Por qué es tan importante hablar con los hijos

Con amenazas y castigos no se impone autoridad, dicen los especialistas. Es mejor recurrir al diálogo.

03 Jul 2018
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CONSEJO. Según especialistas, hay que propiciar que los chicos se expresen.

Desde una edad temprana, el diálogo entre los padres y sus hijos es fundamental para promover el entendimiento mutuo, permitir que los niños expresen sus sentimientos y fijar límites en la conducta. Especialmente entre los 4 y 8 años cuando los berrinches, los caprichos y los cuestionamientos son una moneda común a la que muchos adultos no saben hacerle frente.

Amenazas, penitencia y castigos son algunos de los métodos utilizados para imponer autoridad pero, lo que en el momento parece una solución, a largo plazo resulta poco eficaz ¿Cómo deben reaccionar entonces los padres ante las situaciones de desobediencia y de mala conducta?

Si lo que se busca es modificarlas malas conductas y actos, los especialistas sostienen que el diálogo es la herramienta fundamental. En contraposición a las amenazas, la psicopedagoga Natalia Jiménez Terán resalta la utilidad de conversar con los pequeños: “hay que salir de la posición de hermetismo para abrir un espacio de diálogo con el menor. Desde el primer día la palabra es el medio de comunicación, la explicación enseña más que el castigo”, comenta Jiménez Terán.

En la misma línea, Natalia Visosa recomienda a los padres fomentar la expresión de sus hijos para que ellos mismos comiencen a interrogarse sobre sus acciones y valores. “La mejor manera de mejorar los vínculos familiares es permitir que los chicos expresen los sentimientos que experimentan en ese momento y, al mismo tiempo, dejar en claro nuestra posición al respecto ante sus quejas, berrinches y los gritos”, narra la psicóloga infantil.

“Se necesita conversar con los niños, explicarles las consecuencias de sus actos, como nos hacen sentir y lo que esperamos. Cuando educamos, lo que buscamos es que nuestros hijos se manejen desde una conducta ética, solidaria, sean respetuosos con las normas y las demás personas. Que puedan resolver por sí mismos las situaciones con los valores que como padres les enseñamos”, detalla la psicopedagoga Silvia Bono.

No obstante, este diálogo no debe ser un monólogo. Y a esto lo tiene claro Florencia Ruiz, madre de Valentín de 10 años: “antes le preguntaba a mi hijo sobre la escuela y sobre las cosas que hizo. Quería mostrarme abierta pero él solo me contestaba con monosílabas, un ´bien´ o ´nada´. No se trata de ser inquisidores o metidos pero muchas veces los padres atosigamos con preguntas a los chicos y, cuando lo necesitan, verdaderamente no sabemos escucharlos”.

Y es que, tal como señala Melina Romero, en una conversación ambas partes deben estar interesadas y dispuestas a escuchar. “Quiero que mi hijo obedezca y, para eso, soy consciente de que además de explicarle claramente lo que busco tengo que saber oír lo que dice y prestarle la misma atención que requiero de él”.

El tiempo y los límites

Carolina Rodrigo, de 36 años, es una de las madres que busca entablar diálogo con su hijo Benjamín, de 5 años. “La infancia es una etapa donde los niños definen sus valores y comportamiento en el futuro. Como padres nosotros predicamos con el ejemplo y con las frases que salen de nuestra boca y, por esta razón, siempre es bueno escuchar a los niños y hablar sobre sus preocupaciones”, comenta Carolina.

Melina Romero tiene un hijo llamado Mateo (cinco años) que suele gritar y correr de un lugar a otro cuando van a hacer compras. Según describe Melisa, para que Mateo obedezca intentó con distintas amenazadas y castigos pero sin éxito. “En esos momentos me enojo y termino gritándole pero jamás converso con Mateo o le explico cómo espero que se comporte en los lugares públicos. Es algo sobre lo que tenemos que trabajar en familia”, analiza Melina.

Ana Medina, tiene 46 años y es madre de dos chicas, de 7 y 9 años. Ella acepta que carece del tiempo suficiente para poder conversar con sus hijas. “Mi marido y yo trabajamos hasta tarde, así que ellas pasan la mayor parte del tiempo con mi mamá o una niñera. Es complicado llegar cansado y tener que renegar con sus berrinches y fijar límites” -narra Ana -. “Sin embargo, cuando contestan de mala manera o actúan mal, no importa lo que estemos haciendo, las frenamos y nos sentamos a hablar”.

Al respecto Belén Ruiz, madre de dos niñas, comenta que, por la capacidad de abstracción a esa edad, las conversaciones son cortas y tenés que explicarles con pautas claras y sin argumentos complejos. ”A los 4-5 años, los niños son como esponjas: lo que vos mostrás y les decís, ellos lo absorben. Esa es la importancia de dialogar para que creen hábitos en el orden, la limpieza y los horarios de vigilia y sueño.

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