Seis claves para transformar una ciudad, como ocurrió en Medellín

Jorge Melguizo visitó Yerba Buena y Concepción. En diálogo con LA GACETA dejó interesantes sugerencias para cambiar las áreas urbanas.

28 May 2018

En una ciudad en la que se llegaron a registrar 18 homicidios por día, nadie (en principio) sería capaz de preguntarse qué tan eficiente es el servicio de colectivos o qué tal están los bancos de la plaza. Era lo que pasaba en Medellín, Colombia, en 1991, donde el 5% de las muertes eran por asesinato. Con esa cifra, lo primero que piensa un funcionario es en policía, balas, plomo, seguridad, ejército. Y ahí estaba el error.

“Los gobiernos tienen que pensar respuestas diferentes a las preguntas de siempre. Militarizar había sido la respuesta de siempre, pero no servía de nada, más que para empeorar la situación. Y antes de pensar en qué ciudad queremos, tenemos que pensar en que sociedad queremos, y que el proyecto de ciudad sea subsidiario al proyecto de sociedad”, explica Jorge Melguizo.

Comunicador de profesión y vocación, Melguizo integró el partido Compromiso Ciudadano, que contra todo pronóstico colocó a Sergio Fajardo como alcalde de Medellín en 2003. Era la primera victoria electoral de un partido de novatos de la política, con todo lo positivo que eso significa: llegaban para demostrar que se podía gobernar de otro modo, sin las malas mañas de los partidos tradicionales. Hoy, apenas 15 años después, Fajardo salió tercero en las elecciones para presidente de Colombia.

Medellín es sinónimo de transformación. Es una muestra patente y nada milagrosa de cómo es posible revertir aquello que parecía imposible cambiar. “Es un problema cultural”, dicen los políticos cuando se les queman los libros, pero en el discurso de Melguizo parece más un problema de incompetencia o de intenciones. Si en menos de 15 años Medellín pudo bajar drásticamente la tasa de homicidios generando una sociedad más justa, cualquier ciudad puede lograr el cambio que se proponga. Se puede transformar una sociedad dándole la ciudad que necesita y ese es el mensaje que vino a transmitirles a los equipos de gobierno de Yerba Buena y Concepción durante una visita que hizo la semana pasada.

En ambas ciudades tuvo agendas similares: reuniones con intendentes, con gabinetes principales y con gabinetes ampliados. Y luego conferencia final abierta a la comunidad. “Es imposible dar recomendaciones para la transformación de ambas ciudades con solo un día de visita a cada una -dijo ya de regreso en Colombia-. En los recorridos que hice y en las conversaciones amplias con ellos (los funcionarios), lo que hicimos fue hacer paralelos de lo que hemos hecho en Medellín con relación a algunos asuntos propios de cada ciudad”, explica, y agrega: “el asunto central de lo que presenté en ambas ciudades es que Medellín está avanzando porque asumimos que nuestra transformación debe darse a partir de proyectos sociales, educativos y culturales. Y que la obra física debe ser subsidiaria de esos proyectos pues hay que tener claridad de qué tipo de sociedad queremos y hacer entonces las obras que correspondan a ese tipo de sociedad que buscamos”.

Conversar con Melguizo, que además de comunicador fue secretario de Cultura de Medellín en aquel equipo de gobierno, es un laberinto interminable de esperanzas de transformación. Es que todo lo pinta tan sencillo como querer hacerlo, como concentrarse en lo que importa y no en la perpetuación en el poder ni en el bronce. Y a modo de estructurar una charla para nada estructurada, logramos destacar seis puntos clave de la transformación de cualquier sociedad.

1. Eliminar la corrupción. El principio de cualquier gestión que quiera cambiar las cosas es establecer una política pública de transparencia. Tan simple y tan utópico como eso. Eliminar la corrupción. “Detectamos que la corrupción se llevaba hasta un 5% del presupuesto municipal... es muchísimo dinero que se puede invertir en otros proyectos. Pero además está el asunto del ejemplo: ¿cómo el Estado va a juzgar a un ciudadano que roba un celular si los funcionarios se están robando todo a su paso? No es menor ese mensaje. Por último, el funcionario se debe concentrar en el trabajo, no en sacar una tajada para él mismo. Es muy importante”, enumera Melguizo.

