Götze impidió que la Copa sea perfecta

Tras 24 años, Argentina logró volver a jugar una final; pero un gol casi sobre el final de la prórroga le impidió consagrarse por tercera vez y en la casa de su archirrival

13 Jun 2018
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ENORME TRISTEZA. A pesar de la magia de Lionel Messi Argentina sucumbió ante Alemania. Rodrigo Palacio desperdició una chance clara con el partido 0 a 0. “Chiquito” Romero fue uno de los puntos altos.

Brasil 2014 fue un Mundial casi perfecto para Argentina. Luego de 24 años, la Selección pudo volver a los primeros planos, sorteó la maldición de cuartos de final y se metió en el duelo decisivo justo en la casa de su archirrival de toda la vida.

El equipo conducido por Alejandro Sabella casi que se sintió como en su terreno desde el principio. La cercanía con su país hizo que miles y miles de hinchas viajaran a darle apoyo a un equipo que contaba con varias figuras rutilantes, que tenía en Lionel Messi a su máxima estrella y que fue de menor a mayor en la competencia. Pero claro, si esa Copa no llegó a ser perfecta fue porque en la final volvió a sucumbir ante una Alemania que casi que se transformó en una sombra negra en los últimos tiempos.

Argentina comenzó la competencia con algunas dudas. El equipo no llegaba sólido desde lo futbolístico y el inicio no fue un camino de rosas. El debut en Río de Janeiro le costó demasiado. Luchó contra sus propios temores y debió esforzarse demasiado para dejar atrás todas las falencias que saltaban a la vista en el análisis táctico. Hasta ese momento, el “plan” de Sabella no terminaba de convencer a sus futbolistas y el equipo sufría en carne propia esa tibieza conceptual.

Por todo eso, el 2 a 1 sobre Bosnia dejó sensaciones ambiguas para un conjunto que cambió a tiempo y que supo ponerle el pecho a la situación cuando su “as” de espadas aún se notaba apagado. Claro que el segundo juego dejó aumentó más las dudas sobre el futuro que podía tener en la competencia. Otra vez, Messi frotó la lámpara para marcar un gol agónico contra Irán, en Belo Horizonte, resolver un partido que pintaba para fracaso y poner a Argentina en los octavos de final.

Hasta ahí el equipo no convencía, ni muchos menos. Las carencia tácticas y de ideas para resolver los planteos cerrados que le planteaban sus rivales, sumados a la llamativa dependencia de Messi, hacían suponer que Argentina no tenía mucha cuerda en la Copa.

Pero al ver eso, Sabella tuvo la virtud de cambiar su idea inicial y de a poco su equipo comenzó a hacerse fuerte. Apostó por un esquema más conservador y supo rodear un poco mejor a su estrella. Así, Argentina superó 2 a 0 Nigeria en el tercer juego de la fase de grupos y llegó la tanda eliminatoria como el mejor en su zona.

Argentina no lucía ni mucho menos, pero a esa altura importaba poco y nada. La comunión táctica entre el cuerpo técnico y los jugadores hizo que el equipo diera el salto de calidad en otro aspecto: se transformó en equipo aguerrido, sólido y que le sacaba el máximo provecho a cada error rival.

Así se sacó de encima a Suiza en octavos (le ganó 1 a 0 con gol de Ángel Di María, cuando a la prórroga le quedaban sólo dos minutos) y a Bélgica en cuartos de final gracias a un tempranero tanto de Gonzalo Higuaín, que supo cuidar con uñas y dientes.

En semifinales, apareció quizás el rival de mayor envergadura en ese torneo: Holanda. En San Pablo, Argentina volvió a conseguir un pasaje para el juego decisivo de una Copa del Mundo, luego de mucho tiempo. Sergio Romero se puso el mismo traje de Sergio Goycochea en Italia 1990 y fue decisivo en la serie de penales, tras igualar 0 a 0 en el tiempo reglamentario.

“Chiquito” voló de un palo al otro, atajó dos penales y le dio la clasificación al equipo de Sabella. Justamente, el rival en la final resultó el mismo de hace más de dos décadas: Alemania.

El Maracaná fue una sucursal del Monumental. Los hinchas argentinos coparon la parada y sufrieron al ver los goles fallados por Higuaín y Messi; y el tanto agónico de Mario Götze, el nuevo villano.

Así, un grupo que parecía destinado a recuperar la gloria vio pasar su gran oportunidad. Sí; en la casa de su enemigo íntimo, algo que hizo resultad más agudo ese dolor eterno.

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