Cartas de lectores

11 May 2018

COLEGIO DE ABOGADOS

El Colegio de Abogados de Tucumán, ante la difusión pública de diversas versiones acerca de cuestiones referidas exclusivamente a la vida interna de la institución, relativas al funcionamiento de la ex Comisión de Derecho a la Vida, y atento a que tales expresiones carecen de todo fundamento técnico y demuestran una alarmante ignorancia sobre los acontecimientos sucedidos, estima pertinente aclarar las circunstancias que han rodeado a dicha situación. La ex Comisión de Derecho a la Vida, como toda comisión de este Colegio, se encontraba obligada a respetar y cumplir estrictamente las normas de funcionamiento de comisiones contenidas en la Ley 5.233, el Reglamento Interno del Colegio y el Reglamento de Comisiones. Tal regulación prevé, resumidamente, que las comisiones (órganos internos de la institución) carecen de todo tipo de autonomía para actuaciones públicas y que toda clase de actividad vinculada a sus fines debe ser autorizada necesariamente por el Consejo Directivo de la institución. La indicada Comisión incurrió en graves y reiterados apartamientos a sus obligaciones, comprometiendo públicamente al Colegio de Abogados en actos y toma de posiciones frente a temáticas sensibles, al extremo de dejarlo identificado con posiciones ideológicas y políticas que no habían sido debatidas ni menos aún resueltas por las autoridades. Con motivo de ello, el Consejo Directivo, luego de analizar las irregularidades en que incurriera la ex Comisión, resolvió que la naturaleza de tales infracciones impedía la continuidad de su funcionamiento, amén de las responsabilidades personales en que incurrieron sus integrantes, todo ello con absoluta independencia de cualquier debate ideológico sobre ningún tema. Por último, cabe también destacar que tanto la creación como la disolución y unificación de comisiones es potestad exclusiva del presidente y del Consejo Directivo, por lo que resulta manifiestamente errónea la pretensión de que tal decisión luzca inconsulta, siendo que no cabía realizar consulta alguna a dicho respecto.

Marcelo Billone

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Testamentado

Mucha gente, a través de la historia, ha escrito acerca de la muerte. Esto me llevó a pensar que, si otros lo hicieron, ¿por qué no habría yo también de hacerlo, si es sabido que todos moriremos? Aclaro que en el siguiente texto no es mi intención reírme de los muertos, ni aborrecer, banalizar, ni ser sarcástico con la muerte, a la que considero mi amante, amiga y compañera. Sí, en cambio, desdramatizar el momento que al instante supremo le sigue, porque creo que la muerte, mi muerte, que en algún lugar todos los días me espera serena y amablemente, es alegre. Por eso, por ser parte de mí y al solo efecto de entretenerla en dicha espera, vayan para ella, plenas de amor, humor y encanto, las siguientes letras: Testamentado: “Como los diarios promocionan mayormente a los finados, voy a dar a conocer lo que he testamentado. Para empezar: cuando me velen, quiero que sea acostado, con la cara para arriba como a cualquier otro ñato. Lo que, sí, no quiero, es tener a la gente de los diarios pidiéndome entrevistas o haciéndome retratos, aún cuando me haya maquillado un maquillador de teatro. En tanto, los que a mí se acerquen, quiero que lo hagan con el alma feliz: que hablen, que rían, ¡que se sientan como en la verdulería! Aunque, no por eso me conviertan en el centro de una comidilla, porque a la vergüenza la tengo impregnada en la materia, por lo que ruego que después de un año, recién chismeen lo que quieran. (Queda prohibido decir: ‘¡Ay, qué buenito que era!’). Si alguno, al ingresar a la fiesta, nota que no contendrá la tristeza, para que el llanto no lo pierda, ¡váyase a llorar a la puerta! ¡Ah! Y cuando a la tierra descienda, no me entierren parado, porque por las hernias de discos, tengo que estar descansado. Les pido, no hagan conmigo, lo que hacen los hombres ingratos, que a sus tiernas y cándidas suegras las entierran boca abajo. Que rece el que quiera, despacio, porque no hay que rezar obligado; y el que quiera cantar, que cante, no importa que lo haga desafinando; mientras los presentes lo aguanten… Yo, por mi parte, lo banco”.

Daniel Eduardo Chavez


Pasaje Benjamín Paz 308


San MIguel de de Tucumán


ARGENTINA INENTENDIBLE

Fueron 12 años de “pan y circo” donde se despilfarró, se mintió y se robó hasta más no poder. ¿Qué esperábamos? ¿Acaso pensamos que el cambio sería con una varita mágica? ¿Estamos convencidos de que se puede vivir por siempre del Estado con planes, ayudas, dádivas, etcétera, por un lado, y por otro, el inmenso costo del empleo público, jubilaciones y otros ítems? Quizás la ignorancia, la comodidad o la vagancia impiden preguntarse cómo y de dónde salen los millones de pesos que esto significa. Argentina gasta más de lo que recauda y se robó más de lo imaginable para cualquier país. Los argentinos votamos por el cambio; Mauricio Macri y su equipo lo intentaron todo para salir del estado de desastre, en forma gradual y sin tanto sufrimiento. Ya no hay viento de cola, la fiesta terminó. Considero que quien pensó que sería tarea fácil y de poco tiempo se equivocó, porque la lucha será titánica. No fueron pocos los intentos del gobierno para enderezar nuestra devastada economía y maltrecha República; con errores y aciertos, cada paso fue criticado y resistido de las peores maneras, con violencia y actitudes vergonzantes. Yo no tengo duda alguna de que muchos están gozando y hablando de fracaso, poco importa que en este “avión” viajemos todos. ¿Deberá Macri implementar un ajuste brutal? También brutal sería la reacción en las calles, porque nada conforma a generaciones que perdieron la cultura del trabajo, y tampoco jamás lo aceptarán los que vivieron y viven muy bien gracias a esas generaciones de quienes se sirvieron. El equipo de gobierno deberá entender, también, que sólo los pobres deben ser atendidos debidamente, y comenzar a ajustar por los que más tienen como políticos, gremialistas, justicia, empresarios, etcétera. No se vislumbra la madurez ni la altura moral que debe tener un país para aceptar que ya no hay espacio para peleas, descalificaciones ni palos en las ruedas; la intolerancia gana en forma lamentable. Macri logró tan sólo enderezar a una Argentina que se estrellaba; el peligro no pasó, aún estamos en la cuerda floja. Nuestro Presidente, elegido democráticamente, necesita más que nunca del apoyo de todos.

