Un debate entre dos modelos de país

Por Pablo De La Torre - Secretario de Salud y bBienestar Familiar. Municipalidad de San Miguel - Buenos Aires

29 Jul 2018
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Sabrina llegó en noviembre de 2015 al Hospital Larcade con problemas de salud y con un embarazo sin controlar. Hubo que hacerle una cesárea de urgencia. Inmediatamente fue ingresada al Programa Municipal “1.000 Días”. Desde ese momento a ella y a su hijito, Mateo, les fue asignada una acompañante familiar, que garantizaría el acceso de ambos al sistema de salud, al mismo tiempo que les brindaría la ayuda y contención que los dos necesitaban en ese momento tan importante de sus vidas.

Hasta ese momento, Sabrina no salía de su casa. Aunque el Centro de Salud le quedaba cerca, no se hacía los controles y carecía de ánimo para hacer nada. Nunca tuvo amigas y sólo estudió hasta quinto grado. Se quedaba encerrada y su marido hacía changas.

En julio de 2017, fue dada de alta del programa. El cambio era llamativo, ella misma lo reconoce. El sólo hecho de hablar con Doris, su acompañante, la ayudó a volver a tener fuerzas, ganas, a tomar conciencia de la importancia de ocuparse de la salud de sus hijos y de la suya propia, porque ella era importante, ella tenía que estar bien porque su familia la necesitaba. Ahora quiere seguir estudiando para poder terminar la escuela.

Casos como el de Sabrina corren riesgo de desaparecer. No porque serán superados, sino porque serán eliminados. Afrontar la adversidad y salir adelante ya no será una posibilidad si se aprueba la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Que, en situaciones como esta, poco tendrá de “voluntaria”.

La decisión fundamental que tienen enfrente los senadores, el debate que subyace, es entre dos modelos de país. Uno en el que se trabaja para resolver los problemas de fondo y en el que se protege al más vulnerable. Y otro en el que se recurre a un facilismo importado y se elimina al más débil.

Debemos ser claros y dejar de hablar con eufemismos. El aborto es matar a un niño. Y de aprobarse esta ley habrá niños argentinos que en democracia, no van a poder nacer, no van a poder jugar, amar, reír o llorar. Pero no sólo ellos serán víctimas. Miles de mujeres quedarán destruidas. Ya no habrá posibilidad de superar la adversidad o salir adelante, porque la muerte del hijo es irreversible. Poco se habla de esto, pero he visto las secuelas del síndrome post aborto y es algo realmente devastador.  Ninguna madre que haya dudado en continuar con su embarazo se arrepiente de haberlo hecho con el niño en sus brazos, no puedo decir lo mismo de las que han abortado.

Es por esto que debemos trabajar en las causas, en revertir la situación de desigualdad que lleva a una mujer a considerar el aborto como opción. No podemos mirar para otro lado. La vida de estos niños y mujeres está en riesgo, por situaciones profundas que van más allá de los embarazos no deseados.

En la Municipalidad de San Miguel decidimos hace muchos años trabajar por el país en el que la vida del otro importa. En el que toda vida vale. Por ello, creamos una política pública que no se queda esperando, sino que va en búsqueda de las mujeres para solucionar los verdaderos problemas y cambiar la historia de las familias.

La Secretaría de Bienestar Familiar lleva a cabo una serie de programas integrales que buscan cuidar en forma personalizada a la mujer embarazada, a su hijo recién nacido y, después, a través de los Centros Infanto Familiares, brindar un lugar de estimulación y contención para prepararlos adecuadamente para el ingreso a la educación formal.

Las estrategias son múltiples: acompañantes familiares, talleres, asistencia alimentaria y material, acceso a la salud, educación y capacitación laboral son algunas de las más destacadas. Lo importante es generar herramientas, recursos y hábitos para que cada mujer sea capaz de hacerse cargo de su propia vida y de criar a sus hijos.

Toda esta tarea se lleva adelante con presupuesto municipal. Cuánto más se podría hacer si invirtiéramos tiempo y dinero en pensar una Política Pública Nacional que garantizara los derechos de las mujeres y de los niños. Porque créanme, años de trabajo en barrios humildes no hacen más que confirmar que el debate por el aborto responde a una postura ideológica y no a una necesidad real de la gente.

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