los de Fernandita Aguirre o Daiana Garnica, por ejemplo, podrían ser casos de trata”, lamentó Garmendia.

No es casual que los nombres sean femeninos. La cuestión de género cruza este tipo de trata: el 95% de las víctimas son mujeres y mujeres trans. Afecta a todos los sectores sociales, no sólo a los más pobres.

El letrado asegura que para profundizar la lucha en contra del delito falta mucho y apuntó al rol de la sociedad, al compromiso: “el negocio de la prostitución y de la trata generan muchísimo dinero porque hay gente que consume”.

Gilda Zurita, coordinadora del Programa de Asistencia de Víctimas, grafica el perfil de las afectadas. “Muchas pertenecen a sectores marcados por diversas vulnerabilidades, económicas o familiares. En general, no se reconocen como víctimas: nunca fuimos a un allanamiento en una finca o en un prostíbulo y escuchamos que nos digan ‘somos víctimas’. Llegamos y tienen discursos preparados, muy cerrados. Dicen que lo hacen de manera voluntaria. La naturalización es común. En la trata laboral, consideran natural trabajar sin descanso o tener una remuneración baja. Romper con la naturalización es una de las dificultades”, explicó. Junto a su equipo asiste a más de 200 víctimas en el proceso: conteniéndolas en los allanamientos; acompañándolas en las declaraciones en la sala Gesell; ayudándolas a conseguir trabajo; motivándolas a valerse por sí mismas y a tener una mejor calidad de vida.

Zurita menciona como casos especialmente movilizadores los que involucran a niños y a ciudadanos extranjeros. “Tuvimos intervenciones con niños que eran captados para pedir en los semáforos. También con personas de Bolivia que fueron detectadas en un control. Niños sin documentación, que no viajaban con sus padres. Muchos venían sin comer hacía más de 24 horas en el colectivo. En esos casos, tratamos de darles tranquilidad y de articular con los consulados. Arbitramos los medios para el retorno seguro. Muchos no tienen idea de a qué provincia se dirigen”, lamentó.

La trata “invisible”

Weisemberg reconoce que la trata laboral es la menos visibilizada y explica que tiene que ver con una raigambre cultural, en la que están naturalizadas las pésimas condiciones de trabajo. “Excede el trabajo en negro y pasa a la explotación. Suele darse en ámbitos alejados de lo urbano y en condiciones muy precarias, sin elementos de seguridad; sin descanso y donde se les provee vivienda a solo efecto de tenerlos cerca del lugar de explotación”, aseguró el referente de la Protex. Afirmó que los victimarios locales no integran grandes redes sino que se trata de propietarios de fundos que reciben a trabajadores mediante cuadrilleros o buscándolos en poblaciones acostumbradas a migrar.

“Se da una particularidad en Tucumán y es que no sólo es un lugar de explotación, sino también de captación. Se dio en distintos casos que fueron identificados tucumanos en la cosecha de la uva en Mendoza o de la manzana en Río Negro”, explicó.

¿Cómo diferenciar un trabajo en malas condiciones de la explotación? Trabajan con criterios objetivos y buscan indicadores. “Tienen que ver el salario y cuán diferente es del estipulado en el convenio colectivo de la actividad. Si percibe menos del 40%, es un indicador fuerte. Lo mismo con la cantidad de horas y otros elementos de contexto como los seguros. Nos sirve para verificar si es una situación de infracción o si entra en la faz penal”. Instó a que, ante la duda, hay que denunciar.

En la provincia hubo cuatro juicios por trata y se decomisaron prostíbulos (con el dinero se asistirá a víctimas). “La trata laboral es un delito más complejo y difícil de identificar. Es más difícil permear las estructuras del Poder Judicial. Es importante transmitir no sólo a los jueces sino a la sociedad en general que hay ciertas actividades que no son un simple trabajo en negro. Implica un cambio cultural que se está dando”. La trata, detalla Weisemberg, se previene con educación y atacando las vulnerabilidades de las víctimas. “Si uno identifica víctimas en un prostíbulo y no brinda otras posibilidades, es probable que vuelvan a caer. Por eso son necesarios los programas de asistencia psicológica y social. No sólo durante el proceso penal”.

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