Nizhni Nóvgorod, la ciudad de la que Tucumán puede aprender

Bombardeada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, la sede de Argentina-Croacia luce como una versión de lo que podría ser nuestra provincia.

21 Jun 2018 Por Guillermo Monti

El calendario mundialista de la Selección marca estaciones en las principales ciudades de Rusia: Moscú y San Petersburgo. El jamón de ese sándwich es Nizhni Novgorod, donde esta tarde Lionel Messi y Jorge Sampaoli se jugarán buena parte de su futuro. La hinchada sigue al equipo en este peregrinar, como en la antigüedad marchaba el pueblo detrás de los ejércitos. Aquí está entonces la marea albiceleste, descubriendo las bellezas de una urbe bella, ordenada y rebosante de verde por todas partes. Tucumán podría aprender de las soluciones que fueron encontrando en Nizhni para problemas universales, como los que sufren el tránsito y el transporte.

“¿Qué nos parece? Muy lindo todo”, destacan Ornella Pye y Diego Nájar. Ella es de Puerto Madryn, él de Neuquén. Viven en Cracovia, la tierra natal de Juan Pablo II, y sonríen para la foto de espaldas a uno de los edificios emblemáticos de la ciudad. El casco histórico propone un recorrido por construcciones originales de fines del siglo XIX y principios del XX, muy bien conservadas y pintadas con colores vivaces.


SALTEÑOS. La foto con la cabra de bronce, ineludible para los turistas. 

Es un milagro que todo siga en pie, considerando que Nizhni fue la ciudad rusa más bombardeada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Claro que el objetivo no era el núcleo civil, sino el complejo industrial en el que se producía el grueso del material de combate empleado por el Ejército Rojo. Después de la Guerra, el régimen soviético cerró Nizhni, temeroso de que las potencias occidentales robaran los secretos de las fábricas. Ni siquiera se conocían planos del tejido urbano.

En una esquina, tres chicas reparten invitaciones para una exhibición de ranas, arañas, lagartos, víboras y aves, entre otras especies. ¿Dónde? “Allí”, señala una de ellas, apuntando a un centro de exposiciones, mientras sobre el otro brazo hace equilibrio una lechuza. Una pitón envuelve el cuello de otra promotora. Eduardo, un intrépido sanjuanino, accede a fotografiarse con todos los animales sobre el cuerpo.

La vida académica, cultural y artística de Nizhni es intensa, aunque el Mundial marcó un pequeño paréntesis. En la ciudad no hay interés por el fútbol -de hecho, los vecinos se preguntan qué harán con el formidable estadio construido para la Copa-, pero tanta pasión que despliegan los visitantes por fin genera algo de interés por la pelota.


LEJOS DEL PAGO. Ornella y Diego llegaron desde Polonia, donde residen.

Por calles y avenidas circulan taxis, móviles de Uber, tranvías y ómnibus. En 1985 se inauguró el subterráneo, con dos líneas y 13 estaciones. Además, hay un teleférico que cruza uno de los ríos sobre los que reposa Nizhni. Vías de comunicación no faltan, imprescindibles para llevar y traer a más de un millón de habitantes.

El perfil va cambiando a medida que el centro queda atrás y asoman dos clases de edificaciones: los antiguos complejos habitacionales de la era soviética y los nuevos emprendimientos, algunos con pretensiones de rascacielos.

Cambio de ritmo

Los decibeles del mambo urbano bajan a la siesta, un rasgo que emparenta a Nizhni con tradiciones más pueblerinas. Otra vez aflora el recuerdo de Tucumán. Esa calma se irá de vacaciones hoy y mañana, empujada por los hinchas que toman por asalto las calles.

Cuatro amigos eligen una cabra de bronce para sacarse fotos. Es un homenaje, con forma de estatua en tamaño natural, para un animal que ayuda a pasar el invierno con su generoso aporte de leche. Los fanáticos no reparan en estas misceláneas y de inmediato se comprueba que vienen de Salta. Jorge Poma (“El Gordo”), Charly Vattuone, Hernán Fantinel y Pablo Bachman cantan agitando una bandera. Poma remata la despedida con un grito: “¡aguante Central Norte!”.


FAUNA. Eduardo, de San Juan, se animó a posar con los animales de un zoo.

Al contrario de las tucumanas, las peatonales de Nizhni son amplísimas, adornadas con flores y numerosos monumentos y estatuas. Se mantiene la efigie de Josef Stalin, pero el héroe local es el escritor Máximo Gorki, al punto de que la ciudad llevó su nombre entre 1932 y 1991. La peatonal Pokrovka fue escenario ayer de agitados duelos de cantitos entre los hinchas argentinos y croatas. Esas escaramuzas verbales no alteraron la vida comercial ni gastronómica, caracterizada por tiendas vistosas y locales ideales para saborear una bebida disfrutando del fresco.

Los barcitos tentadores alternan con restaurantes más generosos con la variedad del menú y menos con los bolsillos. En el corazón de ese ida y vuelta entre los fanáticos se sacó fotos la familia Yelin (Sergio, Graciela y Marcos). Llegados desde la localidad entrerriana de Concordia, miraban todo picados por la curiosidad.

Pasado y presente

La zona más atractiva es la confluencia de los ríos Volga y Oká. Muchos argentinos se pasaron la tarde averiguando el precio de los paseos en barco, aunque el chaparrón que cayó pasadas las 17 sirvió para ahuyentarlos. Remontar el Volga proporciona el espectáculo de ver desde el agua la Catedral de Alejandro Nevski, que quedó muy cerca del estadio mundialista. El contraste entre las construcciones -una clásica, otra ultramoderna- es deslumbrante. Del otro lado del río se acumulan las referencias históricas (el Kremlin, el banco estatal que parece un castillo medieval, las torres de la antigua fortaleza).

Sebastián del Bruto es de Vicente López, al norte de la Ciudad de Buenos Aires. Su hijo, Lorenzo (6 años), paseaba a su lado enfundado en la celeste y blanca y a bordo de un monopatín. Se dirigían al Fan Fest. “Me gusta la ciudad -opinó Sebastián-. Claro que es muy diferente a Moscú. Se nota que se prepararon para recibir el Mundial. La gente es superamable, pero eso sí, acá no encontrás a nadie bilingüe”.


SONIDOS. Una orquesta típica local recibió con su música a argentinos y croatas.

Los anfitriones pusieron música para darles la bienvenida a argentinos y croatas. En la puerta de una casa de venta de souvenirs tocaba un grupo, todos con trajes típicos, y con varios chicos en la formación.

Más allá, una banda ensayaba ritmos españoles. Tal vez sea lo más cercano a lo latino que encontraron en su repertorio.

Ciudad jardín

Entre los puntos para aprender, y quizás imitar, quedó la predilección de Nizhni por el verde. En cada sector que se le pudo robar al cemento se alternan árboles, retazos de césped, canteros y plantas. Habría que ver cómo queda tanta exuberancia vegetal durante los varios meses en los que aprietan el frío y la nieve.

Encantado con el entorno, e identificado con un buzo de la Selección, Waldo Mijangos repartía elogios. Lo acompañaba su esposa, Jennifer. Pero el acento lo delató rápidamente. “En realidad somos de Guatemala. Vivimos en Rhode Island, en Estados Unidos, pero desde siempre amamos la Argentina”, confesó. Después de saludar, se internó entre los atractivos de la plaza Gorki, que de tan verde parece un rincón de Yerba Buena.

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