La Virgen del Rugby extiende su manto en Tucumán

En los últimos años, la advocación mariana consagrada al deporte ovalado fue ganando espacio y devotos entre los clubes de la provincia

30 Abr 2018

A primera vista, nadie podría encontrar en Larrivière Saint Savin un rasgo que la distinga entre las tantas pequeñas comunas con reminiscencias medievales que existen en el sur de Francia. Sin embargo, hay uno: la capilla de Nuestra Señora del Rugby. Ubicada en una colina boscosa de la villa, esta pequeña iglesia de estilo románico es desde hace medio siglo un lugar de peregrinación para fanáticos de la ovalada, principalmente franceses. Al principio puede parecer insólito, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que el rugby se propone la formación de hombres de bien, y que la capilla se encuentra dentro de un triángulo geográfico imaginario en el sur galo, en el que la pasión por el rugby es tan enfermiza que se lo conoce extraoficialmente como “La Ovalada”.

Esta curiosa advocación mariana surgió por idea del párroco Michel Devert, que en 1956 fue trasladado a Larrivière Saint Savin. En uno de sus paseos por los bosques de la zona, encontró de casualidad una antigua capilla en ruinas y se decidió a reconstruirla, tarea que le demandó 10 años. Fueron dos razones las que lo impulsaron a consagrarla al rugby. La primera era que se sentía en deuda, dado que en sus tiempos como profesor en un colegio de Capbreton, la Federación Francesa de Rugby le había gestionado un predio en un club para los campamentos de verano con sus alumnos. La segunda fue un accidente automovilístico en el que fallecieron tres jugadores juveniles del club Dax, que Devert conocía.

Los cuatro vitrales de la capilla, reinaugurada en 1967, muestran a la Virgen y al Niño Jesús frente a típicas situaciones del rugby, como un scrum y un line.

Y un día cruzó el océano

La Virgen del Rugby llegó a Argentina -más precisamente a Buenos Aires- cruzando el océano en forma de estampita. Durante un viaje por Francia, el sacerdote Jorge Murias visitó la capilla de Larrivière Saint Savin y se trajo una imagen de la Virgen del Rugby, a la que propuso como patrona del Movimiento Cristiano para Gente de Rugby (MCGR), agrupación en la que se desempeñaba como director espiritual.

Desde hace muchos años, dicho Movimiento organiza encuentros espirituales en diferentes puntos del país, incluido Tucumán. En uno de esos encuentros, organizado en el club Newman, Carlos Uranga (ex manager y traductor de francés de Los Pumas) supo de la existencia de la Virgen del Rugby, y desde entonces se volvió un verdadero misionero: a fin de difundirla, encargó una serie de imágenes de la Virgen a “Il Sasso”, una empresa familiar fabricante de estatuas para parques y jardines, y las fue obsequiando a diferentes clubes del país. Una de ellas es la que está en Universitario.

El primer club tucumano que alojó a la Virgen del Rugby fue Jockey Club, y luego fue expandiéndose hacia otros. LG Deportiva elaboró un resumen de la historia de cada una de esas imágenes.

Guillermo Decoud Griet no recuerda qué es lo que andaba buscando en internet ese día, pero es lo de menos; lo que importa es lo que encontró: una entrevista a Carlos Uranga -un histórico de CUBA y Newman, que acompañó a Los Pumas en varias giras internacionales- en la que se mencionaba la existencia de una supuesta Virgen del Rugby.

“Nunca había escuchado sobre ella, pero me puse a buscar y encontré que había varias imágenes en clubes de Buenos Aires, y también había una en Tigres de Salta, obsequiada por el propio Uranga. Y entonces se me ocurrió la idea de que nuestro club también la tuviera”, relata Decoud Griet.

A través de su gran amigo Daniel “Papa” Sebe, también socio de Jockey, conoció al artista José Bulacia, a quien le encargaron esculpir la imagen de la Virgen. “Nunca había tallado imágenes. Lo mío era el dibujo, la pintura y el bajorrelieve. Así que cuando me lo propusieron, me encomendé a la Virgen y a Dios, y acepté”, recuerda el hacedor de la primera Virgen que tuvo el rugby tucumano.

El material sobre el que trabajó fue una viga de quebracho blanco que encontró en un monte del Chaco salteño, donde supuestamente hubo un asentamiento jesuita. “La traje a mi casa pensando que algún día iba servir para algo. Y así fue”, cuenta Bulacia.

La obra se completó con la gruta diseñada por el jugador Álvaro Campo. La imagen fue entronizada en septiembre de 2014.

La imagen de la Virgen que mora en Jockey Club tiene una “hermana gemela” en Los Tarcos, hecha del mismo bloque de madera de quebracho blanco y tallada por las mismas manos, las de José Bulacia. Aunque su historia es un poco distinta, y comienza a partir de una visita de Juan Carlos López -ex jugador y entrenador de los “Rojos”- a Jockey Club en ocasión de un partido.

“Yo ni sabía de la Virgen del Rugby, hasta que la vi en la gruta de Jockey Club. Me encantó. Cuando me dijeron que la había hecho ‘El Indio’ (Bulacia), pensé: “¡no puede ser, si éste es de Los Tarcos! Así que le pedí que nos hiciera una para nosotros también. En el club estuvieron encantados con la idea desde el principio”, cuenta “El Pavo” López sobre el origen de la imagen que ahora habita cerca de la entrada al club, frente a la cancha de hockey. A diferencia de la de Jockey, tiene un detalle extra: el niño que le alcanza la pelota a María viste los colores del club: rojo y blanco.

“Salió de la misma viga de madera con el que hice la de Jockey, aunque me salió un poquito más alta. Es que no tomé medidas, sólo buscaba que tuviera rasgos indígenas”, comentó Bulacia, que no hizo más réplicas, pese a que recibió varios pedidos.

“Siento que ya cumplí con mi fe y con la gente que quería, porque soy de Los Tarcos desde siempre, pero tengo muchos amigos en Jockey Club también. Fue algo que hice con mucho cariño, como para dejar una pequeña huella en el ambiente del rugby”, explicó el artista.

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