“Fue la primera sala que se construyó en Tucumán específicamente para cine”

24 May 2018
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“Se me escapó una lágrima”, se sincera Ricardo Brunetti (foto) en la entrevista con LA GACETA. El ex profesor de geografía del Gymnasium se define como aficionado al cine y por eso el derrumbe del Parravicini le hirió el alma. Conforme avanza con su relato, se advierte que en realidad es un apasionado del cine. Hasta tal punto que escribió dos libros sobre el séptimo arte tucumano. “En ambos tengo capítulos titulados Mi bella sala”, contó orgulloso, pero triste por ese edificio que lo conmovió y ya no está. En realidad, para él dejó de estar hace mucho. Y la referencia al filme Mi bella dama ya no se adaptaba a lo que quedaba del deslumbrante Grand Splendid Theatre.

“Era muy bello. El frente con el cartel luminoso era muy llamativo. Brillaba hasta la calle misma. Yo fui a los cines desde los cinco años. Los conocí a todos: los de barrio, al aire libre... Fui a todos”, argumenta para dar el veredicto que se avecina en su relato. “Ahora cuando paso al frente de esos cines, me paro y los miro. Eso hacía cuando pasaba por el Parravicini. Me causa mucha pena”, asevera. Lo dice en tiempo presente porque el derrumbe del inmueble es muy reciente y no se acostumbra a la idea de esa pérdida irreparable.

“Estuve muchas horas dentro de esas salas y me encontraba con mucha gente, con mucho movimiento. Verlo cerrado, como un desierto, semidestruido; me conmueve. Sinceramente… no puedo creer que haya pasado eso con el cine”, contó durante las primeras horas de hoy.

“Fue la sala más linda de Tucumán porque fue la primera sala que se construyó específicamente para cine. Porque el Majestic o el Moderno eran establecimientos refaccionados. Por eso digo que el primer cine que hubo en Tucumán fue el Grand Splendid; era tal cual como debería ser una sala”, destaca el autor de Biógrafos, cinemas y cines de Tucumán (1995) y de Cien años de cine en Tucumán (2016).

Brunetti recuerda que lo que pasaba en la 24 de Septiembre al 500 no consistía solamente en la proyección de los mejores filmes de la época. “Era una sala de mucho prestigio social. Hasta tal punto que cuando se publicaban las notas en los diarios, ponían los nombres de quienes asistían a los estrenos importantes. Por lo general, pertenecían a la aristocracia tucumana. Iban personas adineradas y eran como encuentros sociales, puntos de encuentro de la época”, describió el ex profesor.

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