Un ensayo clínico apunta a hacer adelgazar a policías con sobrepeso

Aunque la Policía cuenta con un programa sobre hábitos saludables, preocupa el estado nutricional de parte de los efectivos.

17 Ago 2018

Llegar a tiempo si una persona está en peligro. Correr lo más rápido posible para alcanzar y detener a ese ladrón que altera la tranquilidad de un barrio. Con esas premisas, Ramiro (41) se preparó mucho físicamente cuando estaba en la Escuela de Policía. Luego, cuando egresó y empezó a trabajar, intentó seguir entrenando y hacer una dieta saludable. Con los años, formó una familia y llegaron los hijos (tiene cuatro). Comenzó a hacer adicionales porque el dinero no le alcanzaba. Ya no tenía tiempo para nada. Comía lo que podía. Y ya nada era saludable en su vida. De a poco la balanza le fue sacando factura: hoy debería pesar entre 85 y 90 kilos, pero pesa 107 y no se siente nada bien.

La historia de Ramiro (nombre ficticio) es la de muchos otros policías. El es uno de los 160 efectivos tucumanos con sobrepeso u obesidad que el año pasado se anotaron en un ensayo clínico para bajar de peso ayudados con un fármaco. Si bien el oficial logró restar algunos kilos, aún le falta mucho.

El estudio, que estuvo coordinado por los expertos Francisco D’Onofrio (nutricionista), Fabricio Scacchi (especialista en obesidad y síndrome metabólico) y Rubén Quintana (licenciado en nutrición), por primera vez se realiza con policías. “Elegimos hacerlo en esta población porque dentro de los empleados públicos de la provincia son los policías los más afectados por estrés, sobrepeso y obesidad, hipertensión y diabetes. Son muchos factores de riesgo”, señaló Donofrio, que es referente del Programa Provincial de Obesidad.

El trabajo se hizo una clínica privada con el aval del comité de Etica de la Facultad de Medicina de la UNT. El Siprosa no estuvo involucrado, aclaró el experto. Fue presentado la semana pasada y entre los profesionales abrió el debate sobre cómo es el estado nutricional de la fuerza policial. Todos coincidieron en que debería ser una preocupación central porque los agentes están sometidos a mucho estrés, lo que multiplica las chances de sufrir exceso de peso. Estar en forma y el rendimiento físico de un policía son dos cartas fundamentales para que su trabajo genere los mejores resultados, resaltaron. Sacchi destacó que si bien al principio se anotaron 160 policías, fueron 100 los que cumplieron con el tratamiento: además de la droga que les daban -el mazindol- debían cumplir una dieta y hacer actividad física, 10.000 pasos por día.

Según D’Onofrio, el mazindol se usa por tres meses , está indicado especialmente para pacientes con obesidad, con acumulación de grasas en el abdomen, que llegaron a una meseta en su descenso o con adicción a los hidratos de carbono y hay que acompañarla con tratamiento psicológico. En cuanto al ensayo, la única condición para participar fue que tuvieran sobrepeso y obesidad, entre 18 y 60 años y que no padecieran cardiopatías, diabetes o hipertensión. La mitad de los pacientes evaluados fueron mujeres y la otra mitad, varones.

Luego de tres meses de tratamiento, en promedio las policías bajaron 11 kilos y sus pares varones, 9 kilos. Además de bajar grasas, mejoraron los indicadores de insulina y Homa y descendió en ellos la presión sistólica ( causa hipertensión arterial). También les disminuyó el talle de la cintura: ellas terminaron con 11 centímetros menos y ellos con ocho menos. La glucemia, el colesterol y los triglicéridos se mostraron iguales, aunque en estos indicadores hay que esperar un poco más para ver mejorías, señaló Scacchi.

“La medicación les sirvió más que nada para inhibirles la ansiedad y generarles saciedad. Lo interesante del estudio es que vimos cómo les cuesta cuidarse a los policías, por su ritmo de vida y el estrés que viven. Para que pudieran seguir el plan los visitábamos en sus domicilios. También fue positivo ver cómo mejoraron su calidad de vida un 40%”, destacó Scacchi.

Según sus estimaciones en la actualidad hay 15 uniformados que mantuvieron el plan alimentario. No fue el caso de Ramiro ni el de la gran mayoría. “Llevo 18 años en la Fuerza y veo muchos efectivos con sobrepeso, como yo. Realmente se debería hacer algo: necesitamos ayuda. Es muy complicado tener dos trabajos y encontrar espacio para hacer actividad o alimentarnos bien. La mayoría de los policías comenzamos esta carrera con un estado físico de atleta (¡llegué incluso a entrenarme con Juan Pablo Juarez, el maratonista!) y luego vamos engordando cada vez más por la falta de tiempo; todos tenemos que hacer servicios adicionales para llegar a fin de mes. Ni hablar de los problemas psicológicos y familiares que acarrea esta profesión. Sufrimos mucha presión y somos poco reconocidos. A eso hay que sumarle que tenemos vivencias muy fuertes, estamos en contacto directo con la muerte y el sufrimiento. A veces tenemos que hacer malabares para cumplir con las exigencias con pocos medios. El trabajo te absorbe un montón. Pasé por muchas dependencias; en la única que te sentís reconocido es en Bomberos”, confiesa el efectivo, que ahora se desempeña en la Patrulla Urbana.

Mal de muchos...
La Policía provicial cuenta desde 2016 con el programa Ámbitos y Hábitos Saludables. Principalmente se hacen recomendaciones nutricionales. Las autoridades lo inauguraron con el sobrepeso. No es algo que se vea solo a nivel local. Según un estudio realizado en la Policía Federal, el 80 % de los efectivos tiene problemas de peso. Comen a deshora en la calle porque pasan mucho tiempo afuera de su casa, eligen comida rápida para seguir trabajando y consideran que el estrés que padecen los lleva a alimentarse en cualquier momento. Esas fueron algunas de las causas que detallaron los mismos efectivos sobre su mala nutrición. Este año la nota la dio la Jefatura de Policía de La Pampa, con un decreto en el cual se estableció que los agentes con obesidad o sobrepeso deberán hacer dieta para lograr ascensos. Así fueron invitados a hacer un tratamiento con un nutricionista.


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Policía de Tucumán
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