Noemí Barrenechea

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La estabilidad de la inestabilidad

Tremendo es constatar la veracidad del título en nuestra Argentina. Primero, la inestabilidad de los políticos que llevan adelante los poderes Ejecutivo, y la estabilidad de virar de un “nac & pop”, hasta un “todos por el dinero gordo”. Resultado, que los presidentes pasan a ser objeto de defenestraciones en vez de consultas. Después de todo, viven en este país al que sirvieron. Segundo, la estabilidad de los secretarios generales de trabajadores hasta su muerte, mientras jueces viven en equilibrio precario, ya que no son juzgados por su comportamiento, sino por su empatía con el gobierno de turno. Tercero, hablar de la moneda argentina cuando su estabilidad es sólo su depreciación cierta; y para terminar esta digresión, está la estabilidad de dos clases de argentinos: los que tienen poco o mucho y los que viven en emergencia diaria. Cuarto: hasta nuestra Constitución de 1853, tiene la estabilidad de su inestabilidad. Quinto: Existe estabilidad en las renovaciones de mandatos de legisladores y estamentos parecidos, pero la inestabilidad se cuenta en palabras, no en concreciones y esto impide la estabilidad del progreso con planes, leyes, obras para hoy, mañana y el futuro.

Carmelo Felice

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Agua y cloacas en Monteros

Quiero referirme al desastroso servicio que nos brinda la empresa sanitaria -quizás la peor en toda la región-, sino la última medida, por la que la presente factura nos va a llegar con un aumento de un 22% (y eso que la intención de la empresa era conseguir un 150% de aumento). Hemos llegado al punto en que estamos pagando más por el servicio del agua que por el de luz, con la abismal diferencia que existe para brindar uno y otro. Todo eso, sumado a los $ 60 millones que el gobierno provincial le dio a la empresa, el año pasado a esta parte, paro no se sabe bien qué, y de los cuales, con toda seguridad, no llegará un peso al interior. Verdaderamente, la condición de total quebranto en que se encuentra la misma no nos garantiza, ni aun con todo esto, que se nos va a brindar el mínimo servicio que necesitamos. Por ello, casi añoramos la gestión de Aguas del Aconquija y hasta nos parecería una buena noticia que vuelva. Y podemos fundamentar esto con argumentos contundentes: la delegación SAT de Monteros, seguramente igual que todas las del interior tucumano, carece de lo mínimo indispensable para solucionar los problemas que aquejan a sus 40.000 habitantes: sólo tiene una cuadrilla de cinco operarios para trabajar en un vehículo vetusto y sin las herramientas apropiadas ni los repuestos necesarios. Todo esto con sueldos bajísimos y con un edificio que ocupa un antiguo inmueble que recibió su última mano de pintura hace 10 años. Pero “la frutilla de la torta” que nos indigna es que, amiguismo mediante, el responsable de todo este desastre, el anterior gerente, fue nombrado asesor en el Ministerio de Economía por el gobernador, Juan Manzur: un verdadero premio a la incapacidad y a la falta de idoneidad para ejercer un cargo público. Todo esto nos lleva, una vez más, a solicitar que se municipalice el servicio del agua en Monteros, para que se corte el robo a cara descubierta que la SAT realiza aquí y en todo el interior.

Ricardo A. Rearte


Congreso 395


Monteros


TARIFAS: AUMENTOS O SUBSIDIOS

Para evitar quedarnos sin energía y servicios, o bien se actualizan las tarifas o se las subsidia con déficit público (que se cubre con inflación o endeudamiento). Ambas opciones las termina pagando, indefectiblemente, el ciudadano. Pero detrás de esa disyuntiva hay un factor que se menosprecia, y es que en esos flujos se mezcla la necesaria capitalización de las empresas involucradas. Si la misma debe realizarse a través de tarifas superiores a los costos de obtención de los recursos, o con fondos subsidiados por el Estado, correspondería que ese aporte extra de capital -requerido para que los sistemas sigan funcionando- tarde o temprano se pongan al servicio de los contribuyentes. Una forma podría ser que se capitalicen mediante emisiones de acciones, que por ejemplo podrían traspasarse a la Anses para atender futuros jubilados. Lo incoherente es que sólo beneficien a los accionistas a costa del sacrificio de los ciudadanos, como se está haciendo con tarifas referenciadas a la importación de gas licuado, que no debería ser el caso para el gas producido en Argentina.

Santiago Paz Brühl

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