Elvira Orphée: “Tener sentido del idioma es saber qué va a producir impacto”

La destacada escritora tucumana habla aquí de sus comienzos con la escritura en la provincia y su vinculación con la revista Sur, brinda claves de su obra y se refiere a su relación con los géneros. “En todos mis libros hay poesía”, revela

06 May 2018
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Por Fabián Soberón - Para LA GACETA - Buenos Aires

– ¿Qué le parece si empezamos? –pregunté y apreté el play de la cámara a escondidas.

Desenfadada, Elvira Orphée habló de sus primeros años, de su interés por el lenguaje poético en la narrativa, de sus personajes, de su relación con Victoria Ocampo. En su departamento en Buenos Aires, frente a los árboles rosados del parque de Palermo, evocó a su abuela, esa anciana que le inspiró escenas inolvidables. Cuando le pregunté cuándo empezó a escribir, ella se acomodó en el sillón y se rió. Luego lanzó una bocanada controlada de palabras, con la ironía como una mancha imborrable: “Yo creo que como a los once años. Pero en esos textos no había ninguna trama. Lo único que había era lo que yo conocía: bosques, sitios llenos de árboles, y no me parece que fuera muy interesante lo que pudiera decir. Después se me dio por leer poesía. Yo estudiaba en un colegio de monjas en Tucumán e inventé poemitas. Y uno de ellos decía:

Una noche noche muy bella /

tu hermoso rostro yo contemplé /

esa noche, noche de estrellas /

a amarte mucho yo comencé.

Y tuve la mala suerte de que mientras lo estaba escribiendo en clase vino la monja por detrás y me lo sacó. Hizo un escándalo. Llamó a mi madre que era muy beata y me llevé todas las penitencias posibles. Por supuesto, ese poemita no estaba dedicado a nadie. Era de lo que había leído, nada más”.

Elvira nació en Tucumán pero se fue de la provincia por razones que ignoro. Al preguntarle por la huida, me dijo que se fue cuando murió su mamá. Y agregó: “Mi padre me dijo con una inmensa avaricia: me voy a casar. Yo tenía 17 años. Y entonces me fui a la casa de mi abuela y tomé la decisión de venir a vivir a Bs. As. Primero fui maestra y después entré a la Facultad de Filosofía y Letras. Ahí conocí a Héctor Murena y a Alberto Girri. Mi primer escrito fue publicado por Sur”.

A pesar de haber escrito poemas desde niña, no publicó, hasta la fecha, ningún libro de versos. Su obra, íntegra, está relacionada con la narrativa. Por eso quería saber cómo se produjo el pasaje a la escritura de novelas. Ella dijo: “Le di a leer algo que yo había escrito a un compañero de facultad, a Héctor Murena. Y al leer la poesía me dijo: no, escribí prosa. Y así escribí los primeros fragmentos de una novela. En realidad, todas mis novelas están armadas por fragmentos que después se unen. Jamás me propuse escribir una cosa con directivas rígidas”.

Recordé algunos pasajes de su novela Aire tan dulce, y le dije que algunos críticos sostienen que es su mejor libro. Ella ni se inmutó. Mantuvo los brazos sobre el cuerpo y la mirada, quieta, se le perdía en el resplandor que venía desde la ventana amplia. Luego agregó, como al pasar, que antes no estaba de acuerdo con los críticos pero que ahora sentía que sí. “Pienso que los críticos tienen razón. Y tal vez eso sea porque es una novela inspirada. No es una novela pensada”.

Es evidente que Elvira Orphée ha usado la ciudad de Tucumán y sus alrededores como material para la escritura. En su novela Aire tan dulce, ese recurso brilla. Cuando le consulté por el uso difuso de la geografía, ella me dijo que era lo que más conocía. Aire tan dulce no tiene un orden cronológico ni sigue una narración lineal. Los personajes aparecen y se van como sombras. Evoqué los nombres de los protagonistas y le pregunté por el origen de las relaciones difíciles entre Mimaya, Atalita y Félix Gauna. “Eso se me ocurre a partir de mi abuela. Mi madre le decía Mamiye. Y en la novela Mimaya es mi abuela. Aunque debo decir que sólo los nombres de los personajes son autobiográficos”.

En Aire tan dulce, y en todos sus libros, hay un tono lírico que envuelve. Al leer su libros, no se puede evitar que la poesía encandile. Ese tono recorre las páginas como un fuego de agua que humedece los silencios. Se lo dije. Elvira, suelta de cuerpo, como si hablara de lo más normal del mundo, comentó: “En todos mis libros hay poesía. No puedo desprenderme de la poesía. La tengo en mi escritura como quien tiene los ojos azules”.

Elvira ha dicho en algún momento de la entrevista que siente que tiene “sentido del idioma”. Esa expresión me ha dejado una duda. Ella, categórica, aclaró: “Tener sentido del idioma es saber qué va a producir un impacto. O saberlo pero no aplicarlo constantemente porque entonces deja de tener impacto. Si es lenguaje poético sin ser poema me maravilla: la prosa que sigue una forma de decir las cosas que toca la poesía”.

© LA GACETA

PERFIL

Elvira Orphée nació en 1922, en Tucumán. Estudió en la Universidad de Buenos Aires y en La Sorbona. Dos veranos fue su primer libro publicado, en 1958. Luego publicaría, entre otros, Uno, La muerte y los desencuentros y Basura y luna. Fue colaboradora de las célebres Sur, de Victoria Ocampo; Revista de Occidente, dirigida por José Ortega y Gasset; y de otras publicaciones como El Tiempo (Bogotá), Zona Franca (Caracas) y La Nación (Buenos Aires). Con En el fondo ganó el Premio municipal de Literatura de Buenos Aires. Fue amiga de escritores como Italo Calvino, Alberto Moravia y Alejandra Pizarnik. Murió la semana pasada, a los 96 años, en Buenos Aires. Fue colaboradora de LA GACETA Literaria.

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