Pensamientos vigentes del creador de la Bandera

20 Jun 2018 Por LA GACETA

Honradez, coraje, inteligencia, generosidad. Se lo asocia íntimamente con el sentido más noble y profundo de patria. El 3 de junio pasado se cumplieron 248 años de su nacimiento y hoy se evocan 198 años de la muerte de Manuel Belgrano (1770-1820), creador de la Bandera argentina. En su juventud había estudiado leyes en Salamanca, Madrid y Valladolid. Espectador de la Revolución Francesa (1789), las ideas de libertad, igualdad y fraternidad lo sedujeron.

Abogado, periodista, vocal de la Primera Junta surgida el 25 de mayo de 1810, Belgrano se improvisó militar para luchar por el ideario de la libertad. Consciente de que era necesario tener una enseña propia para fortalecer el espíritu de los soldados, creó la Bandera y el 27 de febrero de 1812, la hizo enarbolar en las barrancas del río Paraná. La primera vez que la enseña se izó en Buenos Aires fue el 23 de agosto de 1812, en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari, donde actualmente está emplazado el Obelisco.

La Asamblea de 1813 dispuso que su uso se hiciese en secreto porque el gobierno no deseaba insistir en ese momento con símbolos independentistas. Luego de la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816, en San Miguel de Tucumán, la bandera azul, celeste y blanca fue adoptada como símbolo por el Congreso el 20 de julio de 1816. El Congreso le agregó el sol el 25 de febrero de 1818.

El 8 de junio de 1938, el presidente de la Nación, Roberto M. Ortiz, promulgó la ley 12.361, que establece que el 20 de junio se celebre el Día de la Bandera y lo declara feriado nacional en homenaje al prócer, muerto el 20 de junio de 1820.

Luego de la Batalla de Tucumán, librada el 24 de septiembre de 1812, Belgrano se encariñó con esta tierra, donde se enamoró y tuvo una hija con Dolores Helguero. Pese a los servicios prestados, los tucumanos le pagaron con ingratitud. Enfermo, sin dinero, le solicitó en 1819 una ayuda económica al gobierno provincial que le fue negada. “Yo quería a Tucumán como a la tierra de mi nacimiento, pero han sido aquí tan ingratos conmigo que he determinado irme a morir a Buenos Aires, pues mi enfermedad se agrava cada día más”, le dijo a su amigo José Balbín.

Vale la pena recordar algunos de sus pensamientos que conservan actualidad: “Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público... Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria... Nadie me separara de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como este solo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos... Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos... Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquellos... El bien público está en todos los instantes ante mi vida”.

Sería importante que su ideario se enseñara en todos los ámbitos educativos. Tal vez así la futura clase dirigente estaría más dispuesta a imitar las acciones de Belgrano, a anteponer el bien común por encima de los intereses propios, a no valerse del circunstancial poder para enriquecerse. Quizás sea esa la mejor manera de honrarlo.

Comentarios