Hourcade marcó un punto de inflexión en Los Pumas

Merecía otro final

18 Jun 2018
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SE ACABÓ. Daniel Hourcade estuvo cinco años al frente del seleccionado nacional. archivo

Cuando asumió de urgencia como head coach de Los Pumas, en octubre de 2013, Daniel Hourcade trazó un proyecto a largo plazo que tenía por objetivo transformar un equipo internamente quebrado y rugbísticamente desactualizado en uno capaz de hacer un buen papel en el Mundial de Inglaterra 2015 y de llegar al de Japón 2019 en condiciones de aspirar al título, siguiera él al mando para entonces, o no. Pudo cumplir con la primera parte de su plan, dotando al seleccionado argentino de una mentalidad y un estilo mucho más ofensivos y ambiciosos, lo que le permitió reducir la brecha con las principales potencias del mundo y conquistar un histórico cuarto puesto en Inglaterra 2015.

Sin embargo, desde entonces -y sobre todo a partir de la incursión de los Jaguares en el Súper Rugby en 2016 y la consecuente veda a los “europeos”-, todo se hizo cuesta arriba para el entrenador tucumano, al que la escasez de resultados positivos en los últimos dos años le detonó la ruta hacia Japón y lo empujó hacia un final similar al de su antecesor, Santiago Phelan. La nulidad absoluta de Los Pumas ante Gales, sobre todo contrastada con el gran nivel que venía mostrando ese mismo plantel hasta un par de semanas antes en el Súper Rugby terminó por convencer a “Huevo” que, esta vez sí, ya no había nada que hacer.

Fue un final que Hourcade no se merecía, más allá de si se está de acuerdo o no con sus decisiones. Por desgracia, en un país desmemoriado como el nuestro, hubo quienes celebraron su renuncia como si fuera el único responsable del mal presente de Los Pumas.

No es el propósito de esta columna exculpar a Hourcade por el sólo hecho de ser tucumano. Él más que nadie sabe la cuota de responsabilidad que le cabe. Sin embargo, el hilo siempre se corta por lo más fino, y a “Huevo” le tocó cargar con las culpas propias y también con las ajenas.

Era el momento

Hay que saber cuándo es momento de dar un paso al costado, y Hourcade entendió que el momento de hacerlo era este, que hacerlo después hubiera sido demasiado tarde: falta poco más de un año para Japón 2019, y Los Pumas necesitan un soplo de renovación urgente. El sistema actual muestra signos de agotamiento desde hace tiempo y eso se refleja en los resultados: Los Pumas sufren hasta cuando no deberían.

Por supuesto, los impacientes de siempre hay quienes le achacan no haber tomado la decisión mucho antes, apenas comenzaron a flaquear los resultados. Pero así como Hourcade eligió quedarse en Los Pumas cuando la espuma del cuarto puesto en Inglaterra le abrió ofertas importantes en el exterior, también decidió seguir apostando cuando la cosa se puso espesa. Y si no se bajó antes del barco no fue por aferrarse a una quimera, sino porque realmente creía que podía torcer el rumbo de las cosas. De la misma manera, si se va ahora, es porque ha perdido esa creencia.

A propósito, quienes llevan tiempo pidiendo su cabeza, lo hacen a caballo de una estadística que, vista así nomás, resulta incontestable hasta para el hourcadista más acérrimo: 19 derrotas en los últimos 22 partidos. Sin embargo, una mirada un poco más detenida le quita contundencia: de esas 19 caídas, 14 fueron en enfrentamientos contra los cuatro mejores seleccionados del mundo, esos que le ganan a cualquiera, no sólo a los Pumas: Nueva Zelanda (cuatro encuentros), Sudáfrica (2), Australia (4) e Inglaterra (4). Y las restantes tampoco fueron ante ningunos advenedizos: Gales (3), Irlanda (1) y Escocia (1).

¿Eso justifica el presente? Para nada. La preocupante actualidad es fruto de una serie de decisiones erróneas, que incluyen al staff, a la dirigencia y hasta los propios jugadores. Hay varias cosas que revisar a futuro. Pero al margen de todo ello, Hourcade marcó un antes y un después en la historia de Los Pumas. Generó un cambio necesario, del que hoy también se sirven los Jaguares. Porque Hourcade no chocó ninguna Ferrari, como sostienen algunos; al contrario, es quien empezó a construirla.

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