2. Proyectos urbanos integrales. No se puede pensar una nueva plaza y que todo se derrumbe a su alrededor. Como tampoco se puede pretender transformar la realidad de un barrio vulnerable sólo con una plaza. Accesibilidad, transporte público de calidad, la plaza, proyectos culturales y educativos, servicios públicos que funcionen, participación ciudadana. Todo eso, junto, puede producir un cambio. Por eso, cada vez que pueda, Melguizo insistirá en la necesidad del trabajo articulado de todas las áreas de los gobiernos. “No puede ser que Cultura no sepa qué está haciendo Deportes o Transporte en determinado barrio. Los proyectos deben ser integrales o no funcionan”, puntualiza.

El metrocable es uno de los emblemas de la concentración de esfuerzos en los barrios más vulnerables. En Medellín, los poblados más pobres están en las partes más altas de la ciudad, por lo que sus ciudadanos tenían que trepar empinadas laderas para llegar a sus casas. El metrocable llevó el transporte público a los sectores más populares. En algunos barrios, como la conocida favela Comuna 13, incluso se instalaron escaleras mecánicas para brindar comodidad a los vecinos.

3. Educación y cultura. “Cuando asumimos el gobierno de Medellín aumentamos de 12 al 40% el presupuesto de Educación y Cultura. Eso incluye, además de los proyectos, las obras: escuelas y bibliotecas de primer nivel, con equipamiento de última generación y de calidad. Si se quiere transformar una sociedad el trabajo sistemático y articulado de educación, cultura y deportes -todos con fuerte impronta social- es fundamental. Buenas escuelas públicas, mejor que cualquier privada, con buenos docentes y buenos proyectos educativos. Porque un edificio lindo pero vacío tampoco sirve de nada...”.

4. Alianzas públicas y privadas. Las transformaciones deben ser impulsadas por todos los sectores de la sociedad. Sumar a todos los actores posibles, y eso incluye por supuesto a las organizaciones no gubernamentales y comunitarias, también a las universidades, que ya tienen trabajo de campo en los territorios. Un equipo de gobierno debe esquivarle a la idea de hacerlo todo solo por llevarse en exclusiva los laureles, porque en realidad los laureles no deben interesarle. Lo que interesa es la transformación. “La política tradicional instala proyectos y consigue leyes de dos formas principales: con sobornos y con burocracia, regalando cargos a cambio de la aprobación. Nosotros logramos sacar todos los proyectos que teníamos a partir del apoyo popular, logrando consensos previos con las personas y las organizaciones para que nos ayuden a exigir esos proyectos de fuerte impacto social”.

5. La política tiene que pensar en función de la dignidad. “La mayor parte de las inversiones, las más grandes intervenciones, el gran esfuerzo debe concentrarse en los sectores más vulnerables de la sociedad, en los barrios más bajos. Poner más linda una plaza en un barrio lindo no tendrá demasiado impacto social. Intervenir integralmente un barrio pobre tendrá muchísimo impacto social. Hoy en día los barrios más pobres de Medellín tienen el mejor transporte público de toda la ciudad. Las mejores escuelas, los mejores centros de deportes, con equipamiento de primer nivel, con baños impecables todo el día. La función de la política es llevar dignidad a la sociedad, principalmente a los sectores más relegados. Y sí, tendremos que ponerle el pecho a los reclamos y a los enojos de los sectores más acomodados, que se sienten dejados a un lado, pero a la larga el cambio beneficia a toda la sociedad. Hay que tener coraje y hacerlo”, desafía.

6. Involucrar, consultar, explicar. No puede un gobierno llegar con las máquinas a hacer un trabajo en un barrio y que sus habitantes sean los últimos en enterarse. “Insisto mucho en la necesidad de hacer mayor pedagogía desde la gestión pública. Un fuerte trabajo de comunicación enfocado en ayudar a entender por qué y para qué se hacen las cosas”, finaliza Melguizo.

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