Soportó durante siete años el peso de ser parte de una familia marcada por el delito

Pedro Marchisio fue absuelto ayer en un juicio por tenencia de droga para la comercialización.

24 Ago 2018
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FRENTE AL TRIBUNAL. Pedro Marchisio afirmó que se distanció de sus hermanos luego de los allanamientos. la gaceta / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

Pedro Raúl Marchisio fue absuelto ayer por el beneficio de la duda, tras su procesamiento por tenencia de estupefacientes para la comercialización. Con la decisión del Tribunal Oral Federal (TOF), el ladrillero pudo quitarse de encima la carga que le significaba pertenecer a una familia marcada por la tragedia y la droga. Soportó ese peso durante unos siete años, que incluyó ocho meses de prisión.

Marchisio había llegado al juicio oral señalado como uno de los proveedores de sustancias ilegales de un grupo conformado, en parte, por algunos de sus 13 hermanos. “Desconozco todo esto”, les remarcó el acusado a los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Federico Bothamley (subrogante), en el cierre de la audiencia.

En diciembre de 2010, la Dirección Drogas Peligrosas de la Policía de la provincia (Digedrop) inició una investigación, a partir de una denuncia por venta de droga en el barrio “Los Apóstoles”, en Las Talitas. Según declaró en el juicio Ezequiel Fernández, oficial de la fuerza de seguridad, la acusación apuntaba entonces a Ramón Granero, conocido como “El Gitano”, y a Marchisio. En el procedimiento se habrían detectado “movimientos inusuales” (identificación para la venta de estupefacientes), lo que llevó a ese cuerpo a ampliar la pesquisa a varias direcciones. Entre ellas, donde vivía la familia Marchisio, en el barrio “Experimental II” de El Colmenar. Cinco viviendas fueron identificadas en total.

La Justicia ordinaria autorizó en junio de 2011 allanamientos en esas direcciones. En particular, los policías ingresaron de noche al terreno de los Marchisio, que eran conocidos en la zona. En el interior del predio había viviendas y funcionaba una “cortada de ladrillos”. El emprendimiento pertenecía al padre y allí también trabajaban Pedro Marchisio y otros hermanos, de los 14.

Los policías allanaron las construcciones de la propiedad y en una de ellas se toparon con una mujer que fraccionaba cocaína tipo “tiza” y “marihuana empaquetada en envases chicos” (685 gramos de marihuana y 341 gramos de cocaína), de acuerdo a los policías que declararon ayer. Por ello, detuvieron a Roque Marchisio (hermano) y a una mujer, Nadia de los Ángeles Carrizo, esposa de Sergio “Bachicha” Marchisio por esos tiempos. Este hombre estaba preso.

Miguel Fernández, comisario inspector de la Policía, contó en la audiencia que Carrizo había dicho que “estaba armando ‘bagullos’ para su esposo, quien estaba en la cárcel (Villa Urquiza), cuando fue descubierta”.

“Mi cuñada vivía ahí (en una de las casas). Mi madre y mi padre también”, contó Pedro Raúl, quien aseguró que ya no residía en ese lugar, sino en una vivienda del barrio “Ampliación Los Sauces”, en la ruta 305, donde no hubo allanamiento.

La Policía buscaba a través del operativo en el barrio “Experimental II” a Marcelo Marchisio, otro de los hermanos, por el probable delito de comercialización de droga. “Después ya no fui seguido a casa de mis padres. Sólo a visitar a mi madre”, enfatizó Pedro Raúl. “Estaba enojado con mis hermanos porque me llevaron a mí y me metieron en una causa en la que no tenía nada que ver”, añadió. En 2012 fue detenido por orden de la Justicia Federal, luego de los allanamientos

María de los Ángeles Carrizo, junto con Sandra Ortiz y “El Gitano” se hicieron cargo del material secuestrado años después y fueron condenados a prisión.

Carrizo, en particular, había comenzado una relación con “Bachicha” cuando tenía 15 años. En junio del año pasado, con 38 años, fue asesinada por su pareja, quien estaba prófugo y había pertenecido a la peligrosa “Banda de la Gruta”, una organización que se dedicaba a asaltos.

Ayer, el Tribunal ordenó la absolución de Pedro Raúl Marchisio por el beneficio de la duda. Durante el juicio, la mayor parte de las pruebas no confirmaban la vinculación del acusado como proveedor de droga.

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