Vidas en riesgo en un policial desquiciado

Víctor Hugo Cortés escribió y dirige “Actrices”, sobre cuatro estrellas rivales entre sí.

07 Jul 2018
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SITUACIÓN EXTREMA. “Actrices” expone con humor relaciones conflictivas. prensa

PRIMERA FUNCIÓN

• A las 22 en El Círculo de la Prensa (Mendoza 240).

Imelda, Celeste, Julia y Nina llegan a la medianoche al escenario de un teatro vacío. Se citaron a esa hora y en ese lugar para saldar viejas cuentas, y en el encuentro afloran celos, rivalidades y mezquindades, que empujan la relación que tienen a un terreno salvaje. La vida de todas está en riesgo y cada una usa una estrategia para imponer sus intereses. Cada revelación es un disparador de historias y posturas en las que tu aliado de ahora será luego tu enemigo.

A partir de esta idea, Víctor Hugo Cortés escribió “Actrices”, obra a la que define como “una desopilante comedia negra con trasfondo de policial desquiciado”. Esta noche la estrenará en El Círculo de la Prensa, con las actuaciones de Natalia Yapura; Carla Marengo; Natalia Cano y Mariela Casanova.

“‘Toda coincidencia con la realidad… es premeditada’, podría rezar un subtítulo de esta obra. En mis más de 30 años de trayectoria teatral he trabajado con muchísimos actores y actrices, y el trato social y creativo con cada uno ha resultado en un feedback que nos ha enriquecido a todos. Reescribí el texto cinco veces a partir, justamente, de las experiencias propias y ajenas, y tras las devoluciones que las actrices iban haciendo de cada libreto. Tiene mucho de nuestras experiencias de vida profesional”, resalta el director.

Cortés comenta que esta obra integra una trilogía sobre el mundo del teatro, que se completará con “Dramaturgos”, programada para 2019, y “[email protected]”, en preparación. Repite el elenco de “Divorciadas, evangélicas y vegetarianas”, con el agregado de Casanova.

“La trama es como una matrihoska, la muñeca rusa: dentro de la primera se esconde otra y así sucesivamente, y cada aparición impone un nuevo giro a la historia, de modo que -al final- nada es lo que parece ser. En la pieza se entrecruzan personas y personajes; odios y amores, y buenos y malos entendidos tan propios de nuestra comunidad artística. Por la complejidad de su planteo, requiere de un espectador atento, porque se presentan algunos interesantes interrogantes: en su trato mundano, ¿las actrices dejan de actuar? ¿Continúan haciéndolo por momentos como fruto de una deformación profesional? Y en determinadas ocasiones, ¿no actuamos todos?”, plantea.

En su relato, hay una justificación de fondo: “el teatro es pura pasión, disfrutamos mucho del proceso creativo en el que se cruzan humores, estados anímicos, conceptos, ideologías y saberes, más allá del caos en el que parece sumergirse por momentos el trabajo; a la larga no hace más que enriquecer lo que decantará oportunamente en la puesta en escena”.

Cortés admite risueñamente que muchas veces quiso “matar” a un actor o a una actriz. “Pero sé diferenciar el trabajo, con su grado de exigencia y expectativa, que se lleva a cabo con elencos según sean vocacionales o profesionales, y con mis alumnos soy contemplativo y considerado. A los profesionales les exijo un trabajo sistemático en los ensayos y en las funciones, y a medida que se acortan los tiempos se agota la paciencia”, reconoce.


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