“Amar no es más que las ganas de amar”, afirma Miguel Jordán

El actor protagoniza “Las heridas del viento”, con la cual ganó este año el Estrella de Mar. Una historia sobre alegrías, vínculos y soledades.

13 Jul 2018
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CARTAS COMO PUENTE. Miguel Jordán y Mariano Fernández son Juan y David en “Las heridas del viento”. Prensa.

ACTÚA HOY

• A las 22 en el teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras al 1.500, ex Abasto).

Una parte medular de la vida de artista trashumante de Miguel Jordán la pasó en Tucumán, al punto que el actor reconoce que muchos creen que nació en la provincia. Mientras su talento recorrió los escenarios, su sonrisa le hizo ganar una silla en los cafés y las tertulias de fines de los 60 y principios de los 70.

Luego de varios años, regresa a su querido terruño en su función de actor, y lo hace en un teatro que lleva el nombre de una entrañable colega: presentará en el Rosita Ávila “Las heridas del viento”, la obra con la que ganó este año el Estrella de Mar al mejor protagonista dramático, en la temporada de Mar del Plata.

“Es una historia muy bella, que refiere al amor en estado puro entre dos personas. Amar no es más que las ganas de amar, dice Juan, que es mi personaje. El viento borra las heridas y se lleva el dolor. Al igual que lo que afirmo en la obra, apuesto a vivir con alegría”, le dice Jordán a LA GACETA.

Esta comedia dramática escrita por el español Juan Carlos Rubio y dirigida por Gastón Marioni reúne en escena a Jordán con el actor tucumano (nació en Bella Vista) Mariano Fernández, quien compone a David, quien, cuando muere su padre, descubre entre los papeles heredados pasionales cartas secretas dirigidas hacia otro hombre. Esas notas reúnen a dos seres entrañables y opuestos en un encuentro donde la valentía, el coraje, la pasión, el fuego, el humor y los sentimientos los modificará para siempre. No habla de una relación homosexual, sino del amor entre dos hombres.

- ¿Las cosas ocultas construyen la parte central de nuestra identidad?

- Nada está oculto, todos amamos y nuestra identidad se forja con alegrías y tristezas. Lo importante es soñar con un mundo siempre mejor. Las diferencias valen para construir, no para disentir. Vivamos respetándonos los unos a los otros, en paz y amor.

- ¿Encontrar la humanidad del otro pese a las diferencias es lo único importante?

- Es necesario llegar a la unión: nada es imposible, la comprensión llega con la verdad por más dolorosa que sea. Hay que vivir siempre en una eterna comprensión. La diferencia de pensamientos nos tiene que unir; debemos vivir en libertad para ser felices. Mucha gente conoció cosas de sus padres cuando ya se habían ido.

- ¿Cómo te llegó la obra?

- Hace tiempo queríamos trabajar con Mariano este texto, pero era imposible pagar los derechos de esta obra. Todo se facilitó cuando una amiga nos contactó con el autor, que es un dramaturgo multipremiado en España, y nos pusimos en manos de Gastón, quien es un joven y talentoso director. Ensayamos mucho hasta llegar a los planos de felicidad que buscábamos. Debutamos en Mar del Plata a principios de enero, y luego hicimos La Plata y Buenos Aires, donde estuvimos tres meses. A la gente se le escapa una lágrima al terminar porque se reconoce en algo que le pasó.

- ¿Qué fue lo primero que te sedujo del texto?

- El tema me atrapó en la primera lectura. Es una maravillosa historia donde el amor y la soledad llegan con alegría, con ganas de vivir la vida. Habla también de la gente que junta plata sin disfrutarla, de los hijos que nunca van a ver a sus padres y cuando se mueren preguntan sobre la herencia que dejó... Luego de 60 años de trayectoria, necesitaba hacer algo que llegara tanto a mi corazón como al del público. Y más en Tucumán, donde actué por primera vez en 1960, en el Parravicini. Me duele verlo demolido.

- Tu nombre se identifica con la cultura española, ¿lo sentís así y que te genera?

- Me identifico con la cultura española, mis raíces son de allí. Tuve la infinita dicha de interpretar autores de todas las nacionalidades en mi recorrido.

- Ganaste los premios Pablo Podestá a la Trayectoria Honorable, que entrega el Senado; el Florencio Sánchez; el María Guerrero y ahora el Estrella de Mar. ¿Qué significan estos reconocimientos en tu vida artística?

- Los premios son una caricia al alma, siempre los comparto con mis compañeros: no hay un excelente actor sin un director, nada es posible en soledad. Y menos sin el público, que es lo único que no se ensaya: nadie le dice que aplauda de pie, como nos pasa con esta obra.

- Vas a reencontrarte con mucha gente querida en la provincia, ¿qué implica Tucumán?

- Ocupa un lugar preferencial en mi vida, tengo grandes amigos y muchos inolvidables, en mi segundo hogar con amigos muy queridos y donde me pasaron cosas hermosas en la época de oro del teatro tucumano, con obras sumamente exitosas y presencia en la radio. Me afinqué en septiembre de 1968 cuando llegué para interpretar “Historia del zoo” de Edward Albee; enseguida Boyce Díaz Ulloque me ofreció hacer “El cepillo de dientes”, de Jorge Díaz con la magnífica Marta Forté en el Teatro Universitario, y luego de ese enorme logro, Guido Torres me contrató para el Teatro Estable, donde estuve hasta el 72. Mi sincero recuerdo para Boyce, Guido y todos los compañeros que están en mi mente y en mi corazón. Siempre estoy volviendo y ahora estoy muy feliz de volver a un teatro que lleva el nombre de una pionera y gran luchadora como Rosita, que siempre alzó la bandera del arte. A los homenajes hay que hacerlos en vida.

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