Como estamos hoy, no hay forma de que Tucumán albergue un Mundial

20 Jul 2018

Imaginen que de golpe aparecen 50.000 mexicanos en Tucumán. Así, de un día para el otro. Se instalan durante 48 o 72 horas antes de seguir viaje. ¿Cómo llegan a la provincia? ¿Dónde se alojan? ¿Quién les da de comer? ¿De qué forma se movilizan? ¿En qué se entretienen? Retengan el número. No son cientos ni miles de visitantes. Son 50.000, cifra que puede sonar escasa. Tal vez se trate de muchos más. Por ejemplo, en el caso de brasileños, chilenos, peruanos o colombianos. Ni por asomo la provincia está preparada para manejar semejante caudal de gente, ni tampoco hay planes orientados a construir una infraestructura de servicios que la contenga. Es una de las razones que nos baja a la realidad e indica que Tucumán no está en condiciones de ser subsede de un Mundial.

Argentina está en carrera para organizar la Copa de 2030, dentro de apenas 12 años. La candidatura, compartida con Uruguay y con Paraguay, se presentó el mes pasado en Moscú. La potencial presentación de Inglaterra representaría un rival casi imbatible, y mucho más desde que se confirmó a Estados Unidos, México y Canadá como sede tripartita del torneo en 2026. ¿Dos Mundiales seguidos en América? Más que difícil.

De todos modos el proyecto está firme y contempla una Copa para 48 equipos, como anticipó la FIFA que se implementará desde 2026 (o de 2022, si se imponen algunas iniciativas que apuntan a socavar el protagonismo de Qatar dentro de cuatro años). A mayor cantidad de partidos, más reparto de subsedes. ¿Cómo asoma Tucumán en ese cuadro, al que aspiran a integrarse varias ciudades, incluso del NOA? Mal.

La cuestión del estadio es importante, pero no la única ni la más relevante. Tucumán necesita un estadio más allá de la hipotética disputa de un Mundial, de eso no hay dudas, pero si va a construirse uno -como viene rumoreándose- sería importante tener en cuenta algunos estándares de calidad imprescindibles. Los extraordinarios escenarios de Rusia 2018, a cuyos niveles de excelencia habría que apuntar, también son modélicos puertas afuera. Se erigieron lejos de los contextos urbanos y con plena accesibilidad: estaciones de subterráneo o de tren casi en la puerta, paradas de múltiples líneas de ómnibus en los alrededores y playas de estacionamiento capaces de albergar miles de vehículos. Y cero margen para la inseguridad. Así se construye un estadio moderno y funcional. No es lo que está planeándose en Tucumán, de acuerdo con lo que se escucha. Pero siempre hay tiempo para cambiar, sobre todo cuando los proyectos no pasaron de la fase de maquetas.

Supongamos que juegan Brasil-Suecia en Tucumán. Partidazo en la fase de grupos mundialista. Decenas de miles de brasileños se lanzan rumbo a la provincia. La multiplicación exponencial de la conectividad que haría falta para recibirlos marea. Las plazas hoteleras no darían abasto, lógico, pero mucho más renga está la otra pata del sistema de alojamientos. La mayoría de los argentinos que viajaron a Rusia apelaron a Booking y a airbnb para alquilar departamentos. Esa oferta sigue siendo escasa en cantidad y en calidad en Tucumán comparada con semejante volumen de demanda. No hay ómnibus ni taxis que resistan un aluvión de esas características, situación que se agrava porque la capital provincial carece de subterráneos, trenes, tranvías o servicios alternativos como remises o acceso libre a Uber.

Todas estas cuestiones básicas se engarzan en un collar que puede brillar si la ciudad anfitriona está a la altura del desafío o apretar el cuello si fracasa en el intento. Los Mundiales se juegan más en la calle que en los estadios y el protagonista es el público, al que hay que recibir con amabilidad, brindarle facilidades para desplazarse, alimentarlo, cuidarlo y proporcionarle todas las herramientas para que la pase bien y “venda” el destino que acaba de descubrir. Es el caso de los argentinos que regresaron hablando maravillas de San Petersburgo, Kazán y Sochi, por no mencionar a la impactante Moscú.

Nizhni Novgorodod, donde la Selección perdió 3 a 0 con Croacia, es un espejo en el que podría mirarse Tucumán. Levantada a orillas de un río -el Volga- es una ciudad llena de verde, de parques, de avenidas anchas, ni demasiado moderna ni demasiado antigua, con ineludibles índices de desigualdad social que se comprueban en los barrios periféricos. Para recibir el Mundial hizo muchos deberes y salió aprobada.

La pregunta a esta altura es qué gana y qué pierde una ciudad cuando se embarca en una aventura de esta envergadura. Para Tucumán, cuyo atraso se refleja en casi todas las columnas de un Excel premundialista, representaría una ganancia neta. Son 12 años los que nos separan del -posible- Argentina 2030. Si la decisión es subirse a ese tren urge empezar ya y con una certeza: hay que poner a los especialistas que realmente saben del tema a cargo. No es lo usual en estas tierras. Este Tucumán, el de todos los días, no reúne los mínimos requisitos.

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