Cómo educar tu voz para lograr una sanación interior

Un especialista explica por qué la voz se conecta con las emociones de cada uno.

20 Jun 2018 Por Magena Valentié
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VOZ Y MOVIMIENTO. Ejercicios en un taller de reeducación de la voz.

CAMINO INTERIOR | PROPUESTAS PARA VIVIR MEJOR

La voz humana es energía lanzada al cosmos. Es instrumento musical. Comunicación. Invocación. Instrumento de sanación. Exhortación. La voz ha sido es herramienta de poder de todas las culturas. Un poder que puede cambiar el mundo interior o exterior porque es pura energía. Como está relacionada íntimamente con nuestra respiración se puede mejorar y potenciar para vivir en armonía con uno mismo y con los demás.

¿Quién no se ha sorprendido al ver alguien cuya voz no coincide con las características de su cuerpo? Un señor alto con caja torácica ancha y sin embargo con voz suave y mínima. ¿Qué está reteniendo a esa energía? ¿Por qué no fluye en consonancia con el resto del cuerpo?

“Nuestra voz se conecta con nuestras emociones, nuestra manera de ser y de estar en el mundo. También habla de la historia de nuestros ancestros, de con quién nos identificamos y de la herencia que recibimos del lenguaje materno. En la emisión de la voz están presentes la emoción que surge del yo interior, con su presente, su pasado y su cultura”, explica Silvina Yutzis, pedagoga somática de método Feldenkrais.

“No sólo es cuestión de tener una voz linda y sonora. La identificación con la voz de uno mismo es esencial para la autoaceptación y para mantener la armonía entre cuerpo, mente y espíritu y con el medio. Pero ocurre que muchas veces hay traumas o bloqueos que impiden que la voz salga con la energía, la potencia y la claridad que la persona espera. Esto va más allá de alcanzar una estética social, tiene que ver con una voz con la que yo me identifico o no, porque me está limitando”, explica Yutzis, que hace poco dictó un curso de desarrollo del potencial de la persona a través de la voz. En ese taller se hacía consciente la resonancia de la voz en el cuerpo y se profundizaba en la escucha de los sonidos propios.

El curso se dio con apoyo del método Feldenkrais, que consiste en técnicas que ayudan a recuperar el movimiento. Su función es organizar el movimiento con el mínimo esfuerzo y la máxima eficiencia, no a través de la fuerza muscular sino aumentando la conciencia de cómo funciona el movimiento. El movimiento es importante porque la voz también tiene que ver con la tensión de las mandíbulas, la movilidad de la lengua, la caja torácica y la postura. La respiración y la relajación son grandes aliados.

Una de las máximas de oro de Moshe Feldenkrais, el autor del método es “hacer que lo imposible se vuelva posible, que lo posible se vuelva fácil, y que lo fácil se vuelva físicamente elegante o más placentero”, recuerda Silvina. “Lo que hacemos en los talleres es activar partes del cuerpo que por distintos motivos han quedado quietas, de modo que el trabajo se distribuye más proporcionalmente”. Todo el trabajo lleva a la autoconciencia, utilizando como recursos fundamentales el movimiento, la observación de las sensaciones y emociones que se producen al moverse, y a la vez la emisión de sonidos.

A medida que la persona se va relajando, va aprendiendo a respirar en forma rítmica y profunda y aprende a escucharse en forma consciente, la voz se va modificando. “También cambia la percepción que la persona tiene de sí misma. Adquiere seguridad, tranquilidad a media que va saliendo de los patrones de pensamiento que lo condicionan”, explica. Así vemos que a través de la voz se va produciendo un crecimiento interior, de la energía propia para ser compartida y exteriorizada, en armonía, con los demás.

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