Para el escritor Sebastián Vargas “obligar a leer no es la mejor manera de formar lectores”

Las buenas historias rompen con algunas reglas, pero no con todas a la vez”, afirma.

25 May 2018
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CRITICO. “No vale la pena seguir las recetas para escribir”, dice Vargas.

Cuando Sebastián Vargas decidió dedicarse a la narrativa para chicos y adolescentes, se le impusieron historias y recreaciones inspiradas en esa cultura oriental que él había devorado en su infancia de lector entusiasta, y que alguna vez lo llevaron a estudiar chino. A la distancia, uno imagina que, con seguridad, esos mundos lo inspiraron para escribir “Tres espejos; luna y espada”, la obra con la que en 2012 ganó el Premio El Barco de Vapor Argentina (el año pasado volvió a recibir ese premio con la novela “Piratas”).

Creador de historias para los libros de primer ciclo de la editorial SM, Vargas reconoce que hay recetas para escribir narrativa “infantojuvenil”. “Pero no conviene seguirlas”, opina el autor, que participó en el Mayo de las Letras, ante una consulta de LA GACETA.   

“Porque cuando uno sigue una “receta” al escribir, la historia te queda previsible, parecida a muchas otras que siguieron antes esa misma receta, y es más difícil lograr que lo que uno quiere contar valga la pena”, reflexiona.

- ¿El mercado editorial impone estilos o historias?

- Nadie escribe en una burbuja al vacío: vivimos en una sociedad y estamos inmersos en una cultura, así que la libertad absoluta no existe. Los libros de literatura tienen una doble naturaleza, de productos artísticos y culturales por un lado, y por el otro, de productos que se comercializan, con un costo de producción y un valor de venta. Ningún libro puede romper al mismo tiempo con todas las expectativas de la sociedad a quien va dirigido, pues entonces nadie lo querría leer. Y ninguna editorial lo publicaría. Las buenas historias rompen con algunas reglas, pero nunca con todas a la vez. Los buenos editores suelen ser razonables, en ese sentido: corren riesgos al publicar algunas historias, pero siempre son riesgos calculados, no “locuras”. Y la sociedad tiende a favorecer estilos e historias que están de moda: está en cada uno decidir si se acopla al tren de moda o si va para otro lado, si escribe una saga de vampiros adolescentes u otra cosa.

- ¿Qué se pierde alguien que no lee?

- No me gusta generalizar, porque todas las personas somos diferentes, y hay miles de personas que no leen literatura y son buena gente y llevan vidas maravillosas y felices. Puedo hablar de mi experiencia: mi vida mejoró mucho, a partir de convertirme en un lector. Mi mundo se hizo más amplio, más interesante y diverso. Y uno piensa que, en general, cualquier persona que lea literatura tendrá mucho más para ganar que para perder, en su vida: por eso se les insiste tanto a los niños y jóvenes con que lean. Pero obligar a leer no es la mejor manera de formar un lector.

- Por ahí se percibe que el modo de conquistar al lector infanto juvenil es metiéndose en la curricula escolar, ¿qué pensás de eso?

- Me parece una idea bastante descabellada. Me parece más bien que tocar ciertos temas de la currícula escolar podría servir para interesar a los docentes, para que incorporen ciertos libros en su planificación y les pidan a sus alumnos que los lean. Pero eso, claro, no implica de por sí ninguna “conquista del lector” niño o joven. O sea: tocar un tema curricular puede servir para vender más libros. No creo que eso sea dañino, ni que una historia que toque lo “curricular” sea mala por ese motivo; solo digo que vender muchos libros no implica, necesariamente, formar lectores ni cautivarlos.

> PUNTO DE VISTA

La cultura lo cambió al barrio

CRISTINA BULACIO | ENSAYISTA - DOCTORA EN FILOSOFÍA

Creo que es motivo de celebración pública el acontecimiento cultural que ha significado el Mayo de las Letras, en su 14ª edición, y la Feria del Libro (foto) realizada por el Ente Cultural en la plaza Urquiza y generosamente apoyada por LA GACETA. Estoy convencida de que el lugar elegido fue todo un acierto, porque, al haberse “abierto” la convocatoria al espacio público, pasaron por ella desde alumnos de colegios aledaños a gente que sólo iba a caminar o a pasear niños.

De algún modo la cultura se metió en la vida cotidiana del tucumano y cambió por unos días la fisonomía del barrio. Inesperadamente el caminante, entusiasmado, ojeaba un libro o escuchaba alguna de las múltiples charlas de los intelectuales invitados. Todos de muy buen nivel, y dueños de voces diversas, de miradas diversas, de perspectivas diversas.

En tiempos en que las malas noticias suelen imponerse por sobre las buenas, no puedo menos que felicitar al titular del Ente de Cultura, Mauricio Guzmán, y al director de Letras, Horacio Elsinger, incansables organizadores; y a todo su equipo, por el esfuerzo en pos de la cultura y el éxito obtenido.